El Correo de Burgos | Lunes, 19 de noviembre de 2018

LESLIE Y HAMMOND

Fría, tosca y sosa

21/08/2018

A VEINTE de agosto se puede decir que el verano está tocado del ala y septiembre anuncia su invierno. La vuelta no perdona y tareas amontonadas en nuestros despachos y talleres salen adelante, quemando pilas cargadas. Nada grave pasa en Burgos ni el Arlanzón se habrá desbordado. Reencuentro de ciudad amable, sólo en la Plaza Mayor casi habrán desaparecido palés de granito, mazas, mortero y canteros que colocan losas del suelo con don divino. Una plaza que ni es plaza ni es nada. No es cuadrada, no es redonda, no es ovalada. Es lo que el arquitecto catalán llamó, calle ensanchada. El discurso en diseño es importante cuando surte efectos. Así fue con la que ahora se arranca a cuajo y despelleja con escusas del imposible en sus adoquines rojos de barro cocido. Como ha de ser, los alcaldes de izquierdas dejan su color en el símbolo de un espacio público tan singular. El de ahora de derechas, recicla ese clinker duro como el diamante y ordena poner losas de granito que pesan como un demonio. Dicho está que lo último que hace un regidor cuando termina su legislatura es, remodelar su Plaza Mayor, para la posteridad. Así ha sido esta vez también. Si en algún sitio hay que tener especial sensibilidad y mimo a la hora de ordenar una parte tan singular, es aquí. Pocos criticarán su solución puesto que desde el punto de vista de longevidad, remates y oportunidad, es buena. Sin embargo, se queda a mil años luz de soluciones imaginadas con audacia y maestría. No hay nada en ella que destaque ni se relacione con los soportales del perímetro. La vertical de sus eclécticos edificios nunca se reflejará en días de lluvia. En su torpeza, mantiene elementos que formaban parte del anterior diseño, bancos de granito de bordes redondeados que ahora quedan semienterrados en el nuevo nivel. Sin duda, se está pavimentando magistralmente, como se cubre con esmero un panteón familiar en San José, lejos de ser una actuación que mejore la anterior, tan criticada. Esta no tendrá controversia y por no tener, nunca tendrá nada. Tan solo piedra. Por supuesto, aguantará bien las heladas y máquina quitanieves, como lo es en la carretera. Tendremos Plaza Mayor empedrada a prueba de bombas, fría, tosca y sosa. Durará mil años, sin corazón. Pero no es culpa de la piedra ni la contrata, que por cierto es experta, es cosa de la forma de hacer, este Ayuntamiento. Se deja que algo así sea un mero procedimiento administrativo de contratación, donde no cabe la emoción ni el diseño, sólo el precio. Alcaldes dejan plazas para el recuerdo, de como fueron.