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NOVELA / PRESENTACIÓN EN EL MEH

El valedor de los maestros vidrieros

Gonzalo Giner enciende los focos sobre estos desconocidos artistas en ‘Las ventanas del cielo’ consciente de que «la construcción de las catedrales en la Edad Media nos sigue fascinando»

A.S.R.
20/03/2017

 

(...) Don Fernando de Covarrubias era hombre de linaje y uno de los comerciantes de lana más importantes de Castilla. Además desde hacía siete años era el prior de la Universidad de Mercaderes de Burgos, la institución gremial que agrupaba y protegía los intereses de un selecto grupo de comerciantes dedicados a la venta del preciado vellón.

(...) Las campanas de la catedral de Burgos tocaban a misa cuando don Fernando cerró la ventana del palacio familiar situado frente al soberbio templo y miró a sus dos hijos, y supo que había llegado la hora (...).

La presencia de Burgos se impone en Las ventanas del cielo (Planeta), la nueva novela de Gonzalo Giner, desde las primeras páginas. El autor de El sanador de caballos y El jinete del silencio vuelve a encontrar inspiración en la ciudad.

Si en Pacto de lealtad rescataba el curioso y desconocido episodio de los aviones alemanes que aterrizaban en el aeródromo de Gamonal llenos de bombas y regresaban cargados de perros porque veían en el Perdiguero de Burgos y en el alano al draco, estirpe aria perdida, en Las ventanas del cielo se recrea en el mercado de la lana y, sobre todo, en las vidrieras que iluminan de colores la Catedral y, principalmente, la Cartuja de Miraflores.

«La novela arranca y termina en Burgos, pero en el recorrido de las más de 700 páginas tiene muchísimo protagonismo. El personaje principal es el hijo de un mercader burgalés y la trama inicial se desarrolla en el mercado de la lana de Burgos con Flandes, que a mí me pareció fascinante. El lector encontrará cómo se compraba, quiénes eran los clientes, cómo se transportaba, dónde se lavaba y se marcaba o la importancia del consulado de Brujas, que se dedicaba a defender los derechos de los comerciantes burgaleses», explica Giner, que piropea sin rubor a una tierra «con una cantidad de patrimonio cultural en la que no resulta nada complicado buscar historias».

Ese protagonista, Hugo de Covarrubias, renuncia al destino marcado desde la cuna y abandona su ciudad. Deja atrás a su amiga Berenguela y a su ambicioso hermanastro y se embarca en un ballenero en el que conoce a Azerwan, un esclavo con quien viajará después a África. De allí tendrá que escapar de nuevo y en esa huida se encontrará con su verdadero sino: el arte de las vidrieras.

Y ahí vuelve a aparecer Burgos. «Me hubiera encantado trabajar más las vidrieras de la Catedral, que tienen mucha entidad, pero mientras buscaba documentación aparecieron unas muy especiales, que he ido a visitar varias veces, que son las de la Cartuja de Miraflores, restauradas hace poco y perfectamente conservadas. Con casi más de 500 años, es un conjunto muy insólito en Europa, por el estilo, que es flamenco, y porque es un cambio del tipo de vidriera de las primeras catedrales góticas, con mucha más pintura. Son una joya. El patrimonio de Burgos en este sentido es excepcional y por eso es protagonista principal», ahonda.

En la ciudad con ese ingente patrimonio presenta por primera vez esta novela. Será mañana (20 horas) en el salón de actos del Museo de la Evolución Humana, en colaboración con la librería Luz y Vida, acompañado por la profesora de la Universidad de Burgos Pilar Alonso, autora del libro Las vidrieras de la Catedral de Burgos.

Pero no fue una visita a la Cartuja, ni a la seo Patrimonio de la Humanidad, la que prendió la chispa que le llevó a escribir en torno a este arte. La que lo marcó fue su primera incursión a la Santa Capilla de París.

«Es uno de los primeros templos góticos de Europa y es una barbaridad. Tiene todas las paredes e incluso el ábside de cristal. Vidrieras de colores malvas, azules... Un día que entras con un poco de luz te quedas ensimismado. A mí eso me quedó por dentro y hace tres años, de pronto, me pregunté por qué nadie ha contado nada de las vidrieras y por qué no conocemos nombres de maestros vidrieros con las joyas que hicieron. E intento compensar un poco esas carencias», asegura y cree que ese desconocimiento se debe sobre todo a que estos artistas no firmaban su obra y también a que, por unas cosas u otras, quedan muy pocas.

Advierte, sin embargo, que ese anonimato se rompe curiosamente en la Cartuja de Miraflores. A Niacles Rimbouts, maestro de Lobaina que aparece como un personaje secundario histórico, se le atribuyen diez de los trece vitrales que se conservan.

Y en este contexto se desarrolla «una novela de aventura histórica». Obsérvese, anota Giner, que tiene más de lo primero que de lo segundo «¡Qué nadie se alarme!», resalta.

En esa aventura la voz cantante la lleva Hugo de Covarrubias, «un joven de veinte años que no sabe lo que quiere en su vida, sí lo que no quiere, que es vivir de la ovejas y del mercado de la lana, que es lo que su padre desea». «Veremos un recorrido por muchos espacios geográficos con la aparición de bastantes personajes, muy potentes, que van tejiendo su vida. Esta gente y las circunstancias en las que se encuentra con ella van a ir creando su propia vidriera, la que define el destino para el que está señalado», avanza.

Ambición, iniciación, traición, intriga, amor... alimentan esta historia en la que estando Gonzalo Giner detrás no pueden faltar los animales. Deformación profesional de un autor que compagina la escritura con la veterinaria. Y ahí sobrevuela Aylal, un imponente halcón al que Hugo encuentra en el norte de África, que no es el hábitat natural de su raza. «Ambos se cruzan y por una razón especial que no revelaré deciden compartir su vida durante unos años y el halcón influirá en el protagonista bastante más de lo que uno piensa que puede hacerlo un ave».

Con Las ventanas del cielo, Giner regresa a la Edad Media, una época a la que ya había viajado en su ópera prima. Confiesa su fascinación por este periodo de la historia. «Es una etapa de transición. Me da la sensación de que antes no había casi nada. Se produce el desarrollo de las ciudades, transformaciones sociales importantes, aparece una burguesía, se empieza a viajar más, se cruza gente interesante, se establecen relaciones entre los países... Son momentos épicos. Es la época de las cruzadas y también la de la construcción de las catedrales. Aún hoy nos sigue asombrando como las podían hacer», se explaya el escritor que se cuela en la mentalidad de aquellos artistas en esta nueva novela.

1 Comentario
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Por Ignacio 17:47 - 20.03.2017

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Confío en que haya leído los libro de la profesora Mª Pilar Alonso Abad sobre las vidrieras de la catedral y las Huelgas....

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