El Correo de Burgos | Sábado, 22 de septiembre de 2018

12:47 h. PERFIL

«En el campo hace falta constancia y probar»

Laureano y Miguel García Rico son hermanos, agricultores e innovadores / Apuestan por el futuro del campo con «incertidumbre»

M. CALLEJA 06/02/2017

Son hijos y nietos de agricultores. Laureano y Miguel García Rico, de 47 y 41 años de edad respectivamente, son dos hermanos vallisoletanos, naturales de Bercero, que han «mamado» el campo desde niños, como les gusta decir.

Preocupados por el sector agrario y, especialmente, por su futuro, son muy conscientes del «esfuerzo» que supone sacar una explotación adelante. Aunque siempre tuvieron claro que el campo sería su forma de vida, empezaron haciendo labores a terceros. Todo arrancó, como recuerdan ambos, con una explotación pequeña, que después ha ido creciendo en secano y regadío. Actualmente cuentan con parcelas en Bercero y alrededores.

Miguel asegura que siempre le ha gustado el campo, e incluso echa la vista atrás para recordar cuando con apenas siete u ocho años iba a las tierras con su padre, en el tractor. Los dos hermanos siempre han participado en las labores agrícolas familiares en la medida en la que han podido desarrollar esta actividad.

Un trabajo que exige, en su opinión, «constancia». Un valor obligado y necesario en el campo, que desde niños les ha transmitido su padre, Marcelino, que ahora tiene 75 años. Incluso, hoy en día, afirman que su progenitor les sigue asesorando aún. «Tiene su todo terreno, va al campo y nos comenta lo que piensa, seis ojos ven siempre más que cuatro», destaca el hermano mayor.

Precisamente Laureano es, si es que se puede decir así, el hermano más mediático. Es un agricultor muy activo en las redes sociales, en cuyos foros le gusta participar para «estar al tanto de las novedades», además de haber recibido varios premios por su carácter innovador.

Un extremo, el de las redes sociales, en el que no coincide con su hermano Miguel, que asegura no tener ninguna cuenta activa.

Ambos hermanos mantienen en sus tierras cultivos tradicionales como la patata, la remolacha, el trigo, la cebada o el girasol, aunque no han dudado también en introducir otros menos conocidos, pero con alto valor añadido en el mercado. En sus parcelas siembran también maíz dulce, nuevos guisantes, judía verde, lavanda, tritordeum, espelta o adormidera, como nuevas apuestas de futuro.

Al menos, esa es la idea a la hora de diversificar y rotar cultivos. Y es que, como afirma Laureano, «hay que probar y ver si resulta interesante», siempre teniendo claro que «no es bueno tener todos los huevos en la misma cesta».

De su explotación familiar viven y dependen dos familias, además de otros obreros eventuales en momentos como el arranque de patata. Por cierto, respecto a este sector, los hermanos García Rico consideran que hay que dar un «empujón» a la Interprofesional de la Patata de Castilla y León. Ellos ya han ratificado su apoyo al sector productor, necesario para que la Junta reconozca finalmente este nuevo instrumento.

Laureano y Miguel miran al futuro con cierta «incertidumbre», y «preocupados» por los bajos precios. Además, advierten que «las previsiones no son nada halagüeñas». El mercado de los cereales, lamentan, «no se mueve», y eso hace que estemos «en el umbral de la rentabilidad».

La remolacha forma parte también de su explotación. En las próximas semanas comenzarán las siembras de cara a la nueva campaña sin cuotas. No creen que el agricultor vaya a aumentar mucha superficie este año, ya que insisten en que «los costes son muy altos» y el precio «está cogido con pinzas». De hecho, subrayan que si fallan las «compensaciones», así les gusta definir las ayudas que reciben por parte de la administración, habría un problema. Ellos abogan en este momento por mantener la superficie actual, es decir, entre ambos, 22 hectáreas de remolacha.
Laureano y Miguel creen que la percepción de la sociedad sobre el sector agrario «está cambiando». Cada vez se valora más su labor, aseguran. Los cambios de cara a la nueva PAC les «preocupa», aunque «igual que a todos». Lamentan, eso sí, que muchas veces esa compensación de precios a los productos es «lo que le queda cada campaña al agricultor».

Agradecen las lluvias de la última semana, aunque saben también que es pronto para augurar o no una buena cosecha. Los agricultores, dicen, «tienen los pies en el suelo», conscientes de que «cada año viene de una manera y hay que guardar para cuando no haya». A pesar de las dificultades, miran al futuro con «optimismo» y piden incentivos y mejoras en servicios para que la despoblación no arrase con el medio rural. En Bercero están censados unos 225 habitantes, aunque «no hay muchos jóvenes». El relevo generacional en el campo llega, a su juicio, si hay base familiar, si no «es impensable».