El Correo de Burgos | Martes, 17 de septiembre de 2019

EFECTOS SECUNDARIOS

Un móvil desde la cuna

24/02/2018

EN UNO DE MIS TRAYECTOS a casa en autobús, abstraída en mis pensamientos, no pude evitar escuchar una conversación entre una madre y su hijo. El pequeño en cuestión le preguntaba a su progenitora si al final le iban a regalar un móvil por su Comunión, a lo que la mujer le contestó que sí, siempre y cuando las notas del segundo trimestre fueran igual de buenas que las del primero.

El niño en cuestión posiblemente aún no haya cumplido los 8 años y yo, en mi total y absoluto desconocimiento en lo que a crianza se refiere, me pregunté para qué necesita un niño de esa edad un teléfono móvil. En mi caso personal, mi primer teléfono llegó a los catorce años- un aparato que solo llamaba y mandaba sms- y fue con 18 años cuando tuve mi primer móvil con datos, que yo pagaba con mi propina.

Reconozco que fui de las últimas personas de mi grupo de amigos que entró de lleno en Whatsapp, pero nunca tuve un solo problema para quedar con ellos o estar al tanto de los planes del fin de semana. Únicamente en base a mi propia experiencia considero innecesario regalar un móvil a un niño de ocho años, desconozco qué utilidad puede tener cuando a esas edades aún pasan la mayor parte de su tiempo libre, por no decir todo, con sus padres.

Sin embargo, no debemos olvidar que estamos inmersos en una realidad donde las nuevas tecnologías están a la orden del día y que estamos hablando de nativos digitales. El objetivo no debe ser prohibirles el uso de ellas sino que las utilicen con responsabilidad. Los expertos abogan porque sea a partir de los doce o trece años cuando se regale a los niños un móvil. Y no puedo estar más de acuerdo.

En esa edad entran de lleno en la Secundaria, se produce la transición a la adolescencia y, por ende, a la necesidad de una mayor independencia. A esas edades, el 75% de los adolescentes ya tiene móvil y en muchas ocasiones negar este dispositivo a un hijo puede resultar contraproducente. El móvil es la forma que las chicas y chicos de esas edades tienen para relacionarse. Por eso, no estar en Whatsapp o en Instagram puede suponer el aislamiento y, aunque muchos no lo crean, desembocar en bullying.

Eso sí, tener móvil debe conllevar una responsabilidad tanto en el gasto como en su utilización y ese debe ser el punto de partida antes de entregar un dispositivo móvil a un niño.