El Correo de Burgos | Martes, 13 de noviembre de 2018

Un recuerdo al chacolí señala la entrada a las bodegas de Llano

El gran racimo recuerda la secular tradición de elaboración de este vino en la villa burebana

GERARDO GONZÁLEZ 19/08/2018

La entrada al paraje donde se ubica casi el único conjunto de bodegas subterráneas burebanas que se mantiene activo en Llano de Bureba cuenta desde ayer con un símbolo identificativo singular y monumental, fruto de una iniciativa de los vecinos que se encargaron, además, de darle forma. Así un gran racimo de uvas construido con piedra y metal preside el acceso a las más de cuarenta bodegas familiares donde se recuerda el importante pasado vinícola de la zona, hoy prácticamente desaparecido. Sin apartarse del espíritu netamente popular que llevo a los autores de la escultura, Chus Mari y Fonsi, a proponer a la asociación Amigos de Llano y al Consistorio hace un año este proyecto, prácticamente la totalidad de los vecinos y muchos visitantes acudieron ayer a su inauguración oficial.

El portavoz de la asociación dio lectura a un breve manifiesto en el que se explicó cómo surgió y se desarrolló la idea y se superaron las dificultades del proceso y destacó en nombre de todos los vecinos «lo orgullosos que nos sentimos de de tener como puerta de nuestras bodegas y vigilante de nuestro pueblo esta magnífica obra». Por su parte el impulsor del proyecto, Chus Mari, destacó la implicación de un buen número de vecinos que colaboraron con materiales y trabajo personal para poder erigir este monumento inédito en la comarca burebana.

Como reconocimiento de los vecinos el representante de la asociación de Amigos de Llano hizo entrega de un recordatorio del evento los dos impulsores.

Cabe recordar que actualmente pese a la muy limitada superficie donde aún se mantiene el que otrora fuera uno de los cultivos principales de la comarca burebana, la vid, en una de las bodegas de Llano aún hoy se elabora de la forma tradicional el vino chacolí tinto y claro para uso casi familiar.

Otra de las características que otorgan a estas bodegas un alto valor etnográfico e histórico para el conjunto de la comarca es que se mantiene la costumbre de que su titularidad quede dentro de los grupos familiares del lugar.

Lógicamente, la desaparición de las viñas ha dejado sin capacidad de elaboración a la mayoría de las bodegas en las que se conservan en su lugar original elementos como barricas, útiles de vendimia y hasta candiles de aceite, que se utilizaron durante siglos.

La importancia de estas bodegas para la historia de Llano, Solas de Bureba hasta 1948, está perfectamente contrastada por el detallado seguimiento de su titularidad a los largo del tiempo, al igual que de las barricas más prestigiosas cuyo origen y destino actual está perfectamente documentado.

La dilatada historia de las bodegas, reconstruidas en el pasado según las necesidades, hace que resulte difícil datarlas con certeza en el tiempo pero una importante pista se localiza en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1749, donde en el territorio de Poza de la Sal la superficie de viñero se fijó en 600 hectáreas.

La cercanía geográfica de Llano de Bureba y el alto número de bodegas que aún hoy perviven da veracidad a esta cifra, cuestionada en algunos estudios por su enorme tamaño, situando el momento de mayor pujanza de las bodegas en el siglo XVIII.

La suma de documentos históricos convierte a las bodegas de Llano en la prueba de la importancia que la producción de vino chacolí, con este nombre popular, tuvo en la comarca burebana, documentada en al menos 16 archivos municipales, hasta el siglo XIX y mediados del XX cuando la filoxera acabó con el grueso de las plantaciones.