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PATRIMONIO

Vida y milagros de Juan de Esparza

La figura de este artista del Renacimiento castellano vuelve a la actualidad gracias a la campaña de Quintanilla de Riofresno para restaurar su retablo, uno de sus mejores trabajos

ALBERTO MARROQUÍN / Burgos
09/03/2019

 

El arte escultórico burgalés tuvo dos mitades muy diferenciadas en el siglo XVI. Si las primeras décadas estuvieron dominadas por dos sobresalientes figuras que influyeron con su maestría y estilo en toda Castilla, Diego de Siloe y Felipe Bigarny, la segunda mitad estuvo huérfana de artistas tan relevantes. Gran parte de los autores de esta época continuaron, hasta bien entrado el siglo, la impronta dejada por estos autores, acérrimos rivales pero que colaboraron juntos en algún encargo, como el excelente retablo de la Purificación de María y Presentación de Jesús de la capilla de los Condestables de la Catedral.

Diego de Siloe abandonó Burgos en 1528. Marchó a Granada donde, además de su labor como escultor, destacó como un decisivo arquitecto del Renacimiento español con sus trabajos en la Catedral granadina y en el Monasterio de San Jerónimo. Bigarny tenía talleres abiertos en varias ciudades y contrataba una ingente cantidad de trabajo por toda Castilla. Finalmente se instaló en Toledo donde falleció en 1542.

A partir de la marcha de estos artistas muchos de sus discípulos y otros imagineros y entalladores venidos de Cantabria y el País Vasco montaron sus propios talleres y absorbieron todos los encargos procedentes de Burgos y la provincia. Nombres como Diego Guillén, Simón de Bueras o Domingo de Amberes comenzaron a firmar obras de notable calidad. Y del obrador de este último pudo salir, con toda probabilidad, el protagonista de esta historia: Juan de Esparza.

Apenas se sabía nada de su figura hasta la publicación de un estudio del recordado catedrático de Historia del Arte de la UBU Alberto C. Ibáñez en 1991. En esta investigación, titulada Algunas obras burgalesas del escultor Juan de Esparza, el profesor Ibáñez hace un intenso recorrido por la vida y milagros de este artista. Como otros tantos aprendices u oficiales oriundos de la Montaña, Esparza se desplazó hasta la Meseta en busca de un lugar donde seguir aprendiendo y buscarse un futuro en la profesión. Y arribó en Burgos, uno de los grandes centros de producción de bienes artísticos del momento.

Según parece, Juan de Esparza se pudo formar en el obrador de Domingo de Amberes, un artista de origen alavés que realizó algunos de los mejores muebles del segundo tercio del siglo XVI en la provincia de Burgos. Ahí están como testimonio los magníficos retablos mayores de San Pedro de Pampliega, San Martín de Isar y San Miguel de Mahamud. En dicho taller trabajaron y colaboraron algunas de las gubias más destacadas de la época. Podemos subrayar a Rodrigo y Martín de la Haya, Antonio de Elejalde, Martín Ruiz de Zubiate, Domingo de Bérriz o al propio Esparza, entre otros.

El gremio de las artes era muy endogámico y eran muy frecuentes los casamientos entre personas cuyas familias se dedicaban a estos menesteres. Esparza, en su caso, contrajo matrimonio con Margarita Muñoz, hija del maestro vidriero burgalés Gaspar Muñoz. Con ella tuvo varios hijos, entre ellos Juan ‘el Mozo’, que también dedicó su vida a la escultura y continuó con la labor de su padre.

Los primeros encargos que salieron del taller de Esparza fueron contratados por pequeñas localidades de la provincia, como Hormicedo y Villanoño. En 1571 finalizó el retablo de Santa Eugenia de Villegas, su primer gran trabajo. Cabe la posibilidad de que esta obra fuese cedida por Domingo de Amberes, que falleció poco después. Años más tarde, en 1575, firmó el retablo de San Román de Quintanilla de Riofresno, creación de suave clasicismo y una apreciable calidad escultórica.

En qué enredos se metería el artista para estar inmiscuido en varias causas judiciales y tener que aceptar todo encargo que llegara a su taller y ofrecer precios a la baja, cualquier dinero era bueno para ir saldando las deudas que le perseguían. Una de las razones que motivaron estos apuros económicos, sino la fundamental, fue la imponente casona que se construyó el matrimonio Esparza Muñoz en el barrio de la Vega, zona de la ciudad donde habitaban gentes pudientes del periodo como el canónigo Francisco de Miranda, Lope Hurtado de Mendoza o los Melgosa, todos residentes en unos palacetes que hoy componen las instalaciones del Museo de Burgos. El precio debió de ser tan alto que se entrampó con la casa y arrastró deudas y pleitos durante mucho tiempo. Incluso cabe la posibilidad de que fuera encarcelado. Finalmente, el matrimonio perdió la vivienda en subasta pública.

Tras arreglar sus problemas económicos y judiciales -a los que dedicó casi diez años de su vida en los que apenas firmó contratos de obra-, reinició en 1586 una ingente labor artística de la que, tristemente, apenas se conservan trabajos. De esta segunda etapa el retablo de San Esteban de Tórtoles de Esgueva es su obra más notable.

Esparza, testigo del pleito del retablo de Santa Clara
Una de las piezas más sobresalientes del Renacimiento castellano es el retablo del monasterio de Santa Clara de Briviesca. Su enorme tamaño así como la excelencia de su arquitectura y escultura le hicieron ganarse el sobrenombre de ‘el Escorial de los retablos’. Fue encargado en 1559 por el condestable Pedro Fernández de Velasco al artista burgalés Diego Guillén. Tras la muerte de este escultor el mueble fue terminado por el taller de Pedro López de Gámiz en 1569.

La calidad y grandiosidad de la obra (casi 25 metros de altura en madera de nogal) elevaron muchísimo su precio. El litigio que se planteó por el pago entre el condestable heredero Íñigo Fernández de Velasco y Gámiz finalizó en un pleito cuyos documentos fueron rescatados del olvido hace unos años por el doctor de la UVa Luis Vasallo Toranzo. En estos legajos, hallados en el archivo de la Real Chancillería de Valladolid, se encontró una importante documentación sobre la construcción del retablo, entre otros datos uno muy relevante: el artífice mayoritario de la escultura fue el tallista azpeitiarra Juan de Anchieta, una de las figuras más sobresalientes del Romanismo español.

Para el proceso, ampliamente estudiado por Vasallo Toranzo en su monográfico sobre Anchieta, fueron convocados en 1572 muchos de los artistas de la época como testigos de las partes. Nombres tan reseñables como Juan de Juni (que declaró en favor del condestable), los hermanos De la Haya o Juan Fernández de Vallejo declararon en la causa. Y allí también estuvo Juan de Esparza, apoyando en su caso a Gámiz. De su presencia en tal juicio se desprende que gozaba de una categoría suficiente para codearse con estas figuras de la segunda mitad del siglo XVI. Además, gracias a este pleito conocemos un apunte vital: su año de nacimiento. «Vezino de la çiudad de Burgos... Quarenta años, poco más o menos», podemos leer. Echemos cuentas: Esparza nació entorno a 1532.


LOS MEJORES TRABAJOS DE JUAN DE ESPARZA EN BURGOS

> SANTA EUGENIA DE VILLEGAS
Una posible ‘herencia’ de su maestro
Los pocos estudios que existen sobre Juan de Esparza coinciden en que, con toda probabilidad, se formó en el taller de Domingo de Amberes. Este entallador de origen alavés es el responsable de algunos de los mejores retablos renacentistas de la provincia. Su obra póstuma, San Miguel de Mahamud, no la pudo acabar al morir durante su construcción. Uno de sus discípulos más destacados, Martín Ruiz de Zubiate, se encargó de terminarlo. Y es posible que lo mismo ocurriera con el retablo de Villegas, que Esparza se quedara con el proyecto, diseño incluido, al no poder asumir el trabajo el obrador del maestro Domingo. Es una hipótesis nada desdeñable. Históricamente se daba a Amberes la autoría de esta pieza artística. Fue el estudio de Alberto C. Ibáñez el que arrojó luz sobre esta cuestión, concediendo a Juan de Esparza la responsabilidad final. Esta magnífica pieza de tres cuerpos, tres calles y dos entrecalles, se acopla perfectamente al ábside poligonal del templo.

Javier Rodríguez Ruiz, de la asociación Puentipiedra de Villegas, destaca que «muchos expertos en Arte se acercan al pueblo a conocer esta obra y se sorprenden por su gran calidad». También señala que «necesita una importante limpieza y consolidar la estructura, la madera es materia viva y esta tiene más de cuatro siglos». Cuenta que tras la reparación el año pasado de las cubiertas y algunos ventanales del templo llegará algún día el momento de afrontar la restauración del retablo de Santa Eugenia.

> SAN ROMÁN DE QUINTANILLA DE RIOFRESNO
Y sí, será restaurado San Román
Roberto Castro, alcalde de Quintanilla de Riofresno, no puede ocultar la alegría que embarga a unos vecinos que están a punto de lograr el dinero necesario para encarar la restauración del retablo mayor de su iglesia. «Ha sido una locura, pero muy satisfactoria», confiesa. La campaña de micromecenazgo, que finaliza mañana domingo y en la cual todavía se puede participar a través de www.hispanianostra.org, ha sido protagonista en todos los medios de comunicación de Burgos y en muchos de ámbito nacional. Durante unas semanas las unidades móviles de periódicos, radios y televisiones han recalado en esta pedanía del ayuntamiento de Sotresgudo para conocer de cerca la entusiasta iniciativa de sus intrépidos vecinos. El eco del proyecto se ha hecho viral en redes sociales, con fotos y vídeos muy imaginativos, algunos de ellos protagonizados por figuras de Playmobil de los que el alcalde de esta localidad es coleccionista. No en vano, uno de los belenes que instalaron en las pasadas navidades para recaudar dinero estaba protagonizado por estos simpáticos muñecos y toda su parafernalia de accesorios.

Como hace 444 años, los vecinos del pueblo serán los que costeen la obra -en este caso la restauración- del retablo de San Román, gracias también a la colaboración de cientos de ‘forasteros’. «En breves fechas nos reuniremos con el arzobispado para comenzar los trámites de la rehabilitación del retablo», adelanta Castro. Ya queda menos para que la joya de Quintanilla de Riofresno vuelva a brillar con la misma luz que le vio nacer.

> SAN ESTEBAN DE TÓRTOLES DE ESGUEVA
La gran obra de madurez de Esparza
Tras librarse de un pesado lastre de deudas y pleitos, Juan de Esparza volvió a recibir encargos de toda la provincia a partir de 1585. En menos de seis años su taller de Burgos produjo once retablos para varias localidades, de los cuales se han perdido la mayoría. La mejor pieza de esta última etapa de la carrera de Juan de Esparza es, sin duda, el retablo de San Esteban de Tórtoles de Esgueva, cuya escultura se finalizó entorno a 1590. Se estructura en cinco calles y tres cuerpos más predela. La calle central cuenta con un tabernáculo de gran talla -de similares trazas al de Villegas-, la imagen de bulto del titular del templo, San Esteban, y en la zona superior la Ascensión de María, imagen muy influenciada por los modelos manieristas de la época.

Además de varias tallas, el retablo cuenta con seis tablas pictóricas en las calles exteriores, obra de Juan de Cea, y cuatro en la predela, realizadas por Tomás de Haro, que también se encargó del dorado y policromado del mueble.

Esta pieza fue restaurada en el año 1990 por la empresa AVA de Valladolid bajo la dirección del doctor en Bellas Artes Luis de la Fuente. «El retablo estaba en mal estado, con mucha suciedad», comenta al recordar aquella tarea realizada hace casi treinta años. «Pero durante el proceso de restauración todo el equipo fuimos admirando de cerca la belleza de las imágenes y la policromía de la obra que teníamos entre manos. Este trabajo de Juan de Esparza es un buen ejemplo de las magníficas obras de arte que se hacían en Castilla en el siglo XVI».

 

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