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BALONCESTO / Adecco LEB Oro

Los destellos iluminan al Autocid

El cansancio pasa factura al cuadro local, capaz de madurar el éxito frente a Lleida a base de intensidad y arranques de calidad


28/03/2011

 

AUTOCID FORD    80
CIP LLEIDA    68

Autocid Ford: Lorant (14), Downs (8), Tillman (12), Marcus Vinicius (12), Mena (8) -quinteto inicial- Rai López (5), Chus Castro (-), Manu Gómez (8), Baldo (5), Albano (8).
CIP LLeida: Moncasi (6), Rubio (15), Mohamned (28), Guzmán (-), Curtis (4) -quinteto inicial- Dani Pérez (6), Jorge (2), Martin (7), García (-).
Arbitros: González y Guillán.
Eliminados: No hubo.
Parciales: 17-19; 40-37 (descanso); 65-54 y 80-68 (final).

DIEGO ALMENDRES / Burgos
Hay muchas formas de ganar y lo bueno de este Autocid es que conoce la fórmula de todas ellas. Igual domina el juego de principio a fin como se impone (o pierde el partido) en la última posesión. Se adapta a la situación tal y como llega. Incluso, como ayer, dispone de argumentos suficientes para desactivar al Lleida en una tarde resuelta a partir del tercer cuarto.
Tres partidos le restan al cuadro burgalés para cerrar una Liga Regular histórica. Tiene ganas de emociones fuertes pero, de momento, se conforma con tomarse pequeños respiros a base de victorias. Y es que el calendario y las circunstancias acumuladas durante el año comienzan a pasar factura a un bloque burgalés sin esa chispa que define su idiosincrasia natural sobre el parquet.
Ya llegará lo bueno, pero este equipo siempre está preparado para competir porque no baja un punto su intensidad, independientemente de que el fuelle sólo permita protagonizar algunos arranques de calidad. De momento, suficientes para vencer a equipos como Lleida.
Ayer, tardó en coger el hilo al partido el conjunto burgalés. Aunque a la larga le beneficiara este intercambio de golpes, ese no era el camino más adecuado para cortar las alas a un rival al que dio vida en un arranque marcado por las imprecisiones protagonizadas en los dos lados de la cancha.
Ya fuera en la transición, en el lanzamiento o en el control del ritmo, lo cierto es que el conjunto local no enlazaba dos acciones positivas. La sensación colectiva es que los azules eran mejores, una premisa que no se traducía en el marcador. Ni siquiera las numerosas segundas opciones disfrutadas en el rebote ofensivo tranquilizaban a un Autocid fallón en situaciones ventajosas cerca del aro. A su forma, Lleida sacó provecho de la situación y, pasito a pasito, ganó enteros en su juego. Y eso que no era fácil para la escuadra catalana afrontar un partido en el que no pudo contar con Ambres y en el que Guzmán, su base titular, cayó lesionado a los seis minutos con 11-7 en el marcador.
Ni por esas se entonaron los pupilos de Casadevall, hipnotizados por un momento, cuando Mohamned se sacó de la chistera ocho puntos de forma consecutiva. Autocid estaba obligado a entonarse cuanto antes para evitar una vuelta de tuerca en la sublevación visitante, pero únicamente Lorant y la energía de Marcus Vinicius daban respuesta a esa necesidad en un primer cuarto en el que, a pesar de todo, los locales sólo cedían por 17-19.
La defensa zonal se le atragantaba a un Autocid deseoso de ganar consistencia en su juego. Mohamned seguía tirando de los suyos y la goma no dejaba de estirarse (18-23) y encogerse (27-27) a seis minutos para el descanso.
 El equipo de Casadevall daba muestras de mejora en su juego de la mano de Rai en la dirección y de Albano en el lanzamiento, una sensación que Lleida se encargaba de eliminar a las primeras de cambio (36-33). En el momento en el que los locales asomaban la cabeza, respondían los visitantes, capaces de exprimir al máximo cada error azulón hasta llegar al descanso con un 40-37 vital en sus aspiraciones.
Después de 20 minutos extraños, había llegado el momento de Autocid. El cuadro de El Plantío no podía conceder más margen de maniobra a un adversario mermado pero con las ideas claras. Eran los locales los que debían asfixiar al Lleida, pero Rubio, Mohamned y compañía tenían otros planes a pesar de las cuatro faltas que acumulaba Curtis a 16 minutos para el final del choque (45-42).
Parecía imposible poner asas a un partido empeñado en instalarse en la locura. En esas, Autocid por fin impuso su criterio y, punto a punto, cimentó un colchón que resultó definitivo. La defensa ayudó a un equipo local dominador del rebote y capaz de serenarse en tareas ofensivas. El arranque de 10-0 puso a Lleida al borde del KO y a los burgaleses a las puertas de una nueva victoria en su andadura liguera (55-42).
Con esta situación, sólo Mohamned podía cambiar el rumbo del partido en perjuicio de un Autocid obligado a mantener el pie en el acelerador. Y es que el exterior salió al rescate de los suyos para protagonizar un último arreón (59-52) controlado por los jugadores de Andreu Casadevall al final del tercer cuarto (66-54).
El encuentro estaba resuelto. No tanto por diferencia, en muchas ocasiones remontada, sino porque Lleida no disponía de las armas para intentarlo con convicción y garantías. Así, Autocid entendió el mensaje involuntario que le marcaba el rival y, con poco, la diferencia esta abocada a crecer. El 74-57 a falta de 5:30 marcaba la rendición de los blanquillos y el asunto sólo podía favorecer los intereses de un cuadro local más relajado. Precisamente, esa bajada del ritmo en ataque era oxígeno en los pulmones visitantes de cara a un sprint final estabilizado.
Sea como fuere, los locales agradecían el fin de las hostilidades. La maquinaria necesita un respiro y un chequeo antes de afrontar la fase decisiva del curso. Por delante, tres semanas para recuperar esa frescura que hace del Autocid Ford un equipo temible y uno de los nombres a seguir en la próxima fase de ascenso. Mientras tanto, las victorias hacen el cansancio más llevadero.

 

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