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Medidores del riesgo de las prótesis aórticas

El Clínico estudia las infecciones en los implantes del corazón para saber qué pacientes tienen más riesgo y cuál es el mejor tratamiento

E. L. 14/02/2017

Reemplazar una válvula aórtica sin tener que operar a corazón abierto pasó de ser un sueño a convertirse en una realidad hace unos años. Los cardiólogos cambiaron de modus operandi, a la vez que buscaban nuevas ideas para mejorar el método. Un método que consiste en la colocación de una prótesis a través de catéteres –pequeños tubos– que se introducen por las arterias y venas del cuerpo sólo con anestesia local. Pero ¿qué pasa en el organismo cuándo un cuerpo extraño pasa a formar parte de él de la noche a la mañana? En la mayor parte de los casos, no sucede nada, sin embargo, existe el riesgo de que se infecte y provoque la muerte del paciente.

Por este motivo, el grupo encabezado por Ignacio Amat, cardiólogo intervencionista del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, ha desarrollado un proyecto que analiza de forma sistemática y «por primera vez» con qué frecuencia ocurren infecciones de las prótesis aórticas implantadas a través de catéteres para determinar qué pacientes tienen más riesgo de que esto ocurra y cuál es la mejor forma de tratarlo. «El estudio tiene gran relevancia porque cuando esto ocurre en el corazón provoca un riesgo de muerte muy elevado, al menos uno de cada dos casos fallecen», apunta.
El trabajo de investigación ha implicado a más de 20 hospitales de todo el mundo coordinados por el equipo vallisoletano ya que, según comenta, de manera individual un sólo centro «jamás» tendría capacidad para extraer datos concluyentes.

«Nuestro objetivo como médicos e investigadores es ayudar a los pacientes. Aunque el implante de prótesis a través de catéteres ha supuesto una revolución y ha disminuido los problemas que causaba la cirugía que se empleaba antes, siguen existiendo riesgos y este proyecto busca disminuirlos», expuso Amat.

En su opinión, la innovación radica en dos cuestiones. La primera profundiza en el análisis de esta intervención, ayudando a definir aspectos de la técnica que aún están poco claros como por ejemplo cuál es el mejor dispositivo a implantar, qué tipo de anestesia tienen que usar los profesionales y otra serie de medidas a aplicar durante el tiempo que el paciente esté en el hospital. La segunda analiza «por primera vez» a nivel mundial las infecciones cardiacas de este tipo de dispositivos y determina factores que se pueden corregir para disminuir el riesgo de que este problema ocurra.

El cardiólogo destaca que las enfermedades en las válvulas del corazón necesitan detectarse y tratarse de forma precoz. «Cuando no se tratan a tiempo o si el resultado de la intervención no es el adecuado, esto conduce al fallo cardiaco, que afecta al 1-2% de la población y ocasiona una mortalidad superior a la causada por el cáncer, aunque quizá sea menos conocido».

Amat indica que los principales hallazgos novedosos son realizar las intervenciones sólo con anestesia local para evitar las infecciones de la prótesis. «El hecho de dormir e intubar al paciente parece exponer a mayor riesgo de infección quizá por una movilización de las bacterias que todos tenemos en la boca y faringe», considera el doctor burgalés y añade que el uso de un tipo de prótesis «parece» asociarse más a esta complicación. En este sentido, manifiesta que «la mayor parte» de las complicaciones son consecuencia de manipulaciones médicas posteriores, incluyendo estudios digestivos mediante endoscopia o intervenciones dentales. Por tanto, recomienda extremar las precauciones de asepsia en este tipo de operaciones y no olvidar administrar antibióticos de forma profiláctica antes de realizarlas.

El proyecto comenzó en 2011. Por aquel entonces este equipo se dio cuenta de que sabían poco de esta complicación cuando uno de los primeros pacientes tratados mediante prótesis a través de catéter presentó una infección en la misma. Para intentar resolver el problema iniciaron una ronda de contactos con muchos investigadores de otros centros recogiendo casos similares, estudiando las imágenes de las pruebas realizadas, sus análisis, entre otros y buscando puntos en común que permitan saber qué hacer o cómo hacer lo mejor para el paciente. «La medicina actual se mueve a tal ritmo que hace que continuamente surjan problemas nuevos que nos obligan a iniciar investigaciones rápidamente para obtener conclusiones que den respuesta al paciente de hoy y al de mañana», reflexiona Amat. «Probablemente –continúa– los pacientes muchas veces no llegan a ser conscientes del enorme esfuerzo que alguien puede estar haciendo en la otra punta del mundo para encontrar soluciones a sus problemas».

De las ventajas de esta técnica, asegura que la principal radica en reducir las molestias y el riesgo para los pacientes que necesitan un recambio de una válvula cardiaca. Es verdad, destaca, que los dispositivos que se utilizan para este procedimiento son muy caros porque las compañías buscan rentabilizar su inversión, pero su coste se va reduciendo a medida que aumenta la competencia.
El ahorro está, tal y como explica, en la reducción de la estancia hospitalaria y de la necesidad de operaciones completas y caras. «Pero, sobre todo, se reduce el número de fallecimientos que es nuestro principal objetivo», concluye el cardiólogo Ignacio Amat.