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Sales fundidas para ‘borrar’ residuos nucleares

Un grupo de la UVA estudia la viabilidad, diseño y desarrollo de estrategias de separación de tierras raras y de la descontaminación salina / Reciclar los productos sirve para la fabricación de materiales como imanes permanentes

E. L. 29/11/2016

Son muchos los pueblos que conviven con basura radioactiva, la mayoría de ellos se resigna pero quiere al menos que las contraprestaciones se hagan notar. La instalación de cementerios nucleares se vende como una lotería con más ventajas que inconvenientes. Sin embargo, cada vez que un almacén sobrevuela un nuevo emplazamiento y las protestas se acentúan se vuelve a plantear una duda recurrente: ¿qué hacer con este tipo de desechos?

Aún no se ha inventado la fórmula para tirar de la cadena y que se vaya todo por el desagüe, sin contaminación y consecuencias nefastas para el medioambiente. No obstante, el grupo de Química Analítica y Electroquímica de Materiales de la Universidad de Valladolid (UVA) trabaja en una línea de investigación para reducir la toxicidad de los residuos radioactivos que consiste en la separación de un grupo de elementos denominados tierras raras (lantánidos más itrio y escandio) de otro grupo denominado actínidos –unas sustancias presentes en los combustibles nucleares irradiados–. «Se requieren estudios sobre el comportamiento de ambos grupos y el proyecto que nosotros desarrollamos está relacionado con la puesta en disolución de los combustibles, la extracción selectiva de tierras raras frente a los productos de fisión y el reciclaje de la sal fundida o el líquido iónico tras varios ciclos de reproceso, mediante la extracción de los productos de fisión acumulados», explican los investigadores Enrique Barrado y Yolanda Castrillejo.

Su labor se centra en la adquisición de datos que permitan el estudio de la viabilidad, diseño y desarrollo de las estrategias de separación de estos metales y de la descontaminación salina. Por otro lado, manifiestan que es «muy importante» la recuperación de tierras raras ya que, tal y como señalan, son necesarias para la fabricación de materiales funcionales, tales como imanes permanentes utilizados en los motores de los vehículos eléctricos, híbridos, altavoces de los teléfonos, etc. «El interés en la obtención de las tierras raras radica en la desigual distribución de estos elementos, de tal modo que en 2011 China tenía el 50% de las reservas de tierras raras y producía más del 97%».

Barrado y Castrillejo aclaran que el proyecto trabaja con sales fundidas a temperaturas del orden de 500 grados centígrados y atmósfera inerte. «Estorban el agua y el oxígeno, presentes en la atmósfera, por lo que las condiciones de trabajo son complicadas y requieren un cuidado extremo, además es necesario la utilización de cloruro de hidrógeno para solubilizar los óxidos y oxicloruros», detallan los investigadores de la UVA, quienes aseguran que se trata de una vía sin explorar y que, en principio, es «prometedora».

Eso sí, avisan de que «aunque tampoco será posible una separación sencilla de los grupos de lantánidos y actínidos, sí que será probable formar compuestos intermetálicos, aleaciones... que se pueden separar y en su caso extraer alguno de ellos».

Dicen que uno de los principales problemas de la energía nuclear reside en la gestión de sus «voluminosos y altamente» contaminantes residuos, que además son «muy complicados» de eliminar. Por ello, existe un interés a nivel mundial en el desarrollo tecnológico de un nuevo ciclo del combustible nuclear. «En estos momentos más que ahorro lo que se requiere es inversión», afirman. Y que es, según sostienen, los residuos ya se han generado –y se siguen generando–, y todo el mundo tiene el mismo problema con ellos, de modo que reducir su toxicidad sería «un gran ahorro medioambiental» y será «un enorme negocio» para quien lo consiga.

El proyecto, cuentan, surgió en el año 1999 cuando el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) se puso en contacto con estos investigadores de la UVA, ya que eran los únicos en España que trabajaban en electroquímica en sales fundidas. A través de una subcontrata con dicho organismo entraron a formar parte del proyecto PYROREP de la Unión Europea.

En la actualidad estos estudios se han extendido a los líquidos iónicos, un nuevo medio considerado química verde. «Estos líquidos permiten operar a temperatura ambiente, en lugar de los 500 grados de las sales fundidas, con el consiguiente ahorro energético». Además, Barrado y Castrillejo indican que pueden sustituir a los disolventes orgánicos que son «más volátiles y tóxicos». También son más solubles en agua y por tanto sus contaminantes se pueden eliminar mejor.

El grupo cuenta con financiación de la Junta de Castilla y León y con la colaboración de investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (México) y de la Universidad de Porto (Portugal).