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Ladrillos hechos con residuos

Cartif lidera un proyecto para mejorar la gestión de la corriente líquida que se genera en los vertederos

E. L.
07/12/2016

 

Huele a podrido. Hay latas, botellas de plástico, cáscaras de fruta, envases, restos de comida..., es decir, basura. Toneladas de residuos que decenas de camiones recogen por la noche y llevan hasta la planta para su posterior tratamiento. Dónde meter la basura que genera la sociedad es uno de los problemas que trae de cabeza a ayuntamientos y gobiernos. Lo mismo pasa con el agua. Es un bien cada vez más escaso y llegará un momento en el que habrá que buscarla hasta debajo de las piedras, o de la basura.

Ante este panorama, el centro vallisoletano Cartif, situado en el Parque Tecnológico de Boecillo, lidera un proyecto europeo que se basa en mejorar la gestión de la corriente líquida que se genera en vertederos y centros de tratamiento de residuos. Los lixiviados son líquidos que se forman como resultado de pasar a través de un sólido y generalmente arrastran gran cantidad de compuestos presentes en el sólido que atraviesan. Estos restos suelen ser inertes, es decir, no son solubles ni biodegradables. «Se genera una corriente con una contaminación muy elevada, y nuestra solución responde a qué hacer con ese agua y cómo tratarla para rebajar los costes», señala la investigadora Dolores Hidalgo, quien confía, además, en obtener productos interesantes para usos cerámicos y una corriente de agua limpia.

Durante su desarrollo van a probar una serie de tecnologías y se va a construir una planta piloto que va a estar operando desde el Centro de Tratamiento de Residuos de Botarell, en Tarragona. Más tarde, si todo funciona, se replicará la tecnología en un vertedero de Atenas. «Se va a probar que lo que nosotros vamos a implantar funciona y que, además, es capaz de limpiar estas corrientes contaminantes in situ a un coste mucho más bajo que los tratamientos convencionales», expone.

Las tecnologías combinarán evaporación y condensación solar más ósmosis directa. El prototipo estará impulsado por energías renovables (solar, biomasa y calor residual), que reducirán al mínimo la huella de carbono del proceso. A través de placas fotovoltaicas se obtendrá energía y gracias a un aporte energético se evaporará la parte líquida que tiene la corriente procedente de los vertederos y se intentará separar el líquido del sólido. Una vez evaporado, el siguiente paso será volver a condensar ese vapor de agua mediante un aporte de frío. «A la salida de la operación tendríamos que tener una corriente líquida y otra sólida», destaca el investigador Francisco Coronas.

El proceso continuará con las dos corrientes por separado. El líquido habrá que volverlo a colar para eliminar los posibles contaminantes que hayan quedado de la evaporación. Para ello, tal y como explica, se utilizará la ósmosis directa, una tecnología de membranas semipermeables que permite el paso del líquido, pero retiene las sustancias que dañan el medioambiente. Al final, tiene que quedar una corriente de agua limpia que se podrá utilizar para limpieza, jardinería o cualquier otro uso, ya que cumplirá con la legislación sobre aguas de la Unión Europea y la reglamentación del país donde se lleve a cabo. Por otra parte, el sólido obtenido, según cuenta, tendrá una serie de constituyentes y compuestos que son «muy favorables» para poderlos utilizar en productos cerámicos. Eso sí, antes van a comprobar qué tipo de propiedades aportan al producto final.

En este sentido, asegura que la intención es aprovechar un subproducto que se genera durante el proceso para darle un valor añadido y obtener una formulación de un artículo con propiedades mejoradas con respecto al inicial. Entonces, si todo va como lo esperado, no se sorprenda si en unos años ve una casa construida con baldosas y ladrillos con agua y restos procedentes de vertederos.

Este equipo decidió apostar por la tecnología solar al hilo de que los países europeos con mayor generación de lixiviados suelen ser los mediterráneos porque la legislación que tienen los vertederos no es tan «estricta» que la de los países de Europa central o nórdicos, afirma Coronas. A su vez, dice que toda la parte del Mediterráneo es donde mayor incidencia solar hay. Aparte de esto, van a apoyar la parte energética con una caldera de biomasa para que en caso de que se quiera replicar en países como Francia o Alemania en los que las horas de sol no son tantas, pues se pueda seguir realizando con energías renovables y mantener una baja huella de carbono.

El proyecto arrancó en el mes de octubre y está liderado por el centro vallisoletano, pero también participan las empresas españolas Value Enginering y Triton Water Technologies, y la Universidad Técnica Nacional de Atenas. El objetivo, según sostiene Dolores Hidalgo, es que la iniciativa pueda solucionar un amplio espectro de contaminantes. «La tecnología la vamos a probar tanto con los lixiviados procedentes de las plantas de tratamiento como de los vertederos, ya que dependiendo de donde vengan pueden tener propiedades distintas y componentes diferentes», añade Francisco Coronas.

Para los investigadores vallisoletanos, esta iniciativa europea tiene un enfoque novedoso porque no sólo se basan en tecnología, sino que el consumo de energías fósiles es cero y esto hace que el tratamiento tenga unos costes inferiores a los habituales. En este punto, comentan que el coste de tratamiento de un metro cúbico de lixiviado está entre los siete y los 80 euros, mientras que con sus estimaciones el precio será de cinco.

Respecto a las ventajas, Hidalgo indica que la principal es que tratan una corriente muy contaminante en el mismo lugar en el que se genera. En la actualidad, detalla la investigadora, estas corrientes se utilizan para regar la propia pila de residuos y con el tiempo se van evaporando. No obstante, subraya que esta técnica tiene problemas porque puede haber escapes al suelo, al aire o a las zonas cercanas y puede dar problemas de contaminación.

Otra fortaleza es que se aprovecha el cien por cien de la corriente. Una parte se convierte en agua limpia que va a tener la calidad suficiente para ser utilizada, y la otra, un residuo que se aprovechará para la industria cerámica. «Estos restos tienen una alta composición en metales y las pruebas que se han hecho de forma previa han determinado que introducir ciertos metales en cerámica hace que los materiales tengan unas propiedades estructurales muy buenas», apostilla.

Tampoco hay que olvidar, recuerda el investigador, que, a su vez, expone que todos los equipos que se van a utilizar van a estar colocados en contenedores de tal manera que se va a simplificar el transporte. «Esto permite que se pueda llevar a todos los centros que pudiesen solicitarlos de forma sencilla», apunta.

 

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