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FESTIVAL ESCENA ABIERTA

Esta noche hay una fiesta

Hermanos Picohueso realiza una autocrítica al mundo de la creación y habla de su obsesión por ser recordados en su primer montaje, ‘Nadie va a los cumpleaños en verano’

A.S.R.
20/01/2018

 

No será la primera vez que un espectáculo del Escena Abierta se convierte en una fiesta, pero quizás nunca antes fue una propuesta tan descarada y evidente como la que hace Hermanos Picohueso en Nadie va a los cumpleaños en verano, la obra con la que la vieja estación de tren se estrena como nuevo espacio del festival. Anoche vivió la primera función de la mano de Diego Ingold y Lluki Portas. Hoy, la segunda, con entradas agotadas.

Lluki celebra su cumpleaños. Hace la fiesta en invierno no vaya a ser que con el verano le toque soplar las velas sola. En Burgos no le pasará. 90 amigos responden a la llamada.

«El público juega, se desplaza e interactúa con nosotros de una manera respetuosa. No sacamos a nadie a escena ni hacemos hablar. Nadie se sentirá avasallado. Participa de manera completamente voluntaria», advierte Diego Ingold y añade que su objetivo es derribar la cuarta pared que habitualmente separa a espectador y artista en el teatro. Tanto se mezclan y tan arriba se viene alguno, observa, que en ocasiones algunos asistentes se van pensando que había más de dos intérpretes en el ajo.

Ambos actores se reconocen muy idiotas en esta pieza. Las risas mandan, como en cualquier fiesta. Pero señalan que también cocinan un punto dramático, aunque a veces quede diluido.

«Es una autocrítica a nuestro propio trabajo, a la obsesión que tenemos por la permanencia, por ser recordados, a la necesidad de estar sacando proyectos constantemente, pero a la vez las ganas de pasar desapercibidos, ser invisibles, no llamar la atención. Está siempre esa dualidad», desarrolla Ingold y Portas, de la que parte la idea, resume que la intención principal es que el público viva una experiencia. Ese contacto, «ese calor que nos damos el uno al otro», ha ganado peso en el montaje frente a la parte audiovisual, que también tiene.

Hermanos Picohueso, compañía creada en 2016, representa la apuesta del Escena Abierta por los nuevos creadores. Aunque uno vive en Madrid y la otra en Barcelona han sacado adelante esta producción. Y esperan que lleguen más proyectos.

A por la 20
La decimonovena edición del Festival Escena Abierta llega a su fin -hasta ahora con muy buen sabor de boca- y en la cabeza de los organizadores (Universidad de Burgos, Fundación Caja de Burgos y Ayuntamiento) ya revolotea la número veinte. Está todo por ver, pero sí barajan hacer un programa que reúna a los número uno que han pasado estas dos décadas por su cartel y ahora son los capos de la vanguardia escénica. Para conseguirlo esperan contar con más presupuesto, que en los años de la crisis se redujo a la mitad.

ESPECTADORES FIELES Agustina Ureña: «Necesita hacerse más grande, tener más presupuesto y promoción» 
Cada año desde hace diecinueve, esta periodista respira aire puro en el Escena Abierta, «una ventana abierta al mundo en todos los sentidos».
Pregunta- ¿Qué significa para la vida cultural?
Respuesta- Una referencia de primera fila y un festival de vanguardia por el que nos conocen en muchas partes del ámbito cultural español e internacional. Siempre es un punto de encuentro de muchas y diversas sensibilidades artísticas. Y me encanta encontrarme con ese público fiel que asiste a cada edición con su bono y con el que comentas cada nueva jugada.

P.- ¿Cuál es su punto fuerte?
R.- Hay muchos. Los formatos pequeños, muy cercanos al público; el intercambio de experiencias y la colaboración de instituciones para su desarrollo; la apertura a nuevas tendencias escénicas y temas de actualidad, tanto artísticos como sociales, que nos tocan el corazón; siempre es rompedor e interdisciplinar.

P.- ¿Y el débil?
R.- Necesita hacerse más grande. Tener más presupuesto y promoción para ser conocido por más gente de dentro y de fuera de Burgos.

P.- ¿Qué obra recordará siempre?
R.- Me ha impactado casi todo lo que he visto estos casi 20 años. Los espectáculos me han dado, en muchos casos, otra visión sobre los grandes problemas del mundo: los refugiados, la soledad, las guerras, las crisis, la identidad del ser humano, la amistad... Siempre desde un ángulo diferente al habitual. Aún se me ponen los pelos de punta por la poesía y la sensibilidad que despertó en mí Pacífico #3. Extraños mares arden, del chileno Txalo Toloza Fernández, de la edición 2017. Realicé un viaje onírico a otra parte del planeta: el desierto de Atacama. Estoy segura que iré a conocer esos lugares a los que me llevaron con su obra. Me fascinó como de forma tan sencilla, a través de la poesía, de la música, de las experiencias personales y también de la documentación y la denuncia, se puede construir una preciosa obra artística que te llega al corazón.

P.- ¿Y cuál jamás se volverá a sentar a ver?
R.- Aún recuerdo espectáculos de la Fura u otras compañías donde te impactaban con vísceras y sangre. Todo muy escatológico y provocador. Pero volvería a verlo. Todas las propuestas artísticas tienen que tener una primera oportunidad, por muy rompedoras que sean. Es bueno que sea en Burgos y en el Escena.

P.- Se quedó con los ojos como platos después de asistir a...
R.- A aquellos grandes espectáculos de las primeras ediciones en los que estábamos todos en el antiguo solar de Caballería o en la plaza del Rey San Fernando muertos de frío pero encantados. Expectantes. Muy abrigados, eso sí, porque en enero hay que echarle mucha ilusión al arte. Más de una vez empezó a nevar y vivimos momentos mágicos. Sabíamos que asistíamos a un instante irrepetible y te hacía sentir muy bien, muy protagonista.

P.- ¿Con cuál creyó que le tomaban el pelo?
R.- Hay mucho surrealismo y en ocasiones te da la sensación de que el artista experimenta con la reacción del público. Se producen mezclas perversas pero todas merecen ser vividas al menos una vez.

 

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