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Cortar jaras para producir más boletus

Una investigadora de la UVA apuesta por el potencial económico de los jarales / Propone un método de gestión para la jara pringosa con el que se incrementa la producción de boletus y se reduce el riesgo de incendios

A. ÁLVAREZ 13/12/2016

Tradicionalmente la mala fama ha perseguido a los jarales. Estos matorrales que están en todas partes y salen de una manera muy fácil y con gran rapidez en terrenos agrícolas abandonados, en zonas quemadas, o en pastizales con poca presencia de ganado, se han considerado siempre como ecosistemas improductivos y nunca se les ha dado valor.

Dispuesta a acabar con este mito, la ingeniero Forestal y de Montes, María Hernández, ha dedicado cuatro años al estudio de estos ecosistemas y ha demostrando que gestionados de una forma eficaz pueden tener un rendimiento económico importante.
Sus ensayos se han centrado en la jara pringosa que abunda en la comarca zamorana de Aliste y que está ligada a la producción del tan codiciado boletus edulis, que normalmente se busca en grandes bosques de robles, hayas, castaños y pinos, pero que también sale de forma natural asociado a las jaras, y sobre todo a la jara pringosa o cistur ladanifer.

En colaboración con la Cátedra de Micología de la UVA, que lleva recogiendo datos en la zona desde el año 2001, María Hernández decidió estudiar el comportamiento de los jarales, evaluar distintas técnicas de manejo, y ver «cómo gestionarlos» para producir más boletus y sobre todo para reducir el riesgo de incendios. Y es que las jaras, que crecen mucho y muy deprisa, son matorrales pirófitos y siempre se acaban quemando, bien de manera natural porque tiene una inflamabilidad muy grande, bien de forma accidental o bien de forma provocada, con lo que supone de riesgo de incendios.

Para evitarlo la investigadora ha encontrado una forma de regenerar el matorral sin necesidad de quemarlo. Un modelo pionero basado en una solución sencilla y económicamente rentable porque basta con cortar el matorral cuando tiene entre 18 y 20 años para «maximizar el beneficio obtenido con el aprovechamiento de boletus» y a la vez disminuir la cantidad de combustible que hay en el monte para prevenir incendios.

Para llegar a estas conclusiones ha estudiado todo el ciclo de la jara, realizando muestreos durante cuatro años. Con los datos obtenidos se han elaborado unos modelos estadísticos que permiten «predecir» la evolución de la producción a lo largo del tiempo en función del clima y la fecha de la última corta o el último incendio. «Sabíamos que la producción de boletus bajaba cuanto más viejo fuera el jaral, pero hemos sido capaces de cuantificar el punto en el que se inicia ese descenso», explica. Estos modelos, –realizados en colaboración con investigadores expertos en modelización de la University of Eastern Finland–, determinan que la producción de boletus va bajando a partir de los 18 años, justo cuando la densidad del jaral va aumentando y cuando el riesgo de incendio aumenta. Y que por tanto «lo más rentable es cortar cuando la jara tiene entre 19 y 24 años de edad».

Pero además se realizó un estudio económico en colaboración con el experto en Economía Forestal, Luis Díaz Balteiro, que determina la rentabilidad de los jarales y el momento óptimo para cortar de forma que se «maximice el beneficio económico obtenido». Se concluyó que las jaras empiezan a producir boletus a los cinco años, dan su producción máxima a los 12-13 años y empieza a decrecer la producción a partir de los 18-20, momento en el que se recomienda la corta. Datos muy útiles si se tiene en cuenta que, en años buenos, las jaras pueden producir más de 100 kilos de boletus por hectárea, que pueden alcanzar los 30 euros kilo en el mercado.

Además los ensayos realizados demostraron que la producción de boletus es más alta después de cortar que después de quemar. De hecho, aunque sea difícil cuantificar ese aumento, ya que depende de muchos otros factores, podría hablarse de más de un 10 por ciento de incremento de la producción. No ocurre lo mismo con la diversidad, que aumenta más cuando se quema.

Con todos los datos se concluyó que el modelo de gestión idóneo para estos matorrales consiste en cortar las jaras cada 20 años, pero haciendo «una gestión en mosaico», alternando tratamientos (cortas y quemas) y edades, de forma que se mantengan algunas zonas viejas para que haya más diversidad. Una solución fácil y económica ya que las cortas se hacen de forma mecanizada con un tractor y una desbrozadora y luego solo hay que esperar que la especie rebrote por sí sola. Además cortando se puede aprovechar la biomasa, a la que cada vez se da más importancia económica, ya que se puede convertir en pellets. «Lo ideal es hacer una corta total de manera mecanizada cada 20 años y en algunas zonas puntuales realizar pequeñas quemas para mantener la diversidad», concluye Hernández.

Un modelo de gestión que no tiene ningún inconveniente. Ya que incluso se ha demostrado, evaluando todas las especies de hongos que hay en el suelo, que estos tratamientos no causan ningún impacto negativo sobre el ecosistema y que por tanto «se pueden hacer cortas y quemas de una manera continuada en el tiempo».

Las pruebas se han realizado en la comarca de Aliste. Pero vistos los resultados, este tipo de gestión se quiere aplicar a toda la cuenca mediterránea y ampliar a otras especies de jara que también son productoras de Boletus y que están distribuidas en todo el Mediterráneo, Extremadura, oeste de Andalucía y oeste de Castilla y León. «Si conseguimos dar un valor añadido a este ecosistema que está en todas partes, salde de manera muy fácil y no tiene un mantenimiento muy costoso. Y conseguimos que produzca hongos como los boletus, muy bien valorados, habrá un beneficio muy importante para la población de estas zonas rurales», concluye la investigadora.