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BURGOS

Resaca literaria

Las visitas de Rosa Ribas, Dolores Redondo y Fermín Herrero alargan durante esta semana el eco de la Feria del Libro

A.S.R.
09/06/2015

 

La fiesta del libro ha terminado, pero la resaca literaria permanecerá esta semana. La visita de las novelistas Rosa Ribas y Dolores Redondo y del poeta Fermín Herrero alarga la jarana de las letras. La autora catalana está emocionada con la oportunidad de descubrir Burgos, una ciudad que no conoce, ni como escritora ni como simple turista, y espera poder disfrutarla a pesar de los compromisos con distintos medios informativos que la aguardan hoy antes de la presentación de su nueva novela, Pensión Leonardo, en el Museo de la Evolución (20.15 horas, entrada libre), en la que se aleja de su conocida faceta de autora de género negro.
La cuenta atrás también se ha iniciado para que el Basajaun, la Inguma o el Tarttalo irrumpan en la librería Hijos de Santiago Rodríguez del Centro Comercial Camino de la Plata de la mano de Dolores Redondo, que llega con su famosa Trilogía del Baztán (El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta) el jueves a las 20 horas.
Y entre la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, a la que Rosa Ribas ha dejado en esta ocasión en tierras teutonas, y la inspectora Amaia Salazar, que sí viajará desde el mágico valle navarro en el que nació, se cuela el poeta Fermín Herrero, cuyo premiado La gratitud no ha ocupado la lista de los poemarios más vendidos en la Feria del Libro por estar agotadas sus existencias. El vate soriano vuelve a la ciudad del Arlanzón tras su paso hace dos fines de semana y otra vez comparte mesa y micrófono con el profesor Pedro Ojeda. Esta vez en la clausura del curso del club de lectura La acequia, que tendrá lugar hoy en el Museo del Libro (20 horas, entrada libre).
Los libros ya han abandonado El Espolón, pero la literatura vive y colea en Burgos.


Rosa Ribas: «El conocimiento puede ser  muy doloroso» 
La serie de la comisaria hispano alemana Cornelia Weber-Tejedor, la trilogía protagonizada por la periodista Ana Martí escrita a cuatro manos con la autora germana Sabine Hofmann o las aventuras de Miss Fifty, una heroína del siglo XXI, encasillan a Rosa Ribas en el género negro, pero la bibliografía de la escritora catalana va más allá de este color y Pensión Leonardo, su nueva novela, halla ahí su sitio, aunque el misterio también recorra estas páginas en las que el paso lo vuelve a marcar una protagonista femenina.
La autora elige la mirada de una niña, Eulalia, Lali, para retratar la emigración del campo a la ciudad de los años sesenta a partir de los huéspedes que pasan por la pensión regentada por sus padres, que han corrido un tupido velo sobre su pasado anterior a este negocio abierto en el barrio del Poble Sec de Barcelona.
«Quería presentar los años de la emigración a las grandes capitales, a la gente que llegó a Barcelona o Madrid buscando trabajo, a esos hombres que trabajaban en las fábricas y cuando se establecían traían a sus familias. Ese telón de fondo justificaba la pensión como escenario. Pero quería hablar de la necesidad que tenemos de narraciones, de poder contar nuestra propia vida, que muestro a través de esta niña a la que le gusta que le cuenten historias, que, además, ella luego transforma y se las cuenta a los demás siendo ella también una narradora», expone Rosa Ribas a través del teléfono.
Observa el doble desarraigo que siente Lali, rodeada de gente que va y viene e ignorante de la historia de su familia. «Los padres le han negado siempre hasta el nombre de los abuelos, pero como es una niña muy curiosa, muy inquisitiva, ella quiere saber y no se conforma con las evasivas que le dan, empieza a hacer más preguntas y como busca encontrará y cuando lo haga, y además aparezca un huésped en la casa que le va a dar muchas respuestas, descubrirá que a veces el conocimiento es muy doloroso».
¿Por qué elige la mirada de una niña, Lali, como anfitriona de esta casa de huéspedes?
«Aporta una visión en un principio más inocente. Es una niña que pregunta, que quiere saber, que tiene esa curiosidad infantil, pero también me permitía contar cuándo acaba la infancia y se pierde la inocencia porque sabes más, porque tomas conciencia de que el mundo no es como tú creías y se recolocan los miedos. Es el cambio de la etapa en la que te crees todo lo que te cuentan los padres y aceptas el mundo tal y como es a la edad adulta, en la que no se acepta tal y como te lo quieren hacer creer», ilustra.
Como Lali, Rosa Ribas nació y creció en una pensión. Esta vivencia fue uno de los detonantes de esta novela. Su abuelo era el propietario de la Pensión Leoncio en Prat del Llobregat -«no tengo mucha imaginación espacial y necesito ver las cosas y ese piso en el que vive la familia es como en el que yo me crié»-. En ese bar, cuenta, aprendió a caminar y escuchó muchas historias de la gente que iba y venía. «Era el escenario ideal para hablar de lo importante que es narrar historias».
Pero ahí se acaban las coincidencias entre la autora y el personaje. La historia de su familia nada tiene que ver con la que se deshila en Pensión Leonardo.
«No quería que se leyera como si fuera la pensión de mi abuelo, aunque sea el que ha dado pie a todo esto, y lo pasé al Poble Sec, un barrio popular, de contornos muy delimitados, que permitía tener este microcosmos que es la pensión y el pequeño mundo en el que se encuentra. Quería evitar que se leyera como una novela autobiográfica porque no lo es y buscaba tocar temas que van más allá como el desarraigo y como es el germen de una narradora que es Lali», advierte la escritora, aunque confiesa que su experiencia personal también ha tenido mucho que ver con ese foco en el desarraigo. Rosa Ribas lleva veinticuatro años viviendo en Alemania. Allí se fue por la curiosidad de aprender la lengua, pero se enamoró de un oriundo y se quedó.
«Es un tema que me toca mucho, estar fuera de tu contexto, aprender a moverte en otro entorno, cómo lo haces, qué significa...», observa sabedora de las distancias que separan su caso del de aquellos emigrantes de los sesenta o el de muchos jóvenes que hoy se ven obligados a abandonar el país por la falta de futuro. Lo suyo fue algo elegido y, «a pesar de toda la nostalgias y las pérdidas, vivo muy a gusto, me quedé por una muy buena razón en Alemania». Lo que no significa que ahora, después de tantos años, la distancia se haga más larga. «Llega un momento en el que añoras mucho y tienes necesidad de venir cada vez con más frecuencia, justamente porque no quiero desarraigarme ni perder los vínculos».
¿Cómo se ve desde Alemania la situación de crisis que vive España?
«Para algunos medios alemanes es muy cómodo volcar la crisis como un problema específico de los países del sur y no ver que también tiene que ver con el norte de Europa. Algunas de las medidas tomadas han sido ya no solo a favor de los países sino de los bancos alemanes y algunos no lo ven con suficiente sentido crítico y proyectan todos los estereotipos del sur, que está lleno de vagos, que se pasan el día durmiendo la siesta... Es muy fácil jugar con estos tópicos culturales, pero cuando estás informada sí te das cuenta de que es una crisis con otros factores y no se trata solo de que aquí no peguemos ni golpe».
Rosa Ribas lo lleva pegando en el mundo editorial desde el año 2006 cuando apareció su ópera prima, El pintor de Flandes. Desde entonces no ha parado.

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