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Entrevista a Almudena Grandes, que está hoy en el Museo de la Evolución Humana

«No hay ninguna hazaña más digna que sobrevivir»

Después del paréntesis de ‘Los besos en el pan’, con una mirada a la crisis actual, vuelve a la serie ‘Episodios de una guerra interminable’ con la cuarta entrega, ‘Los pacientes del doctor García’, una novela de espías

A.S.R.
31/01/2018

 

Guillermo García Medina y Manolo Arroyo Benítez estarán inevitablemente hoy en Burgos. Arrancarán una sonrisa a quienes han sufrido con ellos y seducirán sin remedio a los que escuchen su historia de boca de su creadora. Estos dos personajes protagonizan Los pacientes del doctor García, una novela que narra el esfuerzo de dos amigos por desenmascarar la red de evacuación de nazis que Clara Stauffer mantuvo durante el franquismo, de la que hablará Almudena Grandes hoy en el Museo de la Evolución Humana (20.15 horas).

Pregunta- ¿Cómo se topó con Clara Stauffer?
Respuesta- La encontré en un libro del periodista Javier Juárez, La guarida del lobo. Miré las fotos y la vi en bañador tras ganar una travesía a nado en la laguna de Peñalara en 1031. Me llamó la atención y buscando en el índice vi que vivió en Galileo, 14 (Madrid). Me impresionó mucho porque yo habré pasado por ahí un millón de veces en mi vida. Me fascinó tanto que empecé a investigar. La red Stauffer es una de esas historias increíbles que me hacen decir que los españoles vivimos encima de una mina de oro, de historias, personajes buenos, malos, villanos, héroes, completamente desconocidos para nosotros.

P.- Clara es todo un personaje de novela, pero es real...
R.- Todo lo que cuento de la red es verdad. Fue tremendamente exitosa y logró poner a salvo, sin ningún contratiempo grave, a cerca de un millar de criminales de guerra y jerarcas nazis. Fue muy eficiente y muy eficaz y es un regalo para un novelista. Clara trabajaba para el mal, pero lo hacía en unas condiciones que en cualquier otro caso la hubieran convertido en una heroína porque era una mujer tremendamente abnegada y sacrificada. Me gustaba que era un personaje que trabajaba para el mal pero tiene muchas luces. Los malos que funcionan bien son esos porque los completamente malos son caricaturas.

P.- Y además es una mujer...
R.- Su condición femenina también es muy curiosa. Ella aprovechó la libertad que la Segunda República ofreció a las mujeres para hacer una carrera tremendamente exitosa en dos aspectos muy masculinos como el deporte de competición y la política, ocupándose de la prensa y la propaganda de la Sección Femenina. Fue una mujer muy exitosa en la vida, aunque no fue para el bien de la humanidad.

P.- ¿Y cómo se encuentra con Guillermo García, Manolo Arroyo y Adrián Ortega?
R.- Cuando decidí que la mejor manera de contar la red Stauffer era una trama diplomática, porque los aliados la conocían y, de hecho, la reclamaron a Franco, vi que necesitaba un diplomático, que, al mismo tiempo, debía tener un contacto en el interior y así se desarrollaron estos dos personajes. Guillermo fue el primero porque a través de él se homenajea a Norman Bethune, el médico que vino desde Canadá a Madrid para hacer las primeras transfusiones de sangre refrigeradas de la historia, un personaje real que hizo algo impresionante y es muy poco conocido. El hecho de que uno fuera diplomático a la fuerza instaló la novela en el ámbito de la burguesía republicana, una clase que prácticamente se ha extirpado del relato de ficción cuando es la más vinculada a la República.

P.- ¿Dónde encaja ahí Adrián Gallardo, el tercer vértice del triángulo?
R.- Era un tercero inevitable. Contaba con dos amigos y uno de ellos iba a suplantar a un criminal de guerra español y este tenía que ser alguien. Y ahí surge un paralelismo importante entre Manolo y Adrián, ambos se han criado en pueblos pequeños, aunque uno es pobre y el otro rico, y, sin embargo, su evolución es muy diferente. Adrián es un ejemplo de una de las grandes especialidades del siglo XX que fue convertir a pobre gente en monstruos, lo que Hannah Arendt llamaba la ‘banalidad del mal’. Es totalmente terrorífico que personas que en otras condiciones podrían haber sido honrados padres de familia se conviertan en asesinos. Eso le pasa a Adrián.

P.- Un Adrián que es de La Puebla de Arganzón. ¿Por qué le hace nacer en Treviño?
R.- Es uno de los guiños que hay a Galdós. La Puebla de Arganzón es el pueblo natal de los protagonistas en la segunda serie de los Episodios Nacionales. Me apetecía subrayar la continuidad en la que creo que las Guerras Carlistas desembocan con mucha naturalidad en los dos bandos que se enfrentan en la Guerra Civil.

P.- Guillermo y Manolo son de procedencias muy distintas, el uno nace en el seno de una familia burguesa de Madrid y el otro en una casa pobre de un pueblo de León, pero ambos son unos supervivientes desde la infancia, aunque su drama sea muy distinto...
R.- No hay ninguna hazaña más digna ni más admirable que sobrevivir y de todos los tipos de personajes que existen en la literatura a mí me gustan los supervivientes y ellos lo son en muchos sentidos. En el caso de ambos, pero especialmente en el de Guillermo, el precio es su identidad. Tiene que renunciar a todo lo que es, no solo cambia de nombre. Es una novela de espías muy poco convencional porque lo que les lleva a meterse en esta red y asumir riesgos es el tipo de cosas por las que nos comprometemos las personas normales: la amistad, la lealtad, la gratitud...

P.- ¿Se enamora la escritora de sus personajes como hacen los lectores?
R.- Me enamoro de todos a la vez. Mi corazón es muy grande. En el momento en el que escribo tengo que encontrar en mi memoria un registro que me permita zambullirme en el personaje. Escribir siempre es cavar hacia dentro, yo sé lo que es el amor para mí, y la soledad, y la amargura, pero no para el resto de personas. E, inevitablemente, cuando escribo transfiero mi experiencia a la de los personajes y en ese momento, que es muy íntimo, yo soy todos a la vez y de alguna manera me enamoro, pero de todos, por lo cual es como si no lo estuviera de ninguno.

P.- ¿Pero tampoco son personajes sin tacha, algún plato sí que rompen?
R.- Los seres humanos somos capaces de cosas muy buenas y de cosas muy malas en función de las circunstancias en las que vivimos y de lo que tenemos que ganar y perder. Y en una situación como la que viven Guillermo y Manolo, con esa presión a la que están sometidos, no pueden ser héroes de tebeo, es imposible que jugándotela de esa manera, no tengas que enfrentarte a cosas muy tremendas que no puedes eludir.

P.- ¿Cómo se las apaña para no confundir a unos y otros con el baile de nombres e identidades que marcan el paso en toda la novela?
R.- Siempre tengo la novela resuelta antes de empezar en un cuaderno, en este caso dos, porque uno lo llené y empecé otro. Tengo una estructura completamente cerrada y cuadrada con lo que voy a contar en cada capítulo antes de ponerme a escribir. En este caso, como hay tantos cambios temporales, hice un índice, que nunca había hecho porque mis capítulos nunca habían tenido título, pero aquí vi que era bueno poner una coordenada cronoespacial para que no me perdiera yo ni los lectores, luego he comprobado que ellos no lo leen, aunque a mí sí me ha servido mucho. Y en el último momento, siempre me compro una caja de colores, el de la novela anterior me lo quitan mis hijos siempre, y le asigno a cada personaje un color. Parece una tontería pero me ayuda muchísimo saber por dónde voy.

P.- Aunque los protagonistas son dos hombres, hay personajes secundarios femeninos con perfiles muy distintos...
R.- Este libro tenía que ser muy masculino forzosamente porque cuando se escribe una novela basada en un hecho histórico hay que llegar a un compromiso muy exquisito entre la creatividad del autor y la lealtad al hecho histórico. No podía haber mujeres protagonistas porque en esa época no había mujeres médicos, ni diplomáticos ni soldados. Mis personajes femeninos por definición nunca son la mujer, la hija o la hermana de alguien y aquí tendrían que haberlo sido, pero sí las he mimado mucho porque son el contrapeso de tanta testosterona.

P.- ¿Y cuándo descubrirá dónde pone el foco el quinto episodio, La madre de Frankenstein?
R.- Tengo intención de ponerme enseguida con la fase cuaderno. Me gustaría empezar a escribir en verano, no sé si antes o después de las vacaciones. Ya la tengo pensada, pero no resuelta.

 

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