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Entrevista a Gonzalo del Val, batería y compositor

«La música que nace desde el dolor es más verdad»

Su trayectoria se alarga como puede hacerlo una noche de jazz. Empezó sus estudios en Miranda y los siguió en Vitoria, Madrid y Barcelona, donde reside desde hace doce años. Allí alimenta su faceta de músico, con múltiples y dispares proyectos, y la de profesor, en el Liceo de Barcelona

A.S.R.
18/07/2016

 

La trompeta, instrumento que empezó a tocar en el Conservatorio de Miranda de niño, estaba a punto de hacer que Gonzalo del Val aborreciera la música cuando ella se cruzó en su camino. Se enamoró desde el primer golpe. La batería le abrió un mundo nuevo, una pasión desconocida hasta el momento. Ese amor pervive en este inquieto artista mirandés, embarcado en distintos proyectos musicales y profesor en el Liceo de Barcelona. Mañana aparca la furgoneta en el Patio de Romeros del Hospital del Rey y de ella saldrá junto a David Mengual (contrabajo) y Marco Mezquida (piano). Gonzalo del Val Trío presentará su segundo disco, Koiné, dentro de los Conciertos Jacobeos de la Universidad de Burgos (20.15 horas, entrada libre).

Pregunta- ¿Qué encierra Koiné?

Respuesta- Koiné es el segundo disco de tres músicos que llevamos tocando juntos desde 2009, algo insólito en el panorama jazzístico, donde las formaciones no suelen aguantar muchos años. Desde el principio tuvimos mucha comunicación entre nosotros, empezamos a funcionar bastante bien, grabamos en 2011 el primer álbum, Three Generations... Y Koiné es una evolución natural de nuestro trabajo como grupo, de todos los conciertos, de habernos conocido, de compartir inquietudes musicales... Juntarnos siempre es un placer y, a pesar de que cada uno tiene una agenda y un bagaje diferentes, conseguimos esta lengua común, esta koiné.

P.- ¿Quién asume la composición de sus nueve temas? ¿Cómo se reparten la tarea?
R.- Los hay de David, otros de Marco y también dos míos, además de standars arreglados y una improvisación libre que hicimos los tres en el estudio sin haber sido escrita, que es la canción que da título al disco. Tiene todos los colores.

P.- ¿Cuáles son made in Gonzalo del Val?
R.- Balada para Mauro, dedicada a un amigo mío y excelente músico de Pamplona fallecido hace bien poco, y A Garraf, dedicado a una población cercana a Barcelona a la que estoy muy ligado y donde me encanta escaparme siempre que puedo.

P.- ¿Quiénes son sus musas y cómo convierte esa inspiración en música?
R.- Aunque soy batería, armónicamente todo lo que escribo nace del piano. Respecto al proceso, los dos temas del disco son un buen ejemplo de él. Nacen de un algo. Empiezo a escribir desde algo característico de esa persona, de ese lugar...

P.- ¿Es cierto que se compone mejor desde la pena que desde la alegría?
R.- No sé si mejor, pero en mi caso cuando sucede algo traumático y muy doloroso todo está a flor de piel y a mí me sale más y de más adentro. A veces pienso que es mucho más verdad todo lo que sale en esos momentos tan sensibles y tan especiales.

P.- ¿Se sienten las canciones de otro de la misma manera en el momento de tocarlas?
R.- Cuando interpretas un tema, todo lo que el autor te pueda comentar más allá de las nociones musicales siempre te ayudará a acercarte a lo que él quiere. No puede ser un mero hecho técnico.

P.- ¿Cómo se enamora uno de un instrumento como la batería, que suele estar más escondido?
R.- Yo de niño estudié trompeta, pero tenía un tío que era batería en los años setenta, había una en casa y empecé a pegar cacharrazos en ella. Ahí nació el gusanillo de la música y, en especial, de ese instrumento. Por su culpa dejé la trompeta. La batería me apasionó.

P.- ¿Qué tenía para seducirle de esa forma?
R.- Para mí, tenía todo. Visto desde la lejanía, la sensación es que yo no disfrutaba con la trompeta cuando estudiaba en el Conservatorio, mientras que la primera vez que me senté frente a una batería y empecé a tocar con unos amigos, eso era pasión.

P.- Y esa pasión fue tan fuerte que le llevó a cruzar el Atlántico...
R.- Sí, conseguí una beca de la Fundación Caja de Burgos para ir a Nueva York y fue una experiencia preciosa. Para un músico de jazz ir a Nueva York es como para un musulmán ir a La Meca. Hay que ir una vez en la vida, si no, no vas a ser feliz. Es un sitio especial y pude estudiar en una increíble escuela con unos increíbles músicos, pero, sobre todo, tuve la suerte de disfrutar de la ciudad y de todos los clubes de jazz, de toda la escena, que es única en el mundo.

P.- ¿Qué tal es esa escena en España?
R.- España ha evolucionado muchísimo en los últimos quince años. A nivel de público, parece que cuesta poco llevar gente a los muchos festivales que hay, se llenan enseguida, pero, sin embargo, cuesta que lugares del tamaño de Burgos tengan una programación más estable. Y para mí ahí radica el éxito de una ciudad. Lo importante no es hacer ciclos de jazz que atraigan a 10.000 personas una semana, sino crear una escena, que los músicos locales puedan desarrollarse y solo se consigue si existe ese entramado.

P.- Que falta en Burgos...
R.- Burgos, por experiencia propia, es un sitio muy difícil.

P.- ¿Quiénes son los responsables? ¿La desidia de las instituciones o la escasa iniciativa privada? R.- Es una crítica general a la gente. Yo llevo tocando durante estos dos años una cuantas veces en locales privados, que se dejan su dinero, porque en su apuesta por la cultura suelen perder pasta, y la gente no viene. La única crítica a las instituciones es que ayuden económicamente a estos señores, pero una vez apoyado, si la gente no responde resulta estúpido hacerlo. Es difícil que el público vaya a ver un concierto de música en directo en un local pequeño que son los que más magia transmiten y donde más se disfruta de esa música. Y en Burgos cuesta atraer a 40 personas a ver a gente con un prestigio dentro del ámbito jazzístico nacional. Sin embargo, si es dentro de un festival, contra los que no tengo nada, te van mil personas. Es curioso.

P.- ¿Qué se puede hacer?
R.- Es complicadísimo. No soy capaz de visualizar la solución. Pero es necesario que todas las partes mejoren. Las instituciones deben ayudar a la iniciativa privada y no ponerle la zancadilla y el público debe buscar la música en su ciudad de forma continuada para que siga viva.

P.- Porque interés por la música y cantera sigue habiendo...
R.- Cómo es posible que todas las escuelas de música y los conservatorios estén abarrotados e incluso haya lista de espera y luego vayas a tocar y no haya ni un músico, ni un profesor, ni un alumno entre el público. Eso hay que mejorarlo mucho, también desde el punto de vista educativo, otro factor determinante. La pasión por la música tiene que venir de ahí. Espero que los profesores sean conscientes de que tienen que transmitirla a esas nuevas generaciones.

P.- ¿Cómo es su propia experiencia como profesor en nada menos que el Liceo de Barcelona?
R.- Cuando te llaman la primera vez para dar clase te da un poco de vértigo. Es una institución centenaria, por la que han pasado grandes músicos de España e incluso de Europa, pero estoy muy a gusto. Dar clase a gente joven siempre te revitaliza.

P.- ¿Alimenta estas múltiples facetas porque las goza o porque necesita diversificar frentes para llenar la nevera?
R.- Me siento muy a gusto tocando en diferentes géneros con diferentes criterios musicales, cuando es sincera, la música es mucho más amplia que ponerle una etiqueta. Y si encima puedo llenar las bolsas del supermercado...

 

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