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FESTIVAL ESCENA ABIERTA

Una fantasía futurista

Juan Navarro presenta ‘Nadie es una isla’, en la que experimenta con la realidad virtual y se pregunta hasta qué punto la tecnología condicionará la vida del ser humano y lo alejará de sus semejantes

A.S.R.
19/01/2018

 

Juan Navarro forma parte de esa troupe de creadores contemporáneos referentes a los que extienden más alfombras rojas fuera que en casa. Ha crecido en la escena de vanguardia al lado de nombres como Rodrigo García o La Fura dels Baus. Y es viejo conocido en el Festival Escena Abierta. A él vuelve con Nadie es una isla (No-one is an island), su último espectáculo, aún en creación, que estrena en el Fórum hoy y mañana (20.30 horas, 8 euros).

En esta «instalación performativa y plástica con elementos musicales» deja relegado su trabajo más físico y conceptual para adentrarse en el mundo de la realidad virtual en una fantasía futurista. Se pregunta hasta qué punto la tecnología condicionará la vida del ser humano y le alejará del resto de sus semejantes hasta hacerlos innecesarios.

Una niña de ocho años, Manuela Esparza, protagoniza esta creación. Ella inicia un viaje acompañada por unos personajes vegetales de fantasía (el músico Pierre Péres y la actriz Núria Lloansi) y se expone a un entorno de realidad virtual. Lo que ella ve se proyecta y abre muchas ventanas al pensamiento e imaginación del público.

«En ese rito de paso produce una película en tiempo real, dentro de un entorno virtual, como de videojuego, creado desde cero. Ese es el corazón de la obra», apunta Juan Navarro de forma sucinta para dejar vía libre al público en su lectura, en contra de «esa cultura en la que te explican todo». «En No-one is an island, intento abrir un terreno mucho más fantasioso, plástico, musical, performativo...», señala sobre esta obra que cuenta en escena con un ordenador «de una potencia desmesurada».

Advierte varias claves y preguntas en su dramaturgia. Se cuestiona hasta qué punto en un futuro se necesitará la presencia de otra persona cuando la realidad virtual aventura un mundo en el que se pueda tener todo al alcance de la mano -«pensamos en el acompañamiento humano, hacia dónde vamos, si será necesario, sin hacer premoniciones, pero sí fantasear sobre ello»- y también sobre el ensimismamiento que produce la experiencia digital.

Nadie es una isla surge tras la invitación de Rodrigo García, con el que ha colaborado en el Teatro de Montpellier, a preparar algo para un festival de nuevas tecnologías. «Nunca me había enfrentado a pensar en esta como temática en sí misma», confiesa y reconoce el cable echado por Ferdy Esparza, que acababa de terminar un máster de realidad virtual. Después de enterarse de en qué consistía tiró del hilo. Y aún está encontrando el final porque este proyecto aún está en ese proceso de investigación.

Y una vez más, el Escena Abierta se puso colorado. No hay rueda de prensa en la que no le lluevan los piropos. Juan Navarro felicitó a todos los que lo hacen posible. «Realmente es una alegría llegar a España (lleva tres años viviendo en Francia) y encontrarse con este festival. Es un lugar de resistencia en estos tiempos que corren en España, en los que la experimentación y la investigación están desapareciendo dentro de esta dictadura del entretenimiento banal. Felicidades por mantenerlo vivo y seguir apostando por lo que hacemos», lanzó con vehemencia antes de adentrarse en el túnel de la realidad virtual.


ESPECTADORES FIELES Ana Roncero: «Es una ventana abierta a la modernidad de las artes escénicas» 
La actriz zamorana Ana Roncero, que vive en Burgos desde hace ya algunos años, asiste al Escena Abierta «por placer, siempre», pero también como una obligación, entre comillas, al ser miembro de la comunidad de actores y creadores. «Es importante ver qué se está haciendo ahora en España y en el mundo. Las referencias, entre otras maneras, las adquieres viendo», afirma.

Pregunta- ¿Qué significa el Escena Abierta para la vida cultural de la ciudad?
Respuesta- Para los creadores es un referente y para el público en general también una ventana abierta a la ‘modernidad’ de las artes escénicas. El público, muy fiel al Escena Abierta, agradece poder abrir esa ventana y disfrutar de un teatro menos ‘burgués’, en absoluto convencional.

P.- ¿Cuál es su punto fuerte?
R.- La variedad de espectáculos y disciplinas.

P.- ¿Y el débil?
R.- Que, a veces, los aforos son demasiado reducidos y no todo el que quiere puede asistir.

P.- ¿Qué obra recordará siempre?
R.- Una de unos americanos que proyectaban vídeo editado en tiempo real sobre una gasa que ocupaba toda la embocadura del Teatro Principal; unos italianos con El mágico prodigioso, de Calderón; la primera vez que vi a la compañía Playground, con los dedos del actor dentro de dos zapatitos de muñeca generando unos títeres...

P.- ¿Y cuál jamás se volverá a sentar a ver?
R.- De esas no me acuerdo. Supongo que las he borrado.

P.- Se quedó con los ojos como platos después de asistir a...
R.- Eso me pasa con casi todas las que me gustan. Este año, de lo que hemos visto hasta ahora, estoy entusiasmada con el espectáculo de Agnés Mateus.

P.- ¿Con cuál creyó que le tomaban el pelo?
R.- Recuerdo una en el CAB, de un creador de la ciudad, no me acuerdo de su nombre ni del título del espectáculo, que me defraudó muchísimo.

 

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