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NOVEDAD EDITORIAL

Pixar, de empresa en caída libre a leyenda del cine

El antiguo director financiero de la factoría de animación Lawrence Levy explica en un libro cómo una triste compañía de tecnología gráfica se convirtió en un mito cultural

JUAN MANUEL FREIRE
03/02/2018

 

El éxito de Pixar suele explicarse en términos de excelencia técnica, de inspiración artística, de corazón. Pero hizo falta algo más que todo eso para que una empresa que perdía dinero a espuertas se convirtiera en un coloso del entretenimiento. Hizo falta la visión de negocio que aportó Lawrence Levy, un abogado reclutado por Steve Jobs a mediados de los 90 para reflotar la compañía, que había empezado como división de LucasFilm y que Jobs adquirió en 1986 para desarrollar un ordenador gráfico.

En el recién editado 'De Pixar al cielo: Mis años con Steve Jobs y cómo reinventamos la industria del cine' (Deusto), Levy explica con todo lujo de detalles los tensos meses anteriores al estreno de 'Toy story' y la revolución que siguió. Es un libro de economía para un público más allá de la base de suscriptores de 'Expansión': un relato de primera mano sobre cómo se crean las condiciones para que las grandes fantasías del cine se hagan realidad.

En noviembre de 1994, Levy recibió una llamada de Jobs. Pensaba que iba a hablarle de su ambicioso proyecto NeXT, pero quería hablarle de Pixar, una empresa que perdía dinero a espuertas. "No sabía si ir a trabajar con él –nos explica Levy por Skype–, porque su reputación de hombre voluble le precedía. Pero desde el principio tuvimos química. No importaba si siempre estábamos de acuerdo. Jobs no buscaba tener siempre la razón, sino encontrar la respuesta correcta, viniera de quien viniera. Es algo que no suele decirse de él".

UN AUDITORIO OSCURO Y SIN VENTANAS

Sea como sea, el 'no' ganaba en su cabeza en su primer viaje hacia la sede de Pixar en Richmond (California), muy mal comunicada, lejos de todo, con una refinería de petróleo justo al lado. Una vez dentro, su impresión no mejoró: "Lo primero que pensé al poner un pie allí –cuenta Levy– es que esa compañía no podía tener éxito de ninguna manera. Todo estaba hecho polvo, apenas había luz… Muy poco inspirador". Levy sintió escalofríos al entrar en la sala de proyección de Pixar: "Un auditorio oscuro y sin ventanas", escribe en el libro, con "viejos sofás y sillones" como recogidos de la calle. 

Cuando vio el comienzo de 'Toy story', también alucinó, aunque esta vez en el mejor sentido. "Fueron pocos minutos, y sin acabar, pero los suficientes para entender que Pixar podía parecer poco inspiradora, pero que en algún lugar ahí dentro había magia y tenía que saber dónde estaba. No se trataba solo de una tecnología rompedora, sino de una narración rompedora: la forma de tratar la historia y los personajes era especial". 

Como director financiero y vicepresidente ejecutivo, Levy concluyó que, para sobrevivir, Pixar debía concentrarse en las películas, hacerlas lo mejor posible y salir a bolsa. Esto último lo hizo el miércoles posterior al exitoso estreno de 'Toy story'. Al final del primer día, la acción de Pixar se cotizaba a 39 dólares. Eso daba a Pixar un valor de mercado de casi 1.500 millones de dólares y convertía a Jobs en multimillonario. Y, aún más justo, oxigenaba las cuentas de los artesanos de la empresa, quienes habían logrado opciones sobre las acciones de Pixar por mediación de Levy.

EL ANTIGUO WOODY

El equipo narrativo de Pixar no siempre tuvo poder económico, pero siempre tuvo el creativo: ningún miembro de la oficina presidencial –como Levy, sin ir más lejos– podía opinar sobre el desarrollo de las historias. Y hubo crisis. Siempre hubo crisis. "Incluso en 'Toy story', durante un tiempo nos temimos lo peor. El proyecto se canceló temporalmente porque, según Disney, el personaje de Woody no estaba funcionando; era demasiado mezquino y no iba a gustar al público. El equipo narrativo de Pixar pidió una oportunidad y se fue tres semanas a reflexionar. Cuando volvió, la película era otra y Woody era otro y todos los personajes eran otros".

El trabajo de Levy en la empresa duró hasta la venta a Disney en el 2006. En cierto modo, todavía se siente parte de ello: "Cuando veo películas como 'Coco' y otras que han salido desde que me marché, me quedo hasta el final de los créditos para leer los nombres de mis amigos. Todavía hay nombres ahí que conozco y reconozco. Pero me fui a hacer otras cosas con mi vida que también son importantes para mí. Mi trabajo ahora es introducir a otros a las ideas del Camino Medio y la meditación".

 

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