El Correo de Burgos | Domingo, 19 de agosto de 2018

Teatro y música

Escenario con mirada de niño

El público menudo es protagonista de la mañana dominical con la representación de ‘Loo’, de Ponten Pie, un sugerente viaje empujado por el viento de la imaginación, y el disparatado concierto familiar de la Orquesta Sinfónica de Burgos

A.S.R. 12/03/2018

El viento juguetón que alborotaba cabelleras, bailaba con paraguas en el cielo y frenaba el avance de miles de pies durante la mañana dominical se coló en el escenario de Cultural Caja de Burgos para trazar Loo, el espectáculo con el que Ponten Pie sedujo a los más pequeños. Mientras este aire a ratos huracanado, a ratos cálido mecía este espacio, un pequeño vendaval sacudía las tablas del Fórum y provocaba el disparatado ensayo de una ópera en la que desaparecían sopranos un día antes del estreno o los cantantes del coro se hacían selfis mientras hablaba el director. Y es que todo es posible en el ya clásico concierto familiar de la Orquesta Sinfónica de Burgos (OSBu), que ayer repuso El maestro Campanone, en versión ampliada y mejorada.

Acercar el arte al público infantil es una de las misiones de cada uno de estos proyectos. Tanto la obra de teatro como el concierto rompen, a su manera, la cuarta pared. Pero es que tanto Sergi Ots, director de Ponten Pie, como Javier Castro, que ayer volvió a ponerse al frente de la OSBu, convienen en que, a veces, estas citas son la primera vez para muchos niños y también para algunos padres.

«Hay gente que no ha ido al teatro nunca, pero quiere lo mejor para su hijo y es muy bonito porque enganchas a un niño, que empieza a ver cosas de unos formatos de calidad, que no son facilonas y poco trabajadas, que para estas edades hay muchas, y además haces que el grande, cuando vuelva al teatro, exija. Es un trabajo educacional y un lujo atacar a dos generaciones», expone el director de la compañía barcelonesa, para quien trabajar en Burgos es hacerlo en casa después de presentar en el Festival Escena Abierta sus otras dos producciones, Copacabana y Ártica, para público adulto.

La opinión del batuta de la OSBu va en esa dirección. «El concierto didáctico está muy instaurado y muchas familias esperan que llegue. Es una manera de acercar la música. Al resto de citas de la temporada cada vez va más gente y seguro que esta propuesta contribuye. Además produce un efecto rebote y muchos padres que traen a sus niños se enganchan a la vez que ellos», observa en el camerino tras la representación.

Habla con conocimiento de causa. Son ya trece los conciertos familiares en su haber. Ponten Pie, sin embargo, ha recibido con asombro el hechizo que Loo ha causado en los niños.

Se metieron en este terreno por encargo del Festival El más pequeño de todos, especializado en teatro dirigido a niños de 0 a 5 años. Se embarcaron en la aventura sin mirar a los lados. Llevan dos años de gira y el Premio Fetén 2017 a la Mejor obra dirigida a la primera infancia ocupa su vitrina. Nunca imaginaron que conseguirían tanto.

Ots reconoce que el cambio de chip fue duro, «pero muy bonito». ¿Qué hay que tener en cuenta para acariciar el éxito cuando de niños se habla? «El reto era hacer algo lento para que entraran en su magia pero con los suficientes cambios, con contrastes fuertes, que les estimularan y mantuvieran despiertos y curiosos. Tienen un tiempo muy cortito de concentración. La sorpresa es clave».

Y Loo es una espiral continua, un viaje por los mares de la imaginación y las sensaciones. Olas gigantes, barcos piratas, naufragios, pescadores de sueños, comidas revoltosas, una pelota que bota y bota, un desierto de agua salada...

Y si Ponten Pie ha asombrado a los pequeños burgaleses, también estos han fascinado a la compañía catalana por su participación. «Aquí son mucho más que en otros lados», advierte.

La experiencia ha valido la pena. La dimensión mágica en la que han entrado con este público les hace plantearse la posibilidad de seguir por este camino. «Tienen una ingenuidad que los hace disfrutar como locos, algo que nos falta a los adultos», anota y, aunque saben que quieren estrenar algo nuevo el próximo año, aún sopesan qué camino tomar. Lo que sí es seguro es que vendrán con ese nuevo proyecto a Burgos. «Cuando llegas a un sitio en el que te sientes cómodo es una sensación muy guay y, aparte, tenéis una programación cultural envidiable». Ahí lo deja.

Mientras Loo se embarcaba en una segunda función, el telón subía en el Fórum. Desde los primeros minutos se atisbó que El maestro Campanone no iba a ser un concierto más. Su carácter de ópera la hacía distinta, con actores encima del escenario, pero también entre el cuerpo instrumental corría un runrún extraño. El director, habitualmente un tipo serio al que el público solo ve el cogote, se volvía, hablaba con el público, hacía chascarrillos acerca de la lejanía de la estación de tren burgalesa y prestaba su batuta a niños -Luca y Ana- sentados en el patio de butacas.

Ese deseo de acercarse al espectador se alargó más allá de la ovación final. Los actores salieron al vestíbulo del Fórum para fotografiarse con ellos e intercambiar impresiones. «Cantar para los niños es increíble porque se naturaliza un poco esta música que parece inaccesible», señalaba la soprano Sara Garvín sabedora de que el de ayer es un paso más hacia la cima.