El Correo de Burgos | Jueves, 5 de diciembre de 2019

La ‘lluvia fina’ del comercio justo

16 entidades ofrecen productos en la cuarta feria de productos /En septiembre analizarán los parámetros del comercio de estos productos para renovar el sello nacional logrado en 2016

21/05/2018

BURGOS
Desde el tradicional chocolate y café a sugus y chupachups pasando por fulares y vestidos, marroquinería, joyería y productos de belleza. Todo esto y más se podía adquirir ayer por la mañana en la IVFeria de Comercio Justo organizada por el grupo de trabajo de la ciudad en esta materia que está integrado por Oxfam, Cáritas, Amycos, Universidad de Burgos y el Ayuntamiento. Una cita en la que se busca sensibilizar sobre las ventajas sociales y económicas de consumir productos libres de pesticidas y elaborado por personas que tienen un salario digno e igualitario y que, a ciencia cierta, no está hechos por niños. «Son productos naturales, tienen mejor sabor y sabes que parte de lo que tu das va a parar a quien lo ha hecho con sus manos», explica Inmaculada Barbero que estaba al frente de puesto de Cáritas. La organización cuenta con dos puestos de venta al mismo tiempo que sus voluntarios realizan miniferias en sus parroquias. «Es una manera de darlo a conocer y hay cada vez más gente sensibilizada con estos productos» explica Barbero.

Hay quien, además, compra por gusto. Como Abel. «Yo compro café y chocolate de comercio justo porque saben mucho mejor», señalaba. NO es el único. En el año 2000 en todo el país se vendían productos de este tipo de comercio por valor de 10 millones y en 2016 se superaban los 40 millones. Aunque España sigue a la cola porque a penas se gasta un euro de media en estos productos sostenibles mientras que la media europea supera los 13 euros.

Pero con este tipo de acciones y todo lo que engloba tener el sello de Ciudad de Comercio Justo se logra alcanzar, cada vez, a un mayor número de población. La razón la dan los números. «Se mantiene el número de establecimientos que venden este tipo de productos en la ciudad y en cuanto a establecimientos de hostelería hay dos más que en 2016, cuando se nos otorgó el sello», explica una de las organizadoras del evento, Verónica Iglesias. En total 35 establecimientos están vinculados a esta nueva forma de ver la cesta de la compra como una forma de ser solidarios. En concreto son cuatro ongs que fomentan el comercio justo que se practica de forma real en 16 locales de comercio y hostelería, que se trabaja con seis empresas de distribución a mayoristas y que ya llega a un total de nueve colegios públicos y privados además de la propia Universidad de Burgos. Junto a ellos, en la economía sostenible, se mueven también los diez comercios de productos ecológicos, seis empresas de inserción, 10 centros especiales de empleo, cuatro empresas de economía social, cinco entidades vinculadas a la movilidad sostenible y seis establecimientos de productos de segunda mano.

En esta línea la edil de Acción Social, Gema Conde, destacó que la ciudad «realizará una autoevaluación para estar preparados para la convocatoria de renovación del sello de Ciudad por el Comercio Justo». El análisis de la situación empezará en septiembre, se desarrollará durante el último trimestre del año con el que esperan revalidar los datos alcanzados hace dos años. Para Verónica Ibáñez eventos como la feria permiten que esta nueva forma de comprar «encuentre presencia en la vida de las personas de forma natural y que se acabe estableciendo como una forma más de consumo que acabe, como ya sucede en Europa, estando en todos los comercios y tiendas».

Por la feria productos de todo tipo.Desde unos collares de perla de Filipina que «elabora una comunidad de mujeres que viven en barcas, bajo el puente, en la semi indigencia», recuerda Carmen Díaz de Anvó Áfricam. Un dinero que además de contar con una joya artesanal «permite que estas mujeres tengan una alternativa porque sí está bien visto que cultiven la perla pero no que la trabajen y nos ha costado encontrar un orfebre que trabajara con ellas pero la cooperativa sigue adelante». Un patrón de funcionamiento que se da en la gran parte de los productos en cuya venta están muy especializados en Intermón Oxfam. Ellos conocen un mercado que trabajan a nivel global pero logran que «el 85% del precio que un consumidor paga por un producto vuelve al lugar de origen, a su productor, el 15% restante se va en transporte y gastos de la ong», resume Marisol, voluntaria burgalesa de Intermón Oxfam.

Entre fulares, quinoa, chocolate y jabones la feria, que incluía talleres infantiles y espectáculos musicales, finalizaba con un momento para recuperarse. Puestos de cerveza artesana, vino de la Ribera del Arlanza y tapas venezolanas. La asociación de venezolanos en Burgos elaboró arepas con carne mechada y salsa de mango, ensalada de gallina rociada con sésamo y mousse de chocolate de coco y cereza. «Todos los platos se han elaborado con productos de comercio justo», aseguraba Micalea frente a un puesto de lo más concurrido. Un ejemplo de que se puede cocinar igual pero con productos procedentes de un comercio justo cada vez más accesible.