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Libro / «Hablo de lo inevitable en literatura, de amor y muerte, de tiempo y sexo»

«Las ñoñerías me aburren, no me las creo y empiezo a bostezar»

Doce años después del primero, el arandino Ape Rotoma publica su segundo poemario, ‘Mensajes de texto y otros mensajes’, en la editorial Renacimiento


02/08/2014

 

A.S.R. / Burgos

Ape Rotoma irrumpe como un nombre raro incluso para un poeta. A bote pronto asusta quién se pueda esconder detrás de él, pero la realidad dibuja una sonrisa cómplice. No se ocultan los caprichos estrafalarios de un artista. Es algo más prosaico. Cuando José Alberto Rodríguez Tobes tenía dos años le costaba pronunciar su nombre y empezó a autollamarse Ape. Ape, ape, ape... con él se quedó entonces y ya va camino de los cincuenta. Por eso el vate arandino recela de primeras cuando alguien le interpela por el nombre que figura en su DNI. Se relaja cuando sabe que el motivo de la llamada no son facturas bancarias ni reclamos administrativos sino su segundo poemario, Mensajes de texto y otros mensajes (Renacimiento), que aparece doce años después del primero, 149 PCE (Telira).

Ape Rotoma -acróstico de sus tres apellidos: Rodríguez, Tobes y Marín- da la importancia justa a estas publicaciones consciente de que aquella ópera prima apenas salió de la localidad ribereña y sabedor de que la poesía es minoritaria por mucho que por la suya se haya interesado una de las editoriales más importantes del país.

«Si no hubiera sido por una serie de casualidades no habría sacado otro y tampoco he escrito mucho, he estado años sin escribir un puto poema. Ha sido ahora fundamentalmente por internet. Llevo tres años en el paro delante del ordenador todo el día y empiezas a conocer gente que, para tu sorpresa, se interesa por tu poesía. Te anima uno, el otro, cuelgas un poema en Facebook y lo comentan...», desvela por teléfono desde su casa de Aranda de Duero y, bromea, «lo extraño no es que hayan pasado doce años, sino que haya sacado este».

Y este incluye poemas de los últimos tiempos, sobre todo desde 2008 hasta ahora, pero también alguno de hace veinticinco años.

¿Qué cuentan? «Yo hablo de lo que me pasa. Hay historietas, pocas, de un estudiante, historietas del alcohólico que fui y del currante que he sido después de que el alcohol me dejara a mí en un delírium trémens. Se habla de lo de siempre, de lo inevitable en literatura, amor y muerte, es decir, tiempo y sexo», ilustra y añade que los poemas, cada uno de un estilo, se articulan deslavazadamente, con algunos muy cortos, haikus, y otros muy largos, «muy a lo Whitman, pero con tacos».

No van con Ape Rotoma las ñoñerías. «Más que repelerme por cuestión estética es que me aburren, no me las creo y empiezo a bostezar enseguida», explica y rechaza las florituras.

Se acabó aquella época en la que rebuscaba metáforas intensas. Ahora está en el lado contrario y es la realidad, la que ve sin escarbar, quien le inspira.

«Tiendo a contar lo que pasa sin darle demasiadas vueltas. Cuando empecé era más de imágenes extrañas, adjetivos sorprendentes... Ahora ya no me convencen. Yo escribo lo que me sale, lo que veo también en otros y eso es lo que me gusta leer, lo que me creo...».

Cuando te diga te quiero, no será para decir eres única, no soy nada sin ti, por ti haría cualquier cosa... Cuando te diga te quiero estoy queriendo decir me voy a comer tus bragas (Polisemia).

Directo, sin trampa ni cartón, sin medias tintas se va perfilando Ape Rotoma en un retrato que, asegura, es el que él ha querido pintar para los lectores.

«No voy a presumir de objetividad. La literatura no está para eso. Si cuento anécdotas son reales porque no tengo imaginación para inventármelas. ¿Qué Ape encontrarán? A uno muy aproximado al que soy. No sabría decirte, hasta para mí mismo es una sorpresa el que ves cuando lees todos los poemas agrupados», va y viene y acierta a concluir que es «un hombre más, un personaje de la cotidianidad, sin una característica especial, no soy víctima de nada, he actuado y sobrevivido como he podido, una persona con muchos años que sigue sin orientarse, sin encontrar su sitio en ninguna parte, estoy en el paro literalmente y también simbólico».

Habla de colegas en los que se mira y al otro lado responden Bukowski, Karmelo Iribarren -«mi maestro directo y mi mentor, el mejor poeta de este país, una opinión que no comparten ni la crítica ni el público»-, Roger Wolfe, Catulo, Pessoa... y también una larga lista de amiguetes de internet como Pedro Andreu, Jorge Molinero, Rafael Sarmentero, Raúl Sánchez...

Este mundo, el que le devuelve la pantalla del ordenador, es el de Ape Rotoma ahora y en él ha encontrado mucho.

A Renacimiento llegó a través de Karmelo Iribarren. Le envió unos poemas y el donostiarra en vez de darle su opinión se lo mandó directamente al editor Abelardo Linares, que cumplió su promesa e incluyó al autor arandino en la colección Calle del aire, nacida en 1978, en la que aparecen, entre otros, Rafael Alberti, Francisco Brines, Juan Luis Panero, Jon Juaristi...

¿Esta confianza le anima a no esperar tanto para el siguiente? «Naturalmente. No es que de pronto me haya vuelto prolífico, pero sí tengo un archivo caótico de poemas que van cayendo y que algún día serán un libro y, seguro, no será dentro de doce años», responde e insiste en «la magia de internet, a la que debo todo». «De pronto hay un tío en México al que le gusta lo que haces, y otro en Barcelona, en Gijón o en Valencia y a su nivel lo difunden», completa y observa que las presentaciones realizadas hasta ahora, salvo en Sevilla y en la Feria del Libro de Madrid, orquestadas por la editorial, han sido por el empeño de esos amigos de Facebook.

La gira seguirá en Valencia tras el verano y en Aranda de Duero, en el bar La Tramoya, después de fiestas. Y lo que te rondaré morena.

 

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