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Música

Maestro del 'carpe diem'

Joan Manuel Serrat invita al público a vivir el momento en un concierto en el que recorre los diez temas de su mítico disco ‘Mediterráneo’ acompañados por otros grandes clásicos

A.S.R.
19/05/2018

 

Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa... La melodía del mítico Mediterráneo acompañó la salida de Serrat al escenario. Pasaban ya más de diez minutos de la hora acordada y el aplauso, que ya había sonado al hacerse la oscuridad, tronó. Se hizo desear el cantante catalán. Algunos no veían el momento en el que su voz acompañara las notas de la banda. Y cogió la guitarra. Y cantó. Y parecía que todos aguantaban la respiración. Él era la estrella. Y brilló.

Un protagonista que después de dar las buenas noches, o buenas tardes, que, dijo, fuera aún era de día, se erigió en un convincente maestro del carpe diem. Explicó, por si alguien se lo preguntaba, que festejaba los 47 años de Mediterráneo, que no aguardaba a la redondez de los 50, porque para esperar ya no estaba él, porque quién sabe si le aguantarían las fuerzas para soplar las velas... Porque la vida es para celebrar. Y él ayer lo hizo junto a las gentes de cien mil raleas que llenaron el Fórum. Todas gozaron con él durante las más de dos horas que duró el concierto con el que la Fundación Caja de Burgos ponía el broche a los fastos de sus diez años de programación cultural.

Serrat repasó las diez canciones de aquel mítico álbum compuesto en 1971 en un pequeño pueblo del Mediterráneo, charló con el Tío Alberto que nunca lo fue, navegó en el Barquito de papel, recordó a La mujer que yo quiero, se sentó en el taburete del mítico Bocaccio, bailó pizpireto y grácil sobre el escenario, se metió con Aquellas pequeñas cosas que dejó un tiempo de rosas, se dejó mecer por ese mar que no se sabe si es masculino o femenino, que mantiene relaciones serias con la luna y que, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en un sarcófago...

El artista catalán regaló a propios y extraños sus otros grandes clásicos. Caminante no hay camino, Tatuaje, Para la libertad, Algo personal, Penélope, Esos locos bajitos... Cantó en catalán, castellano, francés, compartió recuerdos, habló con confianza al que, dijo, había sido el «mejor público de hoy», a ese sin el que no podría hacer lo que más le gusta en esta vida, a ese al que sedujo sin remedio en una noche que quedará en el recuerdo de quienes se reencontraban con un ídolo de la juventud, quienes lo veían por primera vez o de quienes habían oído hablar tanto a sus padres de aquel joven cantautor que cantó a la libertad.

 

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