El Correo de Burgos | Miércoles, 26 de septiembre de 2018

AL SERENO

El pasado da vida al presente

26/08/2018

DE ATAPUERCA a Hospital de Órbigo. De Baños de Valedearados a Cuellar o de Sacramenia a Medina del Campo, sin olvidar Oña y su veterano Cronicón. La ruta de las recreaciones históricas en la Comunidad no tiene fin y en ella participan desde localidades muy pequeñas con presupuestos muy modestos a potentes y ricas villas con grandes medios a su disposición. El pasado se ha vuelto desde hace ya unos años un reclamo turístico tanto como una herramienta para dinamizar la vida y convivencia en los pueblos. No hay boda real, batalla, pendencia o modo de vida de los antepasados que no se reviva cada verano gracias al interés que ponen los vecinos, las aportaciones municipales y las cuatro perras que dejen los turistas. Ocurre lo mismo con los festivales, que han proliferado como setas en pequeños formatos, o las semanas culturales que se inventan aquellos pueblos a los que la fiesta del patrón no les cae en verano.

El beneficio que dejan este tipo de iniciativas va más allá de la ganancia que deje el aumento de visitantes en los negocios del pueblo porque es un rédito que se mide en términos de convivencia, de cercanía de unos vecinos con otros, de contacto entre los residentes en el pueblo y los que acuden para ayudar con el mercado medieval, la fiesta romana o la batalla contra el francés. Celebrar la historia mantiene vivo el espíritu de comunidad de los pueblos que son capaces de organizarse mediante comisiones vecinales que reparten el trabajo entre los residentes, veraneantes y emigrados con el objetivo final de sentirse orgullosos de su pasado, de su esfuerzo y de su pueblo. Y que vengan los forasteros, lo vean y les feliciten.

Incluso por la sana rivalidad con el pueblo de al lado, que es lo que más une, para tener una fiesta mejor o más populosa.

En estos tiempos en los que la vida en los pueblos corre el riesgo de desnaturalizarse, cualquier actividad que sea capaz de movilizar tal cantidad de recursos, medidos en trabajo y esfuerzo de las personas vinculadas a sus lugares de origen, tiene que ser favorecido y protegido. No se trata sólo de recordar la historia y estar orgulloso de unas tradiciones, sino de promover e incentivar la creación de estructuras asociativas que dinamicen la vida cultural del medio rural, aunque sea a base de abusar del recurso de las recreaciones históricas, los mercados artesanos o las semanas culturales. Estas muestras de participación vecinal bien merecen recibir el homenaje, la ayuda financiera o en forma de reconocimiento oficial que muchas de ellas llevan años solicitando.