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‘La tormenta del alma’, relato de una larga redención

Carlos de la Sierra narra la historia de desamor y amor de un hombre atormentado que se lame sus heridas en un pequeño pueblo de Castilla envuelto de sus paisajes, luces, colores y sensaciones. Se presenta el lunes en la Sala Polisón

A.S.R.
14/12/2017

 

La tormenta del alma es el relato del desasosiego de un hombre que huye después de un fracaso amoroso y se refugia en un pequeño pueblo de Castilla, envuelto en un paisaje tan inhóspito como bello, para lamerse las heridas sin sospechar que el destino le sorprenderá con un encuentro con otra mujer de la que se enamoriscará propiciando un inesperado giro en su existencia. La tormenta del alma (Editorial Aldecoa) supone el regreso del escritor burgalés Carlos de la Sierra a las librerías y también el fin de un proceso de escritura que comenzó hace casi treinta años.

La propia situación personal que vivía el autor en aquel 1990 urgía su huida de la ciudad y la necesidad de volver al origen de todo. Un inicio que él, de forma inconsciente, ubica en Nogal de las Huertas, un pequeño pueblo palentino, cerca de Carrión de los Condes, donde pasó importantes momentos de su infancia. Allí hace treinta años comienza esta narración, que, en palabras de De la Sierra, «no es más que el relato de un amor y un desamor, lo de siempre, la historia más vulgar del mundo».

Aunque ha estado muchos años parado por las circunstancias vitales del escritor, el deseo de terminarla siempre estuvo ahí. Y las notas tomadas durante este tiempo dan fe de ese anhelo. Escenas, diálogos, detalles, fenómenos naturales aguantaron en cuartillas hasta convertirse en alimento de La tormenta del alma, que durante largo tiempo se tituló El color del silencio.

Domiciano Sirga es el protagonista de esta historia, un hombre que «por encima de todo ama los silencios, las mañanas, los sueños, los colores de la libertad», que llega a esa casa familiar para olvidarse de Ella, el origen de sus males y sus dolores. Durante los cuatro días, de jueves a domingo, que dura el relato, conocerá a Átropo, que, como la figura de la mitología griega de la que toma el nombre, determinará el hilo de su vida hasta límites insospechados.

«La mujer, la naturaleza, el color y el silencio son los elementos básicos de este libro», resume el autor que guía al lector por el desasosiego de este hombre y al mismo tiempo enmarca y describe, con pequeñas notas intercaladas, el momento de la escritura de estas líneas describiendo el estado anímico, las circunstancias y el contexto en el que se redacta.

La ubicación de la narración en Nogal de las Huertas no es baladí. El entorno acentúa el tormento que vive el personaje principal, aunque también mitiga su tristeza porque es el cándido escenario de su niñez. La incomunicación absoluta, con una carretera nacional alejada del núcleo poblacional y apenas un teléfono fijo para todo el pueblo -corre la década de los noventa y aún quedan años para que internet y el móvil sean objetos cotidianos-, y la soledad cincelan su ánimo y pintan una inquietante atmósfera.

Su paisaje, sus colores, sus luces campan a sus anchas en el relato interpretando un papel principal. La vega del Carrión, la aterradora loma que arropa el pueblo, los vastos campos de cereal, las arboledas que picotean la estampa, el cada vez más deteriorado monasterio de San Salvador de Nogales...

Aunque no hay un ánimo de denuncia del fantasma de la despoblación del medio rural y el hilo que ovilla Carlos de la Sierra es otro, La tormenta del alma también se puede abordar en esa clave. «En un momento dado, alguien dice ‘ahí está enterrada mi tía, es la última que hemos enterrado, ahora todo el mundo se muere en la capital, aquí ya no queda nadie’. Es una frase muy significativa», admite.

Sí es intencionada la importante presencia de la música que descubre a De la Sierra sin remedio. El volumen tiene una marcada banda sonora y el autor insta al lector a acompañar la lectura con esas notas. Suenan Pink Floyd, Win Mertens, Supertramp, Mike Oldfield, George Winston, Mozart, Mahler o el When a man loves a woman de Percy Sledge, tan apropiado para esta novela que no lo es.

«Esta narrativa mía puede ser buena o mala, interesante o no, pero lo que no se le puede negar nunca es su originalidad. Es totalmente distinta al estilo natural con el que discurren las novelas, los best seller, que se hacen al uso», concluye De la Sierra y nombra como sus grandes referentes a El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, Nada, de Carmen Laforet, y Gran sol, de Ignacio Aldecoa, al tiempo que detecta reminiscencias de E.T.A. Hoffmann y pinceladas de la literatura grecorromana en estas páginas que ponen fin a una larga redención.

Cita con los lectores
La tormenta del alma se presenta en la Sala Polisón el lunes (20.15 horas) en una cita que contará con la presencia del autor, la periodista Mery Varona, la escritora Montserrat Díaz Miguel, la concejal de Imagina del Ayuntamiento capitalino Eva de Ara y la editora de Aldecoa, Patricia Barbero.

 

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