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VALLADOLID

Pulmón externo para reducir tiempo en la UCI

Investigadores vallisoletanos crean un sistema electrónico capaz de mejorar la recuperación de personas recién trasplantadas.

E. L.
21/02/2017

 

Inhalar y exhalar es una operación automática que mantiene con vida a las personas. Basta con poner una mano en la pecho para comprobarlo. Mediante el movimiento de fuelle del tórax, los pulmones, los órganos más grandes del organismo, aspiran el aire de la atmósfera y expulsan el aire del interior para eliminar el dióxido de carbono. Son los responsables del intercambio de gases. Toman oxígeno y lo introducen en el torrente sanguíneo, que lo transporta a todas las partes del cuerpo.

Por este motivo, es una máquina que hay que tener engrasada. Sin embargo, existen muchos agentes externos que emiten ataques agudos y también graves hasta el punto de acabar en un taller –quirófano– para encontrar unos repuestos nuevos que permitan seguir viviendo. El problema es que esos recambios son escasos y hay que cumplir una serie de requisitos para poder implantarlos. Además, aunque se supere esa fase y se consigan los repuestos, aún queda un largo y costoso proceso de recuperación para que el cuerpo se adapte a sus nuevos inquilinos.

En todo camino es interesante contar con bastones en los que apoyarse y, precisamente, con esa premisa nació el Sistema Nervioso Auxiliar, un dispositivo electrónico que permite estimular los músculos de forma controlada y sin necesidad de operación. «Está enfocado a contraer el diafragma y asistir en la respiración a pacientes que no se valen por sí mismos o están recuperándose de una operación», explica Beatriz Ramis, CEO del proyecto.

Las técnicas tradicionales están enfocadas en la fisioterapia y la recuperación del cuerpo, con sus limitaciones. Por el contrario, esta herramienta permite una convalecencia «más rápida, eficaz y monitorizada». Además, asegura que en la aplicación más directa que le han dado no tiene competidores, puesto que no hay sistemas desarrollados capaces de hacer lo que realiza su prototipo.

Una de sus propiedades es que no hace falta operar para poder usarlo. «Se centra en el paciente y busca su máximo bienestar, dándole independencia», manifiesta, antes de añadir que supondrá «un gran ahorro» para los hospitales ya que, según indica, «se reducirá considerablemente» la estancia en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de los enfermos recién trasplantados. «Se estima que podría llegarse a reducir el tiempo de un mes a una semana aproximadamente», expone Ramis.

La tecnología, explica, se basa en provocar «contracciones controladas» que reeducarán al músculo para que vuelva a funcionar de forma normal «en poco tiempo» y sin necesidad de tratamientos posteriores. «No es un procedimiento invasivo, por lo que no se agrava la situación del paciente con ningún tipo de cirugía que, además, dispararía el coste».

Para Beatriz Ramis, la novedad reside en el método de aplicación: el paciente no tiene que pasar por el quirófano y, por ende, reduce el número de profesionales de la salud que tendría que estar pendiente de la rehabilitación. «Es una técnica muy sencilla que no causa molestias, barata y con mucho potencial para aplicaciones futuras», reconoce la CEO del proyecto.

Son los únicos que cuentan con un dispositivo de estas características, puesto que, según comenta, los pulmones de hierro o ventiladores de presión negativa –máquinas de gran tamaño que permiten a una persona respirar cuando ésta pierde el control de sus músculos– son mucho «más costosos y aparatosos» y no permiten la misma movilidad. «El proceso es más complejo y por tanto su campo de aplicación se hace diferente al nuestro». «El Sistema Nervioso Auxiliar –prosigue– es portátil y no genera tanto coste en materias primas. Esperamos ser capaces en el futuro de poder desarrollar una versión wearable para pacientes con enfermedades neurodegenerativas que necesiten asistencia de forma continuada», sentencia Ramis.

Respecto a las ventajas, señala que las principales son que acelera el tiempo de recuperación del postoperatorio, reduce la dependencia del enfermo y el personal necesario para la rehabilitación. También, tal y como reconoce, genera menos consumo de materias primas que un pulmón de acero, por ejemplo, disminuyendo la contaminación y los residuos asociados al proceso de producción que ello supone. En este punto, considera que hay dos tipos de ahorro: el económico y el nivel de tiempo de espera, ya que, en palabras de Ramis, el Sistema Nervioso Auxiliar agilizaría el acceso a una habitación de hospital.

El proyecto comenzó hace un años gracias a la ayuda de Telefónica y la Universidad de Valladolid (UVA). Estas dos instituciones colocaron a la iniciativa vallisoletana en la línea de salida junto a otros siete proyectos de innovación social gracias a Think Big. También han participado en otros programas como Yuzz o Spin up para seguir dando forma a su sueño.

A corto plazo, este equipo –formado por Beatriz Ramis, Laura Merino y Eduardo García– quiere desarrollar y optimizar el proceso, porque por pequeña que sea la mejoría para el paciente, para ellos será un triunfo enorme. A largo plazo, las posibilidades, dice, son «tantas como la imaginación abarca». Quieren desarrollar la versión wereable, mejorar la calidad de datos del paciente haciéndolo más personalizado y aplicarlo a otras patologías y necesidades. De momento, los investigadores están haciendo estudios en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

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