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Artes escénicas

La parca o cómo pasar a una vida más florida

Líquido Teatro regresa con ‘Y me morí’, un cabaret tragicómico para tres difuntos, dirigido por Juanjo Cuesta, «donde la muerte se ve como un acabar el penar y un empezar a divertirse». Mañana en Cultural Cordón

A.S.R.
09/02/2018

 

Juanjo Cuesta pasa de la universal tragedia lorquiana que es La casa de Bernarda Alba a la algarabía tragicómica con la que los mexicanos se enfrentan a la parca en Y me morí con la misma facilidad con la que se hace los más de 600 kilómetros que separan Burgos y Barcelona. En esa espiral anda metido el director de escena y alma de la compañía Líquido Teatro. Aplacó con rapidez el éxtasis con el que vivió la reposición del montaje de García Lorca el pasado fin de semana y a otra cosa mariposa... de momento. Ayer se encontraba en la Ciudad Condal, donde por la noche convertirían La Casa Elizalde en un cabaret. Mañana, festejarán el Carnaval en Cultural Cordón (20.30 horas, 8 euros).

«Y me morí es un cabaret mexicano tragicómico para tres difuntos inspirado por la música, los relatos y las expresiones mexicanas, con rancheras, corridos, tequila..», resume el director con un ojo en el escenario donde ensayan Francesc Marginet, Abel Reyes y Marc Tarrida, con los que ha creado este espectáculo.

De la buena química que se estableció entre el director burgalés y estos tres actores, alumnos suyos en la Escuela Superior de Arte Dramático de Barcelona, donde da clases de Movimiento desde el año 2001, nació Y me morí, que cuenta con una ayuda Crea de la Fundación Caja de Burgos. Quedaron por las tardes en busca de una propuesta teatral de creación propia. Cuenta que fijaron su mirada en México por la teatralidad con la que tratan la muerte y el carácter lúdico que la dan en la fiesta del 1 de noviembre. «Empezamos a leer sobre el folclore surgido alrededor de esta fecha, miramos más fiestas mexicanas, contextualizamos todo con la música de los corridos y las rancheras, ahondamos en los cuentos populares, que muy recurrentemente van hacia la muerte, y con todo este cóctel construimos un guion base. La idea central era la de tres muertos que salen a escena a explicar cómo fueron sus últimos días, cómo murieron y qué tal lo llevan ahora», se explaya Cuesta.

Y, al parecer, lo llevan bien, realmente bien, vamos, que les va mejor que de vivos. Esos tres difuntos son Perseverancia Sedano (Marc Tarrida), Macario Carranza Benavides (Francesc Marginet) y Florencio Zamora (Abel Reyes), que vestidos por Fran de Benito se mueven en una escenografía firmada por Jairo Fuentes.

Una pizca de tragedia y otra de comedia salpimentan este montaje. «Hay una alternancia de temperaturas, de cálido a frío en la iluminación, que es como va cambiando el guion», observa el director y apunta divertido que, curiosamente, cuando los personajes están muertos aparece la parte cómica, mientras que cuando están vivos y explican cómo fueron sus últimos días irrumpe el dramatismo.

«Es una alegoría donde la muerte está vista como un acabar el penar y un empezar a divertirse. No hay mucho de nuestra tradición judeocristiana del dolor y el sufrimiento eterno, sino más bien una liberación. Morir es pasar a una vida más florida y colorida que la tristura de la vida real», sostiene Juanjo Cuesta, que, fiel a la filosofía de Líquido Teatro, también carga el peso de la obra en el mundo rural mexicano. En sus pueblos se desarrollan las historias de los personajes en vida

Y me morí, estrenada el pasado mes de noviembre en Villarcayo, continuará su periplo. Si sus artífices hacen caso a los amigos mexicanos que los han ayudado, corregido y visto, cruzarán el charco. «Nos han dicho que colaba completamente como mexicano y que en el DF se llenaría la sala todas las noches que quisiéramos», anota el burgalés sin querer, dice, sonar pretencioso, pero feliz por este aliento. Y, aunque sí lo han pensado y no lo descartan, de momento, el único pasaje que han comprado es el que los trae mañana a Burgos. Para ellos y para los tres ataúdes con los que viajan.

 

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