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Exposición

¿Y tú me lo preguntas? Dibujo eres tú

La Academia Provincial celebra 222 años de historia con una colección de 63 obras de 26 artistas que, salvo uno, han pasado por las aulas del paseo del Espolón desde el siglo XVIII a la actualidad. En el Consulado hasta el 4 de noviembre

A.S.R.
10/10/2018

 

La Academia Provincial de Dibujo cumple 222 años. La evocadora imagen de los tres patitos se dibujó en la mirada de su director, Carlos Sáez, y los ojos se le hicieron chiribitas. Esa fecha de tan bellos trazos bien merecía una exposición. Y qué mejor hilo argumental que el dibujo. La esencia del aprendizaje en el centro desde su nacimiento en 1796. El resultado es una colectiva que reúne 63 obras de 26 artistas que han pasado por estas aulas -salvo Modesto Ciruelos, que aparece por su vinculación con la Diputación- que ocupa la sala del Consulado hasta el 4 de noviembre.

«La academia se fundamentó en el aprendizaje de los jóvenes para los oficios y en todos los artesanales y para todo tipo de arte el dibujo es fundamental», sostiene el director y comisario de la exposición al tiempo que reivindica el lapicero como herramienta básica.

222 años dibujando se estira como un viaje en el tiempo. El visitante pasa de la atmósfera sepia en la que se deja envolver en una primera parte, con escenas costumbristas, retratos y paisajes, protagonizada por los alumnos más antiguos y ya muertos, a una más luminosa, sin abandonar el blanco y negro, con miradas abstractas, geométricas y hasta un punto surrealistas, de artistas que viven ahora el pleno apogeo de sus carreras.

La muestra acerca el trazo de nombres propios desconocidos para el gran público como León Camarero y Malcorra, del que es el dibujo más antiguo, de 1887; Manuel Izquierdo, con una aguada de tinta negra que retrata a una segadora; Mariano Pedrero, con un paisaje urbano; Alberto Retes, que tuvo su propia academia en Burgos y vivió sus últimos años en Málaga; o Leoncio García, padre de Román y hermano de Fortunato Julián, con unas notas maravillosas, que cuando se decidió a estudiar Bellas Artes en Madrid se quedó fuera por tener un año más de la edad permitida. También redescubre a grandes pintores como Marceliano Santa María, con seis dibujos que nada tienen que ver con los paisajes castellanos, escenas costumbristas o fastuosas pinturas históricas que exhibe su museo, de donde proceden estos grafitos.

Aparecen firmas imprescindibles en la historia del arte burgalés, con independencia del tiempo que cruzaron la puerta de la Academia Provincial, como Isidro Gil, con dos inocentes plumillas; Evaristo Barrio, Luis Manero, del que se deja atrás sus conocidos paisajes para escoger a un hombre leyendo y a unos mineros; Jesús del Olmo, el citado Modesto Ciruelos, Luis Sáez, Juan Antonio Cortés, Felipe de Abajo, con tres grafitos de Segovia, Madrid y Burgos, o Román y sus eternos y pícaros retratos.

Ese aire vintage, con la mayoría de los fondos procedentes del Museo de Burgos, se diluye cuando se adentra el público en el apartado de artistas vivos.

Se abre un abanico compartido por Néstor Pavón y su onírico mundo; Milagros Casado y sus grafitos al detalle; José Luis Galán, con dos dibujos de este mismo año; Cristino Díez, que se zambulle en el mar; Juan Manuel Criado y su personal universo; Fran Herreros, con dos dibujos de sugerente título (El pintor silencioso y ¿Quién teme a la pantera rosa?), que destilan ironía, ternura y juego; María Gómez Pereda y su abstracción imponente; Juan Martín Oña y Elvira Mateos, con sus respectivos autorretratos; Sandra Rilova y su pincelada crítica; y Carlos Sáez, el anfitrión, con su reconocible trazo.

Miles de personas hicieron sus pinitos en este lugar. En 222 años dibujando son todos los que están, pero no están todos los que son. Segundas partes siempre pueden ser buenas. Y la poesía no es exclusiva de los tres patitos.

 

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