El Correo de Burgos | Miércoles, 19 de septiembre de 2018

Nueva temporada expositiva en el CAB

Relatos, paisajes y una mirada al futuro

El madrileño Fernando García, la danesa Eva Koch y el burgalés Solimán López 'habitan' el Centro de Arte Caja de Burgos hasta el 23 de septiembre

A.S.R. 16/06/2018

Eva Koch, Solimán López y Fernando García despliegan sus propuestas creativas en el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) hasta el 23 de septiembre. 

ESE SUEÑO DE PAZ Memoria, inocencia, juego, subjetividad

Ese sueño de paz recrea el ansía del ser humano de vivir con tranquilidad, con todos los flancos controlados, abierto al juego y a la inocencia, consciente de su pasado y comprometido con su futuro. Ese sueño de paz encierra el personal universo de la artista danesa Eva Koch. Impresionan sus grandes obras de videoarte, desplegadas en la sala como lienzos cambiantes, interrogantes, inquietantes y solaces; sobrecoge y emociona su pieza interactiva Villar. Los hijos de Manuela, que se incorporará a los fondos del CAB; y sorprenden, por inesperadas y juguetonas, las palomas, símbolo universal de paz, que zurean en insólitos rincones.

Cuenta la propia artista que el sentido de este proyecto expositivo parte de preguntarse qué pasó con aquel sueño de paz que se instaló en la sociedad en los años setenta, ochenta y noventa. «Dónde está ahora ese sueño. Es un buen momento para actualizarlo y preguntárselo de nuevo y esta obra trabaja en ese sentido», advierte y reconoce el uso de los símbolos, de las amapolas como recuerdo de la sangre derramada durante la Primera Guerra Mundial, de la paloma de la paz, del contraste entre el blanco y negro y el color, de la necesidad del juego durante la infancia incluso en contextos tan dramáticos como una contienda...

...Y de la memoria. Sobre ella se encienden los focos en Villar. Los hijos de Manuela, una pieza interactiva que se estrena en el CAB, continuidad de otra anterior, Villar, creada en el año 2003 para la Bienal de Venecia, que, instalada en una de las salas del nivel -1, invita al recogimiento. También al juego. El espectador elige el recorrido a seguir para conocer la historia que se narra. La de la propia artista, la de su madre, Cristobalina en España, Chris, en las Islas Feroe, donde la llevó la familia que la adoptó y la libró de las penurias de la Guerra Civil y la posguerra, pero también del calor de su familia biológica. El testimonio de los propios protagonistas construye el relato que arranca en un pueblo de Teruel, en una casa humilde, donde una mujer se ve obligada a colocar a sus hijos entre familiares al caer enferma y tras la muerte de su marido en el frente.

La artista está convencida de que muchas personas se verán reflejadas en esta narración y enciende el foco igualmente sobre la subjetividad de los recuerdos, las múltiples interpretaciones de una misma realidad y las consecuencias que puede acarrear.

El nombre de Eva Koch forma parte de la historia del arte contemporáneo como una de las creadoras visuales europeas esenciales. Dio sus primeros pasos en el mundo de la escultura. Asombró en los ochenta con el uso de materiales tan insólitos como el fósforo y el plomo y ahora con su manejo de la luz. Ha representado a su país en las bienales de Venecia y Sidney y expuesto su trabajo en toda Europa.

KEY AXIS Oportunidad o tiranía de las nuevas tecnologías

Oscuridad, cables, pantallas, pitidos incesantes y repetitivos, números digitales que parpadean en la pared, voces con acento de máquina... El visitante se siente personaje de una película futurista cuando se adentra en Key Axis, la propuesta que Solimán López ha creado para el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB).

«Es una exposición monotemática sobre qué significa lo digital y de qué está construida esta materia planteando una cuestión fundamental: qué lugar vamos a ocupar en el futuro», observa el artista burgalés que, consciente de que no es una línea cómoda, lleva trabajando quince años con este mismo imaginario y en esta ocasión lo desarrolla a partir de cinco piezas.

Arranca con Syngamy, un software aleatorio que busca una sintonía entre los elementos en movimiento para crear un habitante virtual que se dibuja en el plasma. Continúa con Pilgrim, una instalación compuesta por 36 pequeñas pantallas, el mismo número de huesos necesarios para hacer una captura en movimiento. Cada una de ellas representa una cadena de vida desde los tres meses a los 90 años.

Con el cuerpo ya creado, el autor lo desmaterializa en Limbology, un globo sonda lanzado al espacio hace unos días desde el propio CAB del que se ha apuntado su rastro hasta que se perdió dando lugar a una estela de luz. Desapareció, dejaron de registrarse sus coordenadas y, para el artista y el público, ese objeto deja de existir, aunque en realidad está en algún lugar.

En el cuarto paso, Doom, el sistema ya es autónomo, una suerte de agujero de gusano, en el que crea sus propias posiciones y construye puntos geolocalizados en el mundo que se representan en una maraña de números.

Concluye este trayecto virtual con un guiño al artista en Inverse triangulation, que homenajea al músico John Cage y su célebre obra 4:33. Aquí el silencio se rompe con el sonido de las coordenadas en las que se encuentra el propio Solimán López, que hasta el 23 de septiembre, tiempo de duración de esta nueva temporada expositiva, llevará un GPS en su propio cuerpo.

Para el director de Arte de la Fundación Caja de Burgos, Javier del Campo, este trabajo es «una metáfora muy acertada de cómo somos hoy y cómo la tecnología condiciona nuestro día a día».

«Su trabajo tiene dos platillos en un equilibrio inestable y sugerente, por un lado el desarrollo técnico y, por otro, su presencia plástica notable, cómo utiliza el color, las formas y las materias para contarnos que, probablemente, solo en el momento en el que estamos registrados nuestra presencia cuenta. Si eso desaparece es como si hubiéramos dejado de existir», aboceta.

INTERIORES Paseo mediterráneo de verano 

El sol entra poderoso por los ventanales del CAB. Una luz cálida envuelve al visitante y le acompaña durante el paseo que Fernando García propone en Interiores, una exposición en la que el exterior calienta el interior de cada uno, remueve sus sentimientos, sus emociones y sus sensaciones a partir de elementos tan mediterráneos como los listones de madera colocados en vertical a modo de embarcadero, las rosas rojas que cantan las vendedoras de flores de las Ramblas barcelonesas, los racimos de uvas secos, los guijarros de los ríos que evocan baños infantiles, cajas de vendimia encaladas, más o menos entreabiertas como si de ventanas a otros mundos se trataran, bolas de petanca, hojalatas que cortan sueños...

«Es una exposición relajada, a la que hay que enfrentarse sin ningún tipo de pretensiones, es un paseo al que no hay que buscar un resultado. Las conclusiones pueden llegar cuando salimos, atamos cabos y conseguimos encontrarnos en nuestro ámbito doméstico con los objetos con los que he trabajado», se limita a decir el artista madrileño sobre esta propuesta comisariada por Ángel Calvo Ulloa, quien subraya como punto de partida del proyecto las seis fotografías que reciben al visitante.

Pero Interiores tiene otra lectura, la que se acomoda en el equipaje artístico de su autor. El director de Arte de la Fundación Caja de Burgos, Javier del Campo, llama la atención sobre la presencia velada de creadores de la historia del arte reciente. Si el espectador observa la segunda sala en perspectiva detectará la pincelada de Godofredo Ortega Muñoz, «uno de los grandes recuperadores del paisaje», y a la tercera asoma Antoni Tàpies, a través de los objetos en una serie de sudarios blancos con la huella de hierba o sangre de insectos recogidos en el entorno del estudio del artista catalán, «al que el autor se acerca casi como una ofrenda, con el ánimo de establecer una conexión espiritual».

«De Fernando García nos interesan sus paisajes vitales. Su exposición no es física, no se concreta en objetos plásticos. Lo fabuloso de su trabajo es la invitación a transitar junto a él por un recorrido mental que tiene una apariencia efímera, casi intangible, una sensación de levedad que refuerza su condición de espacio tanto real como sugerido», resume Del Campo sobre los tres espacios de esta propuesta unidos por una rama de olivo y que culmina con un grabado en oro en el que ese sol de la cultura mediterránea destella.

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, Fernando García (Madrid, 1975) ha desarrollado su trabajo en distintos países de Europa y América a través de residencias que le han llevado a Finlandia, Estados Unidos y Canadá. Actualmente, lo hace en Barcelona.