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PERSONAJES ÚNICOS / LUIS MIGUEL SANZ

El guarda del hidrógeno

Es burgalés y desde su ciudad de acogida, Valladolid, propone el uso de sistemas de almacenamiento de este elemento químico desarrollados en aplicaciones móviles / Trabaja en la creación de una empresa de base tecnológica para hacer sus ideas realidad

E. L.
17/01/2017

 

El campo de batalla de la investigación en España queda hoy difuminado por una neblina global. En la sociedad actual donde la crisis económica ha hecho de las suyas, asoma por el horizonte el empuje de jóvenes con talento que buscan cambiar el mundo con el enganche de las nuevas tecnologías y la destreza tanto en las teclas como en la pipeta. Uno de los miembros de este batallón es Luis Miguel Sanz. Un burgalés que nunca se conforma con nada. Siempre quiere ir más allá, ya que detrás de cada recodo puede encontrar una nueva pista para su proyecto.

De Aranda de Duero, su ciudad natal, se trasladó a Valladolid para estudiar Ingeniería Química, una licenciatura que, según apunta, es «la solución» a los desafíos de la humanidad, pero también «la causante» de algunas catástrofes. Durante el último año de carrera tuvo la oportunidad de disfrutar de una beca Erasmus en la Universidad de Birmingham del Reino Unido. En su opinión, una experiencia «muy enriquecedora» que abre la mentalidad de las personas, «haciéndolas más tolerantes».

Con el título en mano decidió lanzarse al mercado laboral. Sabía que era una tarea complicada. De hecho, cuenta que muchos de sus compañeros apostaron por quedarse en el extranjero donde aún residen. Sanz decidió volver y encontró su primer trabajo en el Colegio San Gabriel en Aranda de Duero. «Trabajamos muy duro en la preparación de formación demandada por las empresas del entorno». En paralelo, su curiosidad por las energías renovables y el impacto medioambiental le llevaron a estudiar el titulo propio de Especialista en Energías Renovables de la Universidad de Valladolid (UVA).

Tras unos meses surgió la oportunidad de cursar el doctorado en el grupo de Procesos a Alta Presión dirigido por la catedrática María José Cocero. «Mi deseo de trabajar en el desarrollo científico me animó a dejar el colegio y participar en el programa», sostiene el burgalés, quien de la mano de Ángel Martín, su tutor, aprendió que los valores que siempre deben acompañar a un buen investigador son «la humildad y la constancia». Durante este tiempo realizó estancias internacionales en Maribor (Eslovenia) y Delft (Países Bajos).

El tema central de su tesis fue el desarrollo de materiales sólidos que permiten el almacenamiento de hidrógeno. Además, pudo trabajar en la catálisis e identificación de procesos «gracias a la ayuda e ideas de compañeros y técnicos», apostilla. El programa Prometeo organizado por la Fundación General de la Universidad de Valladolid también dio sus frutos. La patente obtenida propone el uso de los sistemas de almacenamiento de hidrógeno desarrollados en aplicaciones móviles.

El último proyecto en el que se ha enmarcado consiste en el desarrollo de un material que permita «de manera cíclica y eficiente» absorber dióxido de carbono. «El control de las emisiones de CO2 es fundamental para frenar el cambio climático, cuyos efectos destructivos son ya hoy incalculables», opina. «Con este sistema –continúa– las emisiones de CO2 localizadas (hornos de térmicas, cementeras...) podrían fácilmente ser controladas. Este CO2 posteriormente puede ser almacenado, pero también puede utilizarse como materia prima para la producción de químicos, como disolvente verde o en la industria alimentaria», explica Luis Miguel Sanz. Pero su trayectoria no se queda ahí. En la actualidad se encuentra tramitando la creación de una empresa de base tecnológica para poder hacer sus ideas realidad.

Su rutina es diferente a la de un trabajador al uso. Cada día se enfrenta a nuevos desafíos, colaboraciones y ponencias. Sin embargo, lamenta que la investigación sea tan complicada debido a las «escasas» ayudas que las diferentes instituciones ofertan. «El buen trabajo no garantiza las oportunidades. Esto incluso puede convertirse en una trampa, ya que el sistema no es capaz de absorber a todos los profesionales que forma y la salida a la empresa puede complicarse cuantos más años pasan dentro de la academia», manifiesta, al tiempo que añade que la mayor parte de las horas del día las dedica a redactar proyectos y buscar concursos y oportunidades.

Por otra parte, asegura que las administraciones sí que cuentan con programas para «empujar» los resultados fruto de la investigación. «Prometeo y Vivero son dos iniciativas públicas que me ayudaron a dar el pistoletazo de salida para después poder participar en otras como, por ejemplo, la iniciativa del Banco Santander», relata Luis Miguel Sanz.

Para este investigador burgalés, la investigación es «una oportunidad» para participar en el progreso. «Es una profesión que permite desarrollar capacidades y crecer a nivel personal», resume. Además, expone que es «fundamental» la labor que hacen las instituciones y universidades para divulgar la tarea que realizan. A su juicio, los investigadores deben dedicar una parte del tiempo a acercar sus trabajos a la sociedad.

A pesar de su juventud, Sanz tiene mucho recorrido y premios en su particular vitrina de galardones. «Los reconocimientos nos dan confianza, repercusión mediática y gracias a la financiación de algunos de ellos podemos seguir nuestro camino», sentencia.

 

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