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Una herramienta para mirar el patrimonio con otros ojos

Hernández Oliva analiza en un ensayo 'popular' algunas restauraciones realizadas en Burgos


07/12/2010

 

A.S.R. / Burgos
El trabajador que da las buenas tardes a diario a la Catedral, el vecino del Monasterio de San Agustín o el que pasa cada semana por el Museo de Burgos se percatan de los lavados de cara de estos edificios, pero... ¿saben a qué obedecen? La mayoría de los mortales no se pregunta por los motivos de las restauraciones de los principales monumentos burgaleses. A muchos les importará poco y los sensibilizados con el tema carecen de herramientas para acercarse con una mínima base teórica. Problema solucionado. A estos tiende la mano Carlos Alberto Hernández Oliva con el ensayo Reflexiones en torno a la restauración del patrimonio edificado en Burgos (Gran Vía), que presenta el jueves en la Sala Polisón (20 horas) en compañía de la historiadora del arte Paloma Fernández-Villa y el editor, Eduardo Munguía.
«Los debates sobre teoría de la restauración casi siempre se producen a un nivel altamente especializado y mi pretensión es hacer un ensayete lo más divulgativo posible, popular, para compartir cómo veo estas actuaciones en los ocho o diez años que llevo viviendo en Burgos, pero sin ser especialista en la materia», comenta este geólogo de profesión vinculado al patrimonio tanto en España como en su tierra natal, Cuba.
Vuelca estas experiencias en un libro ligero, por lo menos a bote pronto, en el que combina las teorías sobre restauración que en el mundo y la historia han sido con fotografías ilustrativas del antes y el después.
Tres son las teorías que sustentan estas páginas y tres los nombres propios: John Ruskin, Eugene Viollet le Duc y Camilo Boito.
Paradójica es la presencia de Ruskin. ¿Por qué? «Para él la restauración es lo más abominable y sin sentido que hay sobre la tierra. Pretende que los monumentos, como el hombre mismo, mueran». Y se pregunta Hernández Oliva al respecto: ¿Qué hubiera pasado si se siguen sus principios y no se repone el cimborrio catedralicio caído en el siglo XVI? 
Le Duc aboga por devolver el esplendor perdido al patrimonio. Y en Burgos cuenta con seguidores. Hay que dirigir los ojos a los balcones de la Casa del Cordón de la plaza de la Libertad, inventados por Lampérez, y la eliminación del Palacio Arzobispal, del siglo XVI, junto a la Catedral, templo abonado a esta práctica.  
Sin duda, la corriente más seguida y la que, por sus palabras, defiende el geólogo cubano es la de Boito, la llamada científica: «Es un restauro moderno que busca la consolidación, la no reposición de elementos innecesarios para el funcionamiento del edificio, la distinción entre lo viejo y lo nuevo, la apuesta por la conservación preventiva...». Aquí se enmarcan las obras en el Museo de Burgos o el monasterio de San Agustín.

En dos palabras: cinco rehabilitaciones para cinco monumentos
Catedral.
«Su restauración está bien. Lo mejor es la atención que recibe, la conciencia global de que es un monumento que necesita mimos. No me gusta ese afán por conseguir un estado ideal que nunca tuvo. La Catedral no es inmutable, es algo vivo, no se puede burlar al tiempo».
Museo de Burgos. «La recuperación de las casas de Miranda y de Íñigo Angulo es fantástica. La mejor actuación en Burgos por varias razones: las portadas no están machacadas, se ha hecho con láser, se ha respetado el espíritu de los edificios...».
Plaza de Vega. «Se ha ido cayendo sin importar a nadie. En cincuenta años ha cambiado muchísimo. A pesar de ser la puerta de entrada a la ciudad no ha recibido la atención que se merece y ahora se están moviendo cosas, aunque no sé a dónde quieren ir».
Casa del Cordón. «Este edificio en su momento tuvo una restauración importantísima y seria. Se iba a caer y se consolidó, se remozó, se retranqueó la fachada de la calle Santander, se diferenciaron perfectamente los elementos viejos y nuevos... Siento armonía cuando entro».
Monasterio de San Agustín. «Es una rehabilitación perfecta, que ha rescatado un espacio en ruinas y lo ha puesto en valor. Las partes históricas se trataron con mucho cariño y sólo se han repuesto los elementos necesarios para su funcionamiento».

 

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