El Correo de Burgos | Viernes, 21 de septiembre de 2018

NADA ES CASUALIDAD

Vuelta al… cole

09/09/2018

EMPEZAMOS el curso escolar y estamos todos muy alborotados, forrando libros (carísimos, por cierto), ajustando bajos a los nuevos o ya ultrajados uniformes... Compramos zapatos, estuches; comprobamos que no falte un color, un sacapuntas, un plastidecor. Tenemos todo listo pero hay algo que no se puede comprar y que no debe faltar en ninguna mochila este año: el respeto. En una sociedad cada vez más plural pero también cada vez más individualizada en la que los videojuegos se imponen al diálogo, y las redes sociales se convierten en el peor aliado de las víctimas, la pesadilla vuelve a muchos hogares.

Solo un dato, uno de cada tres niños sufre acoso escolar cada año. Y no, me niego. No me digan que es cosa de niños como le dijeron a una menor de Aranda de Duero, que se tuvo que cambiar de colegio en busca de una nueva vida. Los padres no pueden escudarse ante un problema real que debería hacernos sentir vergüenza.

Tenemos que transmitir a nuestros hijos la importancia de defender al débil y de plantar cara a los abusones. Para ello, es fundamental que les devolvamos a los profesores la autoridad arrebatada recordando que la educación parte desde casa y se complementa en la escuela.

Solo así evitaremos casos como el de Lucía, una niña murciana de 13 años que se quitó la vida en la habitación de su casa porque no aguantaba la presión a la que la sometían a diario varios excompañeros de su anterior instituto. O el de Jamel Myles, un niño de 9 años de la ciudad de Denver (Estados Unidos) que se suicidó por no soportar el acoso escolar al que se vio sometido tras anunciar que era homosexual. O el de Diego, un niño de 11 años que antes de tirarse por la ventana de su casa de Madrid dejó un mensaje demoledor: “Papá y mamá… espero que algún día podáis odiarme un poquito menos. Yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir”.

Somos buenos por naturaleza. Sigámoslo siendo. Porque hoy son Diego, Jamel y Lucía pero el día de mañana puede ser cualquiera de nuestros hijos.