El Correo de Burgos | Domingo, 23 de septiembre de 2018

12:23 h. LOS EFECTOS DE LA DESIGUALDAD MUNDIAL

La Internacional Xenófoba

Las crecientes migraciones masivas generan graves tensiones en los países de paso o de destino. La extrema derecha explota en todo el globo la atávica desconfianza hacia el forastero

08/09/2018

«Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo». Esta es la célebre primera frase del Manifiesto del Partido Comunista, publicado por Karl Marx y Friedrich Engels en 1848. Exactamente 170 años después, el ciclópeo monumento dedicado a Marx en la ciudad sajona de Chemnitz fue a finales del mes pasado anfitrión involuntario de varias manifestaciones convocadas por las ultraderechistas Alternativa por Alemania (AfD) y Pegida para exigir a Angela Merkel la expulsión del país de inmigrantes y refugiados.

Los mismos días en que los neonazis salían a la «caza del inmigrante» en las calles de algunas ciudades alemanas, en Brasil, Perú y Sudáfrica se registraban disturbios y protestas contra el aumento de extranjeros. Y los gobiernos de Italia, Australia y Bangladés tomaban medidas «ejemplarizantes» contra el incremento de solicitantes de asilo en sus territorios al mismo tiempo que exigían ayudas a la comunidad internacional o a sus respectivos países aliados para frenar los crecientes aludes migratorios. 

170 años después de que Marx plantara la semilla de la Primera Internacional, la globalización coexiste con el levantamiento de muros en fronteras físicas y mentales. La revolución de las telecomunicaciones permite conocer a quienes viven en el tercer mundo los falsos paraísos del primero.

La revolución de los transportes facilitan migraciones masivas inéditas hasta ahora en el planeta. Y las fuerzas políticas que explotan el atávico miedo al otro y el rechazo a las costumbres foráneas están ocasionando que otro fantasma recorra todos los rincones del mundo: el fantasma de la xenofobia.

Costa Rica no desea más nicaragüenses
La habitualmente tranquila sociedad costarricense protagonizó a finales de agosto la mayor manifestación xenófoba en la capital, San José, en protesta por el aumento espectacular de llegadas de nicaragüenses que huyen de la represión desatada por el régimen tambaleante de Daniel Ortega.

Como en situaciones similares en otros países, atizó el odio al inmigrante una batería de bulos malintencionados sobre supuestos tratos de favor de las autoridades costarricenses a los nicas en detrimento de los ticos autóctonos que necesitan ayudas sociales.

Desde el estallido de las revueltas en Managua, se han recibido más de 23.000 peticiones de asilo en Costa Rica, aunque muchas corresponden a nicaragüenses llegados antes de la crisis, cuando la colonia nica representaba el 9% de la población de Costa Rica, de 4,8 millones de habitantes.

El éxodo venezolano altera toda la región 
Cientos de miles de venezolanos han cruzado las fronteras terrestres hacia Colombia, Brasil, Ecuador, Perú e incluso Argentina y Chile. Donde se han creado más tensiones ha sido en la ciudad brasileña de Pacaraima, en el depauperado estado de Roraima.

El asalto con violencia a un comerciante local por cuatro venezolanos, según la versión policial, degeneraron en graves disturbios que obligaron al presidente interino de Brasil, Michel Temer, a enviar a más de un millar de soldados para impermeabilizar la frontera y calmar los ánimos. La presión de la opinión pública ha obligado a Perú y Ecuador a endurecer los requisitos burocráticos para pasar las fronteras.

Disturbios mortales en los suburbios sudafricanos
Cuatro personas murieron y 27 fueron detenidas la semana pasada durante la última ola de violencia desatada entre sudafricanos e inmigrantes en los arrabales de Soweto (Johannesburgo). Las muertes se produjeron cuando comerciantes extranjeros intentaban evitar a tiros que sus tiendas fueran saqueadas por sudafricanos airados por el asesinato de un hombre supuestamente a manos de un extranjero.

La emergente Sudáfrica acoge a millones de expatriados de Zimbabue, Malaui, Mozambique y otros países africanos y asiáticos. De forma periódica se registran estallidos de violencia en los suburbios más depauperados de Sudáfrica bajo los manidos argumentos de que los inmigrantes quitan puestos de trabajo a los autóctonos y abonan la criminalidad. En los disturbios xenófobos del 2008, los más sangrientos, hubo 62 muertos.

Bangladés abandona a los rohinyás
La mayoría del millón de rohinyás que huyeron de la campaña de limpieza étnica birmana –calificada de genocidio por la ONU— se mudaron el año pasado a asentamientos de refugiados en Cox’s Bazar, una ciudad costera cuyas playas solían ser el principal destino turístico de Bangladés.

Renuentes a este abrupto seísmo demográfico en uno de los países más pobres de Asia, las autoridades bangladesís quieren evitar que los rohinyás se asimilen a la población local y en los campamentos se educa en inglés y birmano, pero no en bengalí y a los refugiados se les prohíbe la ciudadanía bangladesí por nacimiento o matrimonio. Los fugitivos no solo corren el riesgo de padecer enfermedades contagiosas y malnutrición sino también de ser víctimas de las mafias locales que se dedican al tráfico de mujeres y niños y de drogas.

Australia separa a padres de sus hijos
La decisión de Donald Trump de separar a los padres de los hijos que pasaban irregularmente de México a Estados Unidos indignó a la opinión pública mundial. Aunque es menos sabido, el Gobierno de Australia actúa igual y desde hace más tiempo que el presidente norteamericano si bien el drama apenas se conoce en sus antípodas. Hay al menos 35 inmigrantes cuyas familias están repartidas entre las islas Nauru, Manus y la propia Australia, según el Consejo de Refugiados australiano.

«Hay padres que nunca han tenido en brazos a sus bebés», señala un informe, que denuncia la situación de 900 extranjeros –entre ellos 109 menores-- retenidos en un campo de Nauru, una nación del Pacífico de 21 kilómetros cuadrados, adonde el Gobierno australiano envía a solicitantes de asilo de Afganistán, Darfur, Pakistán, Somalia y Siria. Las condiciones del encierro son tan desesperantes que algunos niños han intentado suicidarse en varias ocasiones. Amnistía Internacional y 80 oenegés han exigido el cierre inmediato de las instalaciones, conocidas como el Guantánamo australiano. 

Salvini acaudilla la Europa antiinmigrante
Matteo Salvini, vicepresidente del Gobierno italiano, ministro del Interior y 'duce' de la Liga ha aumentado este verano su popularidad en las encuestas de su país merced a sus cada vez más agresivas políticas contra la inmigración. En el frente interior, ha ordenado que se deje de auxiliar a los náufragos y ha dificultado que los desplazados salvados en el Mediterráneo por las oenegés y los guardacostas desembarcasen en puertos italianos.

En el frente exterior, se ha abrazado a Víktor Orbán, primer ministro de Hungría y cabeza visible del sector más xenófobos de los estados centroeuropeos de la UE. Salvini y Orbán intentan recabar apoyos en otros países donde los inmigrantes se han convertido en los chivos expiatorios para las clases medias empobrecidas y precarizadas y, al mismo tiempo, el combustible imprescindible para el auge de las opciones ultraderechistas. Han señalado al presidente francés, Emmanuel Macron, como el líder del «bando contrario» que habrá que batir en las elecciones europeas del próximo año, una prueba de fuego para el futuro de la Unión.

Como advirtió el ministro de Exteriores español, Josep Borrell, la inmigración es un «poderoso disolvente» que está en vías de convertirse en un problema mucho mayor que la crisis del euro. Austria, que preside este semestre la UE, ha propuesto que los ejércitos de los Veintiocho participen en la vigilancia de las fronteras terrestres más frecuentadas por los migrantes. El plan será discutido en el Consejo Europeo del próximo día 20 en Salzburgo.

Los ultras empujan a Merkel a la derecha
El asesinato de un alemán de origen cubano en la ciudad sajona Chemnitz (bautizada como Karl-Marx-Stadt en tiempos de la República Democrática Alemana) fue el detonante de la última explosión de ira de la extrema derecha a finales del mes pasado y principios de este. Un refugiado sirio y otro iraquí fueron acusados del crimen por la policía local, bastantes de cuyos miembros son afines a los ultraderechistas. Y Angela Merkel, empujada constantemente hacia la derecha por Alternativa por Alemania (AfD), los islamófobos de Pegida e incluso por su socio de la CSU bávara, tuvo que salir a la palestra para llamar a sus conciudadanos a enfrentarse al odio racial, después de que las diferentes organizaciones xenófobas protagonizasen varias jornadas de protestas en Chemnitz, una ciudad de la antigua Alemania oriental, cuyos habitantes aún sufren y se quejan de la amplia brecha que aún existe entre ellos, los 'ossis', y los 'wesis' del oeste. Mientras, AfD va ascendiendo en los sondeos al tiempo que baja la empatía hacia los extranjeros que huyen de la miseria y las guerras.     

Por algo será que la lista de libros más vendidos en Alemania por Amazon está encabezada estos días por la obra de no ficción 'Toma de poder hostil: cómo el islam obstruye el progreso y amenaza la sociedad'. Su autor, Thilo Sarrazin, es adorado por la AfD y repudiado en las filas de su partido, el socialdemócrata SPD.