El Correo de Burgos | Lunes, 24 de septiembre de 2018

Una ‘prueba’ que determinala amputación

La UVA y el Clínico desarrollan una escala para predecir el riesgo quirúrgico en pacientes que padecen isquemia crítica

E. L. 10/01/2017

No tenía buen pronóstico. Sufría isquemia crítica de las extremidades inferiores. A este diagnóstico demoledor se sumaba diabetes, colesterol, hipertensión y un cáncer de mama superado hace cuatro años, además de 80 años a sus espaldas. Su principal salida era la revascularización –una técnica que permite aumentar la sangre que llega al pie y evita las amputaciones por encima del tobillo en el 90% de los casos–, sin embargo, las posibilidades de soportar una intervención de estas características eran prácticamente nulas. Los peores presagios se cumplieron y, al final, hubo que amputar para salvar su vida. ¿Qué hubiera pasado si una herramienta objetiva hubiera estimado que la operación no iba a ser satisfactoria? El camino sería más fácil, ya que los especialistas tendrían un elemento clave en la toma de decisiones.

Desde hace unos meses, la tienen. Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid (UVA) y del Hospital Clínico Universitario de Valladolid han diseñado una escala para medir el riesgo quirúrgico de pacientes que sufren isquemia crítica, una enfermedad grave que se presenta cuando se produce una disminución progresiva del flujo sanguíneo en las extremidades inferiores, de tal forma que pueden resentirse tanto su función como su supervivencia. Cuando los síntomas se producen en reposo, la única técnica para evitar la amputación es la revascularización, pero no siempre es posible porque, en ocasiones, los enfermos se hallan en una situación complicada para soportar esta operación.

Así, los profesionales se encuentran con la disyuntiva de resolver qué pacientes que sufren isquemia crítica se pueden beneficiar de esta técnica ya sea por cirugía endovascular o por cirugía abierta convencional, colocando un bypass para crear la ruta alternativa al flujo sanguíneo. Es verdad, reconoce Carlos Vaquero, jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Clínico y coautor del trabajo, que existen otras escalas de riesgo, pero «son muy complejas», lo que limita su aplicación. «La diferencia de ERICVA –así se llama la herramienta– con el resto es la aplicabilidad y la justificación que tiene desde el punto de vista práctico», precisa el doctor, quien comenta que surgió de la necesidad que el facultativo tiene de seguir un criterio «homogéneo» que huye del azar y de la intuición.

El funcionamiento, según cuenta, es «sencillo». Utiliza una serie de parámetros biológicos fáciles de obtener, que permiten valorar la situación del paciente y determinar si se puede someter al tratamiento o no, destaca Vaquero. Para ello, este equipo vallisoletano realizó durante cinco años un estudio en el que se analizaron 672 casos, que fueron vigilados posteriormente un promedio de 778 días. «La supervivencia libre de amputación fue del 84,8% a los 30 días y del 63,1% al año».

Entre las variables que los médicos toman en consideración antes de comunicar su decisión son, entre otros, recibir diálisis, haber sufrido un cáncer en los cinco años anteriores, una proporción de neutrófilos/linfocitos mayor a cinco, encontrarse en la categoría seis de la clasificación de Rutherford para la enfermedad arterial periférica y un nivel de hematocrito menor al 30%.

«La escala ERICVA posee una buena capacidad predictiva que nos permite determinar el fallecimiento o amputación en el ámbito clínico, la cual ofrece mejores resultados que las puntuaciones de otras escalas», sostiene el catedrático Carlos Vaquero. En este sentido, asegura que las principales ventajas con respecto a las otras cuatro herramientas existentes son la precisión, la fiabilidad y que está adaptada al perfil de los pacientes españoles.

Desde su creación, la utilizan en todas las personas que pasan por su servicio formado por una plantilla de 18 cirujanos. Al año, estima, que la usan en alrededor de 300 pacientes, el 20% de los casos que atienden en el departamento, en el que cada doce meses suman 10.000 enfermos más. Y es que, tal y como indica Vaquero, «nuestros pacientes a diferencia de otras especialidades son de por vida». El Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Clínico atiende a toda la población de Valladolid, Segovia y Palencia. En total, 900.000 habitantes.

Aunque la principal fortaleza de la herramienta es estimar qué pacientes podrían beneficiarse de la revascularización, también supone un ahorro para la sanidad. «Lo más importante en la vida de una persona es la salud, pero hay que tener en cuenta que los recursos son limitados y tenemos que adecuar su uso de forma racional», sostiene.

El sistema está basado en la tesis doctoral de José Antonio Brizuela. Con el fin de promover su conocimiento, los científicos vallisoletanos han difundido la escala a nivel nacional, a través de la revista Angiología, el medio de difusión de la Asociación Española de Angiología y Cirugía Vascular; a nivel iberoamericano, mediante la Revista Iberoamericana de Cirugía Vascular; y a nivel internacional en la revista European Journal of Vascular and Endovascular Surgery, así como en congresos internacionales. La intención del equipo multidisciplinar es que llegue al mayor número de especialistas posibles. De momento, dice que desconocen el alcance que ha tenido, por este motivo, no descarta en un futuro realizar un estudio para pulsar el nivel de acogida.