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Una de clasificaciones

La nueva y virtual conquista del Cid

El ‘Cantar de Mío Cid’ fue la obra más consultada del servicio web de la Biblioteca Nacional con 3.539 visitas, seguida del Códice de Fernando I y Doña Sancha del Beato de Liébana y el libro de Beaumont que incluye el cuento de ‘La bella y la bestia’

A.S.R.
15/01/2018

 

La universalidad, el atractivo y la curiosidad que despierta la figura del Cid es innegable y el que en buena hora nació vuelve a ganar una nueva batalla después de muerto. El Cantar de Mío Cid fue la obra más consultada en la Biblioteca Digital Hispánica, el servicio web de la Biblioteca Nacional, durante el año 2017 con 3.539 visitas, seguida del códice de Fernando I y Doña Sancha, del Beato de Liébana, y El almacén de los niños, de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, donde se incluye el cuento La bella y la bestia.

La mayor parte de los accesos al Poema del Cid, informan desde la Biblioteca Digital Hispánica, vienen redirigidos desde otras fuentes, incluidos los propios canales institucionales de la Biblioteca Nacional de España (BNE). Llaman la atención igualmente sobre que estas consultas muchas veces se concentran en fechas o periodos muy concretos que «suelen responder a momentos de gran actividad motivados por alguna efeméride, noticia relevante en las principales redes sociales (Facebook, Twitter...) o en los medios de comunicación».

De hecho, anotan, el 50 % de las visitas al famoso manuscrito copiado por Per Abbat se concentró en dos fechas muy concretas: una en marzo y otra a finales del año.

«Este último pico, por ejemplo, tuvo lugar el 20 de diciembre, con unas 1.039 visitas entre ese día y los tres siguientes y está directamente relacionado con la celebración del aniversario de la recepción del manuscrito en esta institución (20 de diciembre de 1960). Este recordatorio tuvo mucho eco en varios e importantes medios de comunicación, incluido los canales institucionales de la BNE (Facebook, Twitter...) y ayudó a su gran impacto», explican desde este servicio.

México, Argentina y Estados Unidos, además de España, son los países más interesados en conocer el puño y letra de ese autor anónimo que narró las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar. Desde Europa la curiosidad cidiana se despertó en Alemania, Francia y Dinamarca.

El perfil de estas personas es un misterio que Google Analytics, «nuestra principal herramienta de recogida y análisis de datos de acceso y uso de este servicio», aún no es capaz de descifrar como tampoco el objeto concreto de las consultas, que atienden a «labores de investigación, curiosidad e interés por conocer el manuscrito».

Es la primera vez que el Cantar de Mío Cid ocupa el lugar de honor de esta clasificación de las diez obras más consultadas del año en la Biblioteca Digital Hispánica. El que en buena hora nació cantó victoria en 2017, pero durante los años precedentes estuvo muy cerca de esta conquista.

«Desde el año 2011, en que se empiezan a recoger estos datos con esta herramienta, suele figurar entre las diez obras más visitadas de cada año», apuntan las mismas fuentes.

¿Qué es lo que más atrae del manuscrito? «Al tratarse de una de las joyas, no ya de la literatura española o universal, sino del tesoro patrimonial que la Biblioteca Nacional tiene como misión preservar y difundir, ocupa un lugar destacado de nuestros fondos y siempre se despliega sobre ella una atención e interés que la convierten en un objeto de atención universal e intemporal», responden desde la Biblioteca Digital Hispánica.

El libro narra las hazañas del Cid legendario, que poco tiene que ver con el histórico, y sobre él existen aún numerosas incógnitas. La principal tiene que ver con su autoría, sobre la que se han hecho mil y una apuestas. Un misterio que añade tirón al manuscrito, un códice formado por 74 hojas de pergamino, al que faltan tres, con un texto legible, a pesar de las manchas que tiznan sus páginas debido a los productos químicos utilizados primero tras su hallazgo en el siglo XVI para leer el texto, que había palidecido con el paso del tiempo, y después para intentar eliminar estos borrones.

La aventura del manuscrito
El manuscrito del Cid llegó el 20 de diciembre de 1960 a la Biblioteca Nacional. Todo un acontecimiento. La Fundación Juan March había adquirido la obra a instancias de la propia institución. Roque Pidal, su propietario, le había ofrecido su compra por diez millones de pesetas. Una cifra desorbitada en aquellos años. Su director, Cesáreo Goicoechea, escribió una carta el 5 de noviembre de 1959 al financiero Juan March Ordinas pidiendo su ayuda.

«Las continuas y tentadoras ofertas de compra del manuscrito por parte de entidades extranjeras muy solventes, si bien hasta el presente han sido patrióticamente rechazadas por sus poseedores, amenazan continuamente con la pérdida, para nuestra Nación, de este monumento literario», redactó Goicoechea.

Su plegaria surtió efecto y el 20 de diciembre de 1960 un centenar de personas acudió al acto de donación, entre ellos Ramón Menéndez Pidal, uno de los estudiosos más conocidos del texto, además de autoridades políticas, rectores universitarios, catedráticos e hispanistas.

Todo esto lo cuenta Javier Pavía Fernández, integrante del servicio Web, Intranet y Medios sociales de la BNE, en un ilustrativo artículo publicado en 2012 en el blog de la institución (http://blog.bne.es/blog/la-llegada-del-cantar-de-mio-cid-a-la-bibiblioteca/) sobre la llegada del manuscrito del Poema de Mío Cid y las «numerosas aventuras» que pasó antes de esa fecha.

Se remonta al siglo XVI, cuando estaba en el Archivo del Concejo y en el convento de las monjas de Vivar del Cid, de donde lo sacó Eugenio de Llaguno y Amírola, secretario del Consejo de Estado, en 1779 para que Tomás Antonio Sánchez pudiera publicar el texto. «Pero cuando terminó la edición, el señor Llaguno decidió que era mejor quedárselo que devolverlo. El manuscrito pasó a sus herederos y, de ellos, a Pascual de Gayangos. En 1863 lo compró el primer marqués de Pidal y esta familia fue su propietaria hasta que fue adquirido por la Fundación Juan March en 1960», escribe literal Pavía Fernández.

 

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