El Correo de Burgos | Martes, 20 de noviembre de 2018

EFECTOS SECUNDARIOS

Un baño de realidad

29/04/2018

EL PASADO 8 de marzo, las mujeres hicieron temblar al machismo con un día histórico de protesta. Fueron cientos de miles las voces unidas que se alzaron para derribar las murallas del machismo o cuanto menos hacerlo sentir incómodo, pequeño. Aquella marea morada ha dejado tras de sí grandes y pequeñas olas que lanzan un claro mensaje a la sociedad: ‘El cambio no va a parar’.
Prueba de ello son las miles de personas que tras conocer la sentencia de La Manada, el pasado jueves, han mostrado su indignación contra lo que muchos consideramos un castigo insuficiente. La sentencia lanza un peligroso mensaje a la sociedad y en especial a las mujeres, reduce nuestro nivel de confianza en la justicia y provoca lo que los expertos denominan ‘el desánimo a la denuncia’.


Al margen de las movilizaciones que se produjeron en decenas de ciudades del territorio nacional, incluida la capital burgalesa, estos últimos días la periodista y escritora Cristina Fallarás ponía en marcha en la red social Twitter el hashtag #cuéntalo a raíz un relato de la agresión sexual que sufrió a los trece años la periodista Virginia Pérez Alonso.


El hashtag, que ha sido trending topic mundial, ha supuesto que más de 150.000 mujeres relaten en primera persona casos de violencia que habían sufrido a lo largo de sus vidas y denuncien episodios en los que han sido víctimas de abusos y agresiones sexuales. Los relatos muestran una realidad que la sociedad actual había tapado y obviado.


Una servidora pasó ayer más de una hora y media leyendo experiencias de miles de mujeres. Muchas de esas experiencias son conocidas por todas, como el miedo que se siente yendo sola a casa a ciertas horas y sentir que alguien camina detrás; la insistencia de algunos en una noche de copas; las palabras soeces;las miradas ofensivas al pasar por su lado o los tocamientos en un autobús lleno de gente. Otras, mucho más amargas y dolorosas, han dejado en el alma de quienes las han sufrido cicatrices que ni todo el tiempo del mundo logrará sanar.


Afortunadamente, muchos han sido los hombres que en ese hilo han descubierto una realidad que les era ajena y han sabido empatizar con el miedo, la ansiedad y el asco que las mujeres hemos sentido, sentimos y ojalá no sintamos nunca más a lo largo de nuestra vida.
«Ya nadie puede poner en duda la violencia habitual y generalizada, el miedo y el dolor», sentenciaba la propia Fallarás.