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PERSONAJES ÚNICOS / MIGUEL MARCOS

El revisor del hígado enfermo

Este médico salmantino estudia la genética del alcoholismo y las complicaciones orgánicas asociadas a su consumo en el sistema inmune / Se encuentra entre los 10 doctores que Sanidad ha liberado para que puedan intensificar su actividad investigadora

E. L.
14/02/2017

 

Es un médico con sosiego, y con una sensatez que sorprendía incluso en sus años de agitada juventud. La vida de Miguel Marcos no puede entenderse sin los libros, que siempre fueron –y son– su fuente de sabiduría para entender la complejidad del cuerpo humano. Decidió estudiar Medicina por «su carácter de servicio y de atención a los demás». Reconoce que con los años es cuando comenzó a amarla y a disfrutarla. «Es una profesión de enorme riqueza y complejidad, con múltiples facetas». De esta forma, sostiene que no sólo ha tenido el privilegio y la responsabilidad de tratar con los pacientes sino que, además, ha podido desarrollar la vertiente docente e investigadora.

Tras licenciarse en su Salamanca natal, ingresó en el servicio de Medicina Interna dirigido por el profesor Javier Laso en el Hospital Universitario de la ciudad del Tormes. En este periodo realizó una estancia de seis meses en el Hospital Clinic de Barcelona. Su siguiente paso con la tesis bajo el brazo fue cruzar el charco. En Estados Unidos, con Gyongy Szabo, comenzó a estudiar las consecuencias del alcohol sobre el sistema inmune. En todo este tiempo, Marcos ha intentado desarrollar no sólo la vertiente asistencial de la Medicina, sino también la docente e investigadora. A día de hoy, es profesor titular del Departamento de Medicina de la Universidad de Salamanca, con plaza vinculada de especialista en Medicina Interna en el Hospital Universitario de dicha ciudad.

Desde la realización de su tesis doctoral sobre la susceptibilidad genética al desarrollo de la hepatopatía alcohólica –producida por el consumo excesivo de alcohol–, este salmantino se ha centrado en la investigación del alcoholismo y las complicaciones orgánicas asociadas a su consumo. En la actualidad, está dentro del grupo Alcohol y Sistema Inmune del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal), dirigido por Javier Laso. En concreto, apunta que estudia la genética del alcoholismo y las complicaciones orgánicas asociadas, el efecto del alcohol sobre el sistema inmune, los factores implicados en el desarrollo de la hepatopatía alcohólica y el estudio de otros trastornos relacionados con el alcohol como la encefalopatía de Wernicke –una enfermedad neurológica producida por el déficit de la vitamina B1 y que se suele diagnosticar por la descoordinación al caminar, la confusión y las anomalías en la movilidad ocular–.

Además, este doctor colabora con Guadalupe Sabio del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en su línea de investigación centrada en la obesidad y la esteatosis hepática, también conocida como hígado graso. Su ganas de saber más no se quedan ahí. Intercambia conocimientos sobre enfermedades infecciosas con los médicos Josep Mensa y Álex Soriano del Hospital Clinic de Barcelona.

Su rutina diaria combina las clases teóricas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca (Usal) con la asistencia clínica a los pacientes atendidos en la consulta del servicio de Medicina Interna del Hospital Universidad de Salamanca. La actividad investigadora, tal y como comenta, resulta «particularmente difícil» de encajar durante la jornada matutina, por lo que suele extender las horas de trabajo para mantener una línea de investigación competitiva, apunta. No obstante, esta situación cambiará a lo largo de este año porque se encuentra entre los 10 profesionales que la Consejería de Sanidad ha liberado para que puedan intensificar su actividad investigadora.

Miguel Marcos considera que la crisis y la restricción presupuestaria que sufre la sanidad desde hace varios años «ha limitado» el desarrollo de la investigación y la innovación en Castilla y León. En su opinión, hay que hacer «una apuesta más decidida» por la I+D+i como «motor de crecimiento» y del desarrollo de la economía del conocimiento, asumiendo que se trata de una inversión a medio-largo plazo que permitirá obtener retornos de calidad en forma de empleo estable, generación de riqueza y, lo más importante, de una mejora de la salud y del bienestar de la población, destaca el médico salmantino.

«Es necesario poder contratar y estabilizar a más jóvenes investigadores que puedan liderar grupos de investigación emergentes para poder potenciar y renovar los equipos actuales», subraya.
Para Marcos, los jóvenes han sido uno de los colectivos más perjudicados por la recesión y se enfrentan actualmente a «grandes dificultades» no sólo para obtener su primer empleo, sino para mantener y desarrollar un trabajo de calidad. En el ambiente de la investigación, manifiesta que se «ha dificultado» el establecimiento de grupos estables pilotados por científicos emergentes. «La ‘fuga de cerebros’ es, lamentablemente, una realidad en la investigación».

Aunque el Gobierno autonómico lucha por mantener una asistencia sanitaria «de alto nivel» con un modelo público de prestación, Marcos indica que es «necesario» premiar y reconocer «de forma específica» las actividades de innovación e investigación dentro del sistema de salud. A su juicio, es relevante considerar la investigación en la dotación de plazas asistenciales, «incrementando el peso de los méritos de investigación en el baremo de acceso a las plazas estatuarias o para el concurso de traslados», destaca. También sostiene que sería interesante favorecer la realización de tesis doctorales en el sistema nacional de salud, y las estancias en centros de alto nivel que permitan incorporar nuevas técnicas.

El doctor lamenta que España solo ocupa los primeros puestos de clasificaciones de fútbol, ya que «ninguna universidad española» se coloca entre las 150 mejores del mundo y se encuentra en el furgón de cola de Europa en patentes. Por este motivo, reclama «medidas estructurales» que faciliten el aumento de la masa crítica investigadora y de transferencia de conocimiento para poder desarrollar «un nuevo modelo productivo» basado en el conocimiento.

 

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