El Correo de Burgos | Domingo, 23 de septiembre de 2018

Publicación

Burgos en la mirada del alumno Lorca

Un libro recoge su viaje de estudios por el norte de España en 1916 narrado por su compañero Luis Mariscal y con cartas y escritos del poeta granadino

A.S.R. 15/08/2018

La Catedral, la Cartuja de Miraflores o el Monasterio de Las Huelgas atraen estos días a miles de visitantes. Hace un siglo también sedujeron a uno de los grandes poetas de la historia de la literatura española. Federico García Lorca llegó a Burgos en otoño de 1916 durante un viaje de estudios por el norte de España con el profesor Martín Domínguez Berrueta y cuatro compañeros más de la Universidad de Granada. Una experiencia que marcaría su destino puesto que tras vivirla decidiría dejar la música y abrazar la literatura. Aquella excursión inspiraría su primer libro, Impresiones y paisajes, del que este año se cumple su centenario. Con este motivo, el editor Henrique Alvarellos publica El gran viaje de estudios de García Lorca, una edición anotada e ilustrada con 35 fotografías y documentos de la época, que incluye el relato del recorrido narrado a tiempo real por el compañero de Lorca Luis Mariscal, que aporta datos precisos y reflexiones sobre el paisaje y las gentes, que se publica íntegro por primera vez y se completa con documentos del propio poeta.

«Hemos reunido sus cartas, plenas de entusiasmo; sus primeras prosas, que destilan emoción y hondura crítica, además de importantes fragmentos de aquel primer libro y otros textos suyos referentes al viaje. Porque durante aquel otoño de 1916, con 18 años, tomaría una decisión radical: abandonar un futuro prometedor en la música y decidir ser escritor. Así lo confesaría justamente un año después, en octubre de 1917», explica el editor.

La excursión lleva al grupo a Burgos tras arrancar en Madrid y pasar por El Escorial, Ávila, Medina del Campo, Salamanca, Zamora, Astorga, Orense, Redondela, Santiago de Compostela, La Coruña, Lugo, León, Sahagún y Venta de Baños. Después, llegarían a Segovia.

«Burgos es una tierra de promisión para el que gusta del Arte; en nuestro espíritu tiene esta ciudad, aun antes de verla, una intensa atracción, su nombre tiene un eco en nuestro oído como en una oquedad sonora; como cuando nos acercábamos a Galicia recorre nuestro espíritu una duda de intensa expectación», escribe Mariscal cuando el tren está entrando en la capital burgalesa.

Llegan a las seis de la mañana y poco después de las siete ya estaban en la Catedral. «Hemos entrado. Aun cuando la conocemos bastante al detalle por proyecciones y fotografías, la primera impresión, entrando por la puerta principal, es avasalladora. Se impone rotunda sobre nuestro espíritu; en adelante nos movemos a su antojo», continúa y unas páginas después señala que de los cuatro días que permanecen a orillas del Arlanzón tres los dedican a la Seo.

Hubo tiempo también para visitar las iglesias de San Nicolás, San Lesmes, San Cosme y San Gil, Las Huelgas, la Casa del Cordón, la Cartuja de Miraflores o las murallas. Darían cuenta de numerosos agasajos, debido a la estrecha relación de Domínguez Berrueta, sobrino de un canónigo de la Catedral, con la ciudad.

Este recibimiento sorprendería al joven García Lorca que, desde el Hotel Restaurant de Martín Ávila, el 2 de noviembre de 1916, escribe una expresiva carta a sus padres: «Estoy ya en Burgos y muy contento porque nos han recibido espléndidamente y estamos ya de banquetes hasta los pelos. Que vamos a la Diputación, pues banquete; que al Ayuntamiento, pues banquete, y así por todas partes. D. Martín es aquí el amo, no sabéis lo que lo quieren todos los señorones estos, hemos comido con marqueses, con diputados, el alcalde, en sus casas con sus familias... En fin, a lo grande. Burgos es maravilloso, tanto en lo antiguo (que es de lo mejor de España) como en lo moderno. Papá perdona que te haya pedido dinero, pero es que ya me hacía falta y encontrarme tan lejos de vosotros sin una perra... No podía ser. Además, ya que he salido estoy comprando fotografías, recuerdos de donde paso (...). Esta la termino corriendo porque D. Martín mete bulla para marcharnos a visitar la magnífica Cartuja. Recuerdos a todos, besos a mis hermanos y recuerdos a Tomasico, y para vosotros mil besos de vuestro hijo que os quiere mucho. Federico. (Mamá te he comprado una medalla)».

Esta es una de las misivas recogidas en el volumen de Alvarellos. Aparecen, además, varios textos sobre la impresión que le producen Las Huelgas y la Cartuja de Miraflores, que incluiría en su ópera prima.
De Las Huelgas escribe: «(...) Comenzó la visita, y al conjuro de la música monjil surgió una época brumosa de España, época de leyendas y de hechos maravillosos desconocidos, guardada con fe y amor devoto por aquellas mujeres (...)».

En la Cartuja se regodea en la descripción de la imagen de San Bruno, de Manuel Pereira -«(...) Indudablemente, la escultura está bien hecha, pero ¡Qué poca expresión! ¡Qué actitud de eterna teatralidad! (...)»-, un retrato que irritaría a Domínguez Berrueta «y sería el germen de la enemistad entre ambos».

Burgos maravilla hoy a los turistas como ayer al autor de Romancero gitano. El hechizo de aquel primer viaje de estudios perduraría y propiciaría su regreso al año siguiente para pasar el verano entero en una ciudad de la que, confesaría años después, se siente nutrido: «Las grises torres de aire y plata de la Catedral me enseñaron la puerta estrecha por donde yo había de pasar para conocerme y conocer mi alma».