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Entrevista a Paloma Navares

«No puedes no ser feminista si eres mujer»

Su vocación era tan férrea que no desistió cuando pasó los primeros años sin vender una obra. Tampoco cejó en su empeño cuando, pionera en el uso de nuevas tecnologías y en el tema de género, la miraban raro. La fe en su trabajo (vídeo, fotografía, performance, danza...) la ha mantenido 43 años entre los grandes.

A.S.R.
07/12/2017

 

La muerte está hoy en mis ojos como cuando un enfermo sana, / como cuando se camina después de la enfermedad. / La muerte está hoy en mis ojos como aroma de mirra, / como cuando se baja la vela del barco en un día de viento. / La muerte está hoy en mis ojos como el perfume de nenúfares, / como cuando te sientes en el margen de la embriaguez... Este poema egipcio, El hombre cansado de la vida, se recita en Travesía del agua. Arma silenciosa, una de las piezas que componen Te pregunto, ¿son mariposas?, la exposición que, hasta el 28 de enero, abre una ventana al trabajo de Paloma Navares en el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB).

Y son los ojos precisamente los que, entre otros motivos, llevan a la artista burgalesa a decir adiós a su actividad creativa después de 43 años. Una trayectoria que dibuja a una creadora inquieta, perseverante, que ha entendido el arte en su sentido más amplio y pionera en la utilización de las nuevas tecnologías y en el trabajo de género.

Pregunta- ¿La decisión de dejar la actividad creativa después de cuatro décadas de trabajo es difícil, aliviadora...?
Respuesta- Realmente, aunque parezca curioso, no es difícil. Al tener esta discapacidad visual, hay cosas que me son muy costosas de sacar adelante como dibujar, escribir, trabajar en el ordenador... En este sentido, lo vivo como un alivio. Claro que siempre hay una tristeza. Cuando uno emplea mucho tiempo en algo en la vida, amor, amigos o trabajo, dejarlo seguro que provoca añoranza.

P.- Dedicarse al mundo del arte durante tanto tiempo y alcanzar su proyección tiene un mérito doble con ese hándicap de la vista...
R.- Yo creo que no. No me ha quitado tanto si lo pones como contrapunto a lo que me ha dado, de conocimiento, de una información profunda de las cosas para las que, quizás, en una condiciones más óptimas no hubiera tenido tiempo. Los periodos después de las operaciones eran de silencio, de desconexión, de reposo y de entender lo que pasa fuera y medirlo con tu propio interior. Ha sido mayor la aportación que la pérdida.

P.- ¿Ha supuesto algún freno?
R.- Me ha puesto freno a ser mundana, he necesitado estar más recogida en términos de seguridad y aun así he tenido pequeños accidentes porque tampoco he querido ser excesivamente restrictiva en mis comportamientos vitales.

P.- Suele apuntar a este problema de visión como determinante para acercarse al arte...
R.- Como no veía bien era una niña excesivamente introvertida, solitaria, más despistada de lo normal, en el propio colegio al no ver la pizarra, no poder jugar, correr... Todas estas pequeñas cosas conforman un carácter y determinan una situación, que era en la que vivía, en la que realmente estás más retirada. Ahí fue mi acercamiento a un entretenimiento en el que el arte se vislumbraba.

P.- ¿Cuáles eran esos juegos?
R.- Al no poder jugar en los recreos, pasé mucho tiempo con una religiosa que preparaba las ceremonias en la iglesia en el internado en el que yo estaba, y me enseñó a calcar sobre un cristal, a dibujar, a pintar...

P.- ¿Se puede leer su obra, de algún modo, con ese tinte espiritual?
R.- Espiritual puede ser todo o nada. Mi trabajo responde a preguntas, intento ser respuesta, y también analizar cómo vivimos, qué es la sociedad, cómo es este sistema que atrapa. Me ha llevado por caminos humanistas, principalmente.

P.- ¿Y a partir de ahora?
R.- Tengo ilusión de sentarme tranquilamente y poder contemplar el trabajo. Ver los errores, los aciertos, que alguno habré tenido, el proceso intelectual que he seguido, quiero verlo a distancia, fuera de mí, sin la presión de fechas, días ni dineros, tantas cosas que afectan al arte.

P.- ¿Necesita quitar ruido?
R.- Quiero verlo y disfrutarlo. Me encanta entrar en un sitio con mi obra como si no fuera mía. Me parece maravilloso.

P.- Y cuando ha entrado en esa exposición como si no fuera suya. ¿Le ha gustado?
R.- Yo en seguida me olvido de que soy yo. Hay dos personalidades distintas. Dejo a Paloma Navares en los sitios una vez que he cumplido mi trabajo y sí soy capaz de verlo desde fuera, bastante más de lo que se hace en general. Es un ejercicio que hay que hacer mucho, salirte de ti mismo y ver.

P.- Habla de errores y aciertos. ¿Cuáles cree que ha tenido en su trayectoria?
R.- En este momento, mirar para atrás es paradigmático para mí. Reconozco muchas cosas, los tratamientos de la luz, los ambientes, el clímax que suelo generar en las exposiciones... Soy consciente de un lenguaje, una iconografía... Dentro de algunos meses podré clarificar más esta pregunta y ver si solo han sido errores o he tenido muchos aciertos (ríe).

P.- Parece difícil sustentar una carrera de 40 años sin ningún acierto...
R.- La voluntad no solo es de una, es también de otras personas, la mayoría desconocidas, y, efectivamente, que hayan querido estar cerca de mi trabajo mantiene la certeza de que no iba mal del todo.

P.- ¿Cuando está en el estudio, durante el proceso de creación, piensa si gustará al espectador, al coleccionista, al galerista? ¿La condicionan?
R.- Cuando empecé, estuve quince o más años sin vender nada, con críticas bastante desorientadoras, porque estaba haciendo fotografía fuera de los formatos clásicos, escultura con materiales aparentemente inadecuados como la luz o la imagen y usaba la tecnología, que aquí entraría más tarde, pero yo recurrí a ella desde que supe que existían la cámara de vídeo, el fax o la fotocopia. Mi obra era extraña y además era mujer, y encima trabajaba sobre género. Se juntaban muchas cosas y aun así seguí.

P.- Pensaba en el público...
R.- Sería un error. Si eres una persona inteligente, mínimamente inteligente, te dedicas a tu trabajo e investigas en él porque el tiempo es muy breve y muy grande la necesidad de adquirir información, conocimientos y palpar el mundo. Casi todos los artistas, sobre todo los que trabajamos en arte contemporáneo, estamos más pendientes de nuestro trabajo, aunque el reconocimiento llegue más tarde o no lo haga nunca.

P.- ¿Es humilde?
R.- No me entiendo como una persona humilde (ríe). Puedo pecar de atrevida, porque pretender ser artista es mucho y llevarlo 43 años adelante, más. No es precisamente humildad.

P.- ¿Por qué ese trabajo sobre género? ¿Por qué se la cataloga como una artista feminista?
R.- No creo que siendo mujer puedas no ser feminista y no creo que haya hombres por el mundo que si estudian la vivencia de la mujer a lo largo de la historia no lo sean.

P.- ¿Se puede explicar la obra de Paloma Navares sin su compromiso con la mujer?
R.- Con dificultad. Se podría hacer, pero faltaría una parte muy importante de mi trabajo y de mí misma. Reconozco que me he ganado que me llamen que soy una representante de mi género, pionera además. Esto no tiene nada de humildad... (ríe).

P.- Y además le gusta que se lo reconozcan así...
R.- Sí, sí.

P.- Te pregunto, ¿son mariposas? rescata a mujeres de distintas culturas y épocas ocultadas, infravaloradas, violadas o pisoteadas. ¿Existe también una supremacía de la mirada de la mujer occidental que eclipsa lo que ocurre en otras latitudes?
R.- Es cierto que lo que ocurre en otros sitios es mucho más grave, pero lo que pasa en Occidente lo sigue siendo también. La mujer continúa en situaciones en las que debe seguir peleando por conseguir los mismos derechos y adquirir el valor que realmente nos corresponde. Pero, efectivamente, otras culturas, otras sociedades y otros ritos viven de forma terrible.

P.- El rescate de la memoria de muchas mujeres creadoras es evidente en la serie del CAB. ¿Cómo es ese trabajo casi arqueológico?
R.- Cada artista crea su pequeña estructura para sostenerse a la hora de elaborar un proyecto. No solo es una idea estética lo que envuelve, que podría ser, pero yo necesito tener un leitmotiv al cual procuro ser fiel. Por ejemplo, en el CAB está Nushu, que es el idioma secreto de mujeres analfabetas, aisladas, incomunicadas en China, que lo crean a partir de signos, figuras y ritmos y lo plasman en bordados, dibujos...

P.- ¿Se puede distinguir a la Paloma Navares artista de la Paloma Navares persona?
R.- Cuando la gente me conoce comenta que soy cómo me imaginaba o cuando han venido a mi casa dicen que es como una instalación. Hay ausencia de muebles, de elementos, hay un cuidado enorme por la luz del exterior, vivo en las afueras, la ventanas son grandes, las luces están matizadas por cortinas semitransparentes. No hay mucha diferencia. Quizás porque he salido bastante poco, me repito bastante.

«Guardo momentos maravillosos de Burgos, como no he conseguido en ninguna ciudad del mundo»
Paloma Navares (Burgos, 1947) anuncia su retirada. Cuelga los bártulos, pero advierte que seguirá presente en las salas de exposiciones, en los escenarios con su trabajo para la compañía La anónima imperial y acudirá a aquellos foros que la reclamen. Su futuro pasa por el Museo Thyssen de Madrid, donde expondrá a finales de febrero, y ahora mismo muestra su obra en la Sala Kubo de San Sebastián, en una retrospectiva con más de 140 piezas, y en el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB), donde vuelve con Te pregunto, ¿son mariposas? después de haberlo inaugurado en el año 2003. La artista burgalesa reconoce que le gusta mucho decir adiós desde aquí, aunque también lo haga desde otros lugares.

¿Cuál es la relación de Paloma Navares con la ciudad en la que nació? «En Burgos, vivir, vivir no he vivido. Mis primeros recuerdos de Burgos son en el colegio al que llegué con siete años y son muy vagos. Mi familia era burgalesa y mis abuelos, que han sido el amor de mi vida, me recogían muchos fines de semana y me llevaban con ellos en vacaciones, Semana Santa, Navidad, los puentes... Con ellos pasé mi vida más valiosa, más amorosa y más divertida. Después, ya solo hacía viajes de tres días para visitarlos, porque mi vida la he desarrollado en otros sitios», responde la artista por teléfono desde Madrid.

«No soy fiel a mi tierra, pero la quiero, me gusta y creo que Castilla es grande. Adoro Burgos porque además está precioso ahora mismo. Guardo momentos siempre entrañables y maravillosos en mi memoria, como luego no he conseguido en ninguna ciudad del mundo porque solo los puedes disfrutar en una vida inocente, con mucha amplitud por delante, como es la infancia y casi la adolescencia», concluye Navares agradecida por el reconocimiento como burgalesa y por la atención que la ciudad ha prestado siempre a su obra.

 

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