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10:54 h. ECONOMÍA

Castilla y León retrocede 4 puestos en la competitividad regional europea

Ocupa el 187 de las 263 regiones / Salva educación y sanidad y está en la cola en innovación y eficiencia

J. LUIS F. DEL CORRAL 28/02/2017

La competitividad es una gran asignatura pendiente de la economía de Castilla y León. Al menos en relación al contexto europeo. El índice de competitividad regional de la Comunidad (RCI) ha retrocedido cuatro puestos en los últimos cinco años, pese a ocupar ya posiciones claramente inferiores a la media de la UE.

El último informe de la Comisión Europea (CE), correspondiente a 2016, sitúa a la Comunidad en el puesto 187 de las 263 regiones de la UE. Quiere decir esto que hay 186 que son más competitivas y sólo 76 que están en una posición aún más retrasada.
Los últimos cuatro años de la crisis han provocado un ligero retroceso. En 2013, año del anterior informe, Castilla y León ocupaba el número 183 pese a que había 268 regiones, cinco más que al término del año pasado.

No se trata de una debilidad exclusiva de Castilla y León. Sólo Madrid y el País Vasco superan la media europea. La comunidad madrileña, primera posicionada, es la número 83 de un ranking que lidera Londres con la máxima competitividad (100%). Castilla y León registra el 36,7% de la región londinense, según la metodología utilizada, mientras que Madrid recibe una nota del 67,7% y el País Vasco, el 60,2%.

Por delante de Castilla y León hay ocho regiones y por detrás otras ocho. Tras Madrid (83) se sitúan el País Vasco (119), Navarra (148) y Cataluña (153). Extremadura (230) y Andalucía (220) son las comunidades peor posicionadas, sólo superadas por las ciudades autónomas de Ceuta y Meilla, que con los puestos 238 y 236 cierran el ranking nacional.

Bruselas define la competitividad como «la capacidad de una región para ofrecer un entorno atractivo y sostenible para que las empresas y los ciudadanos se establezcan y trabajen en ella».
Esta definición equilibra «los objetivos del éxito empresarial con los del bienestar personal», señala el informe para apuntar que este equilibrios responde a la discusión de quienes plantean que el PIB es insuficiente por sí mismo «y debe ser complementado por una gama más amplia demedidas».

La CE sitúa el PIB por habitante de la Comunidad en el 85% de la media europea y en el puesto 147 de los 263, algo detrás de la media. De la misma forma, evalúa el estado de desarrollo con un 3 sobre 5 puntos.
Los técnicos de la CE han establecido once pilares que describen los distintos aspectos de la competitividad. Castilla y León salva los muebles en el llamado grupo básico que mide la educación y la sanidad. En concreto, ocupa la posición 54 en sanidad con una nota que equivale al 86,9% del líder y el 154 en educación superior, formación y aprendizaje con el 60,5% del líder. También, el puesto 12 sobre la UE de los 28 en educación básica.

Sin embargo, la CE da un serio varapalo a la región en innovación, al situarla en el puesto 192 de las 263 regiones. Desagregando los tres pilares que conforman este indicador, el retraso es mucho mayor en innovación pura (199) y en sofisticación empresarial (200) y menor en preparación tecnológica.

Ninguno de los otros baremos estudiados por los técnicos de la UE logran un puesto por delante de la media. Ni en el percepción de las instituciones (162) ni en las infraestructuras (156) ni en estabilidad macroeconómica (24 sobre los 28 de la UE) ni en la eficiencia del mercado laboral (227) ni en el tamaño del mercado (191).

De acuerdo con la comisaria europea de Política Regional, Corina Cretu, estos índices son «un valioso instrumento para una mejor elaboración de las políticas». A su juicio, «respalda los esfuerzos de la Comisión para apoyar las reformas estructurales y estimular la capacidad de innovación de las regiones a través de las inversiones de la política de cohesión».

El informe confirma la consolidación «del patrón policéntrico» en el que las capitales y las áreas metropolitanas actúan como los principales motores de la competitividad, algo que es «mucho menos evidente en las regione sorientales y meridionales de la UE».