El Correo de Burgos | Lunes, 24 de septiembre de 2018

SIN VENIR A CUENTO

El día que cambió mi vida

03/08/2018

TRES AÑOS, que se dice pronto. Mucho ha llovido desde ese primer llanto que cambió mi vida para siempre. Parece que fue ayer cuando estábamos en el HUBU celebrando tu llegada al mundo sin pensar en lo que vendría a continuación. El caso es que aquí seguimos, de nuevo en tu Día, con los preparativos de otra fiesta, posiblemente la primera que almacenes en tu prácticamente vacío, por ahora, baúl de los recuerdos.


Pero no te preocupes. Ya puedes ir dando por sentado que me repetiré más que el ajo reviviendo una y otra vez, cada 3 de agosto, aquella visita de los bomberos en tu segundo cumpleaños porque te quedaste encerrado en un baño de Fuentes Blancas. Y mientras, tu madre y yo disfrazados de Pablo y Betty Mármol dando explicaciones a un grupo de profesionales con mejores cosas que hacer pero que se partía la caja. Me llamarás pesado e incluso puede que te avergüences de mí, pero a lo hecho pecho campeón.


Te pido perdón de antemano. Por esto y por las posibles discusiones que tengamos en el futuro. Supongo que los conflictos paternofiliales son inevitables salvo en casos de autoritarismo extremo en los que el hijo agacha la cabeza y se encierra en sí mismo por miedo a represalias. Puedes estar tranquilo en ese sentido. Y aunque imagino que no siempre querrás sincerarte, puedes estar seguro de que me tendrás a tu lado. Es posible que emita juicios de valor y te pido disculpas de antemano por si acaso. Gajes de la paternidad, supongo.


Lo único que tengo claro -ahora, mañana y siempre- es que nunca debes permitir que otros decidan por ti. No te dejes llevar por la corriente y sé tu mismo a pesar de todo. De aquí a unos años descubrirás que la vida es una carrera de obstáculos continua y que la meta suele ser inalcanzable. Olvídate de las expectativas porque son la antesala de un cúmulo de frustraciones que acaban pasando factura. Disfruta del día a día y centra tus energías en lo que de verdad te llena aunque haya quien trate de desanimarte.


Tampoco olvides la palabra respeto, la mejor arma para derrotar a la intolerancia. Todavía no sabes lo que significa, pero me temo que poco tardarás en descubrirlo al paso que vamos. Por último, y a modo de favor, te pido que jamás pierdas ese afán de aprendizaje constante y la nobleza que trajiste de serie.