El Correo de Burgos | Martes, 20 de noviembre de 2018

LESLIE Y HAMMOND

Hoy, pasa

23/04/2018

Por delante de nuestras narices corre la historia que dejamos marchar sin pena ni gloria, por culpa nuestra o de quienes no nos abren los ojos. Ya quisieran para sí, catalanes nacional independentistas, un Villalar como es nuestro, cargado de tinta para reescribir enciclopedias. Cada vez lo tengo más claro, la forma mejor de mirar para nosotros los castellanos es, cimentar el sentimiento nacionalista que los tres Comuneros perdieron un 23 de abril de 1521. Cada año pasamos este día sin pena ni gloria, normalmente bajo la lluvia con folklore y discursos trasnochados, al lado del monolito que cuenta donde empalaron las cabezas de Padilla, Bravo y Maldonado. Una batalla perdida donde se ahogó la esperanza de revolución del pueblo llano frente al Soberano Carlos V. Espadas frente a azadas. Los tiempos llaman a nuestra puerta, pasiones son cíclicas en esta España que se parte en trozos. Quizás haya que aceptar que estamos hechos de teselas en este mosaico con forma de península. Quizás haya que imaginar una patria de pequeñas patrias solidarias que se entienden entre ellas y se interconectan en el todo y las partes. A fin de cuentas, así funciona la nueva Europa que hemos reinventado, nación de naciones. Los americanos de América lo han ensayado en ese gran país que, en menos de doscientos años casi se ha comido al mundo. No nos pinta nada bien en Burgos, ni mejor les va a nuestros vecinos palentinos, o sorianos y al resto entre los que Valladolid es cola de león española. Catalanes y vascos tienen arraigado ese sentir nacional que les hace valer y ser escuchados en los escaños donde los demás estamos representados de forma modosa, mimosa e institucional. Pero jugamos con desventaja y lo sabemos. Las dos franquicias mayores, populares y socialistas, están agotadas y desorientadas en un escenario que se aleja del sentir popular, a contrapelo y con un destino incierto donde nuevas fuerzas como Ciudadanos y Podemos equilibrarán la balanza del poder. Pero hasta que esto sea, pasarán años en los que la debilidad de España sea pasto de alimañas que ya asoman sus dientes. Hagamos de Castilla y León si quiere, una nación independiente que marque nuevas reglas del juego leales al territorio español. Esta es la única salida que nos queda para neutralizar el veneno catalán y vasco. Que todos juguemos al mismo juego y del equilibrio salga la fuerza. Es el momento de reabrir la Constitución y es para esto para lo que ha de hacerse. Hace cinco siglos pasó, campesinos sublevados por la gran presión fiscal del Monarca y la pobre participación de Castilla en la política imperial. Acaso, es esto lo que hoy pasa.