El Correo de Burgos | Martes, 20 de noviembre de 2018

«Estaban discutiendo. Parecía que el hombre tenía problemas»

Vecinos próximos a la casa donde se originó la deflagración escucharon el día anterior una disputa verbal / El olor a gas era tan intenso que abandonaron la zona ipso facto

D. SANTAMARÍA / Burgos 06/09/2018

Sin entrar en hipótesis y con total respeto a la investigación policial que se está llevando a cabo para esclarecer las causas del siniestro, varios residentes de las viviendas más próximas al 46 de la segunda manzana relataban ayer a este periódico que tan solo un día antes escucharon gritos, y no festivos precisamente. «Estaban discutiendo», detallaba una vecina que prefirió mantenerse en el anonimato antes de añadir que el hombre que ayer resultó gravemente herido tras la explosión de gas «parecía que tenía problemas».

La mujer, que reside en la Barriada desde hace muchos años, tan solo conocía de vista a su vecino, divorciado y con dos hijos. No obstante, creía que actualmente no vivía allí, ya que «la casa estaba siempre cerrada». Por su parte, otra joven que tampoco quiso identificarse aseguraba que de vez en cuando había «jaleo» en la casa, si bien precisó el hombre residía allí solo desde su separación.

Al margen de los rumores que incluso apuntan a una amenaza de suicidio previa, lo cierto es que el vecindario se encontraba visiblemente conmocionado tras lo sucedido. «El ruido era como el de una bomba», confesaba Alba, testigo de cómo «temblaba la ventana» de su domicilio pese a residir al otro lado del barrio, prácticamente junto al Camino de la Casa la Vega. Justo en ese instante, estaba a punto de salir de casa para hacer unos recados. Minutos después, ya en la calle, observó cómo los bomberos y numerosas patrullas de la Policía Local y Nacional se dirigían «corriendo» hacia el foco del siniestro.

Mucho más cerca se encontraba César, concretamente en el 87 de la segunda manzana, a escasos metros de la casa donde se originó la fuga. El joven se encontraba realizando una instalación de gas cuando la explosión le dejó atónito, al igual que a la propietaria de la vivienda y a su hija. Nada más salir a la calle, observó que «todo estaba lleno de polvo». A continuación, vio «a un hombre salir entre los escombros».

Tras el estupor inicial, César sintió un penetrante olor a gas que le hizo temer lo peor. Además, observó que «el regulador de abonado se había desprendido» y comprobó que «allí había casi 200 milibares de presión». Teniendo en cuenta que es «peligrosísimo», dio la voz de alarma al vecindario para que todo el mundo abandonase la zona lo antes posible. Después, con la zona ya acordonada y las víctimas atendidas, el joven instalador de gas permanecía en la Barriada a la espera de sacar su coche. No en vano, comprendió la situación ante la gravedad de una fuga que, por suerte, no se expandió por el resto de la manzana gracias, en parte, a sus advertencias.