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EXPANSIÓN

A la conquista de otras viñas

Las bodegas de Castilla y León borran fronteras y enraízan fuera de la Comunidad. Unas buscan el potencial de sus uvas y terruños; otras, la diversidad que esas zonas aportan a su gama de vinos. Hungría, La Rioja, Priotat, La Mancha y Valdeorras, objeto de deseo

MAR TORRES
13/01/2017

 

El Priotat catalán, La Rioja, la región de húngara de Tokaj, Valdeorras y La Mancha tienen en común el ser comarcas vitivinícolas conocidas por el público y con prestigio entre la crítica especializada. Motivos por los cuales bodegas de Castilla yLeón no han dudado en invertir en ellas para aprovecharse, en el buen sentido de la expresión, de sus variedades de uva, sus suelos, sus climas y, por qué no, su prestigio para diversificar su oferta comercial con los vinos elaborados allí. Tempos Vega Sicilia, Alejandro Fernández Tinto Pesquera, Grupo Matarromera, Pago de los Capellanes y Belondrade, rompen fronteras.

Barranco de Santa Candia. Barranco de Santa Candia, la patrona de Falset (Tarragona), sede del consejo de la DOQ Priorat, es el nombre del pago en el que Belondrade (DORueda) ha iniciado su expansión fuera del territorio castellano y leonés.

«El proyecto es relativamente nuevo, la primera visita fue en noviembre de 2015 y las primeras vinificaciones se han realizado tras la vendimia de septiembre [de 2016]», indica Jean Belondrade Lurton, director de exportación y responsable de la nueva aventura.

La iniciativa de añadir a sus etiquetas (Belondrade y Lurton, Quinta Apolonia y Quinta Clarisa) una con la tirilla de la reconocida denominación catalana, no fue, sin embargo, premeditada. Fue un amigo de Didier Belondrade quien les propuso «hacer algo» con ellos. «No era cuestión de negocios o de dinero, sino de pasión por el vino», señala Jean que, no obstante, reconoce que «lucro tiene que haber porque el proyecto tiene que ser viable económicamente con el tiempo».

La viña, de una edad media de 40 años, se encuentra en el término de El Molar, al sur de la comarca vitivinícola. La finca tiene una superficie de 4 hectáreas de las que 1,8 es viña hincada en una ladera con pendiente pronunciada y 150 metros de desnivel (se trabaja en bancales), con suelos de pizarra en la zona más alta y más arcillosos en la inferior. Aunque está plantada con diferentes variedades, las mayoritarias son garnacha y cariñena, además de cabernet y syrah «de cuando arrancó el Priorat moderno», indica.

La vendimia empezó en agosto y terminó con la cariñena a finales de septiembre. Como no podía ser de otra forma, se recogió a mano y en cajas de 12 kilos. Que se transportaron en camiones refrigerados hasta una bodega de Esparraguera, cerca de Martorell. «Se han sacado 6.000 kilos». Una parte se vendió y con lo más interesante efectuaron micro vinificaciones en depósitos de 500 litros. Las pruebas se han traído a las instalaciones de La Seca para facilitar su seguimiento y evolución.

«¡No veré el vino que queremos hacer de esa finca!», comenta Didier Belondrade con el humor que le caracteriza. «Tras cuatro, cinco años de abandono de la viña ha habido que desbrozar y ponerla en marcha, quiero injertar y cambiar cosas...». «El vino de la primera vendimia no se comercializará. Hay una barrica de cada cepage para ver qué puede dar porque es difícil para una empresa como la nuestra arriesgar la imagen con otro vino que no responda a las expectativas. No lo hacemos por ganar dinero. La filosofía es vivir bien, no hacerse rico, pero se arriesga la reputación de Belondrade», mantiene el bodeguero.

Hasta ahora, son su hijo Jean y el enólogo Joshua Kniesel quienes efectúan el seguimiento más profundo del proyecto bajo la dirección de Didier y Marta Vaquerizo en el área técnica.
Reacio de desvelar el coste de la operación, Belondrade solo asegura que «ha sido barato porque fue una oportunidad, no se ha pagado al precio de la hectárea de Priorat». El gasto de trabajo de viña, elaboración, desplazamientos... asciende a unos 150.000 euros.

Belondrade presentó en 1994 el blanco Belondrade y Lurton, un monovarietal de verdejo fermentado y criado en roble con sus lías. Inauguró la bodega de La Seca el año 2000.

O Luar Do Sil. Godello y Valdeorras. Esa es la puesta de Pago de los Capellanes (DOPRibera del Duero) para elaborar un blanco. Una idea que empezó a pergeñarse hace diez años y se convirtió en realidad en 2015 con la compra de 12 hectáreas de viña y el inicio de las obras de construcción de la bodega. ¿Por qué la DOP Valdeorras? Por la variedad y su comportamiento en esta comarca gallega. «Por los matices, su delicadeza y su potencial de guarda», afirma Estefanía Rodero, responsable de comunicación de la elaboradora burgalesa.

El lugar elegido fue Seadur, población del ayuntamiento de Larouco (Orense). «Son 12 hectáreas repartidas en 125 parcelas en cuatro o cinco zonas, con viñas de tres, cinco hectáreas....», indica.
Son suelos pizarrosos y graníticos y la edad media del viñedo es «de unos 20 años y su producción 7.000 kilos por hectárea».

Antes de formalizar escrituras, elaboraron con uva comprada en 2014. Fue la primera cosecha del godello O Luar do Sil. «8.000 botellas de prueba, 4.000 del godello fermentado en barrica y otras tantas del vino criado sobre sus lías durante tres meses». La siguiente añada, la de 2015, también elaboraron uva comprada a viticultores de la zona. 55.50 botellas salieron. «La de 2016 es la primera cosecha de uva propia y en instalaciones propias», señala Estefanía.

La compra del viñedo se hizo efectiva en noviembre de 2015. En el mismo año también empezaron las obras de construcción de la bodega en una parcela de 8.000 metros cuadrados. La nave tiene una superficie de 400 metros y dispone de una playa de trabajo de 300. Tiene capacidad para elaborar 100.000 botellas. Posee depósitos de acero inoxidable de 15.000 litros y 12 barricas de roble francés y acacia, según indica.

En opinión de Estefanía, «la acacia le va muy bien al godello por las notas de flor blanca que aporta al vino».

De la última vendimia, la de 2016, se obtendrán 87.000 botellas y se comercializará un tercer tipo de vino, también de godello, pero sin criar sobre lías ni fermentar en madera. La producción se distribuirá en 50.000 botellas de este último vino que se pondrá en el mercado a finales de marzo (PVP en torno a los 9 euros), 20.000 del crianza sobre lías durante tres meses (18 euros) y 4.000 del fermentado en barrica (28 euros).

Además, el equipo técnico dirigido por Paco Casas está realizando pruebas del comportamiento de la godello en fudre de roble y tinajas de hormigón.

El vínculo. Así se llamaba la bodega que el padre de Alejandro Fernández tenía en Pesquera de Duero. Por eso, cuando el bodeguero que ha llevado el apelativo de su pueblo y el de Ribera del Duero por todo el mundo bautizó su bodega de La Mancha quiso rendir homenaje al padre con ese mismo nombre: Alejandro Fernández Tinto Pesquera El Vínculo.

La expansión del grupo vitivinícola (dos bodegas en la DOPRibera del Duero y una en Zamora cuyo vino lleva la contra de VT Castilla yLeón) en La Mancha se efectuó en 1998 con la compra de unas instalaciones en Campo de Criptana. El bodeguero había viajado mucho por tierras andaluzas y manchegas durante los años en los que construyó y vendió maquinaria agrícola y «siempre le llamó la atención la extensión de viñedo que se cultivaba allí», recuerda su hija María Cruz Fernández. «El siempre pensó que se podían hacer buenos vinos en La Mancha por su clima y su suelo», añade.

Un año más tarde, en 1999, ya elaboró la primera cosecha de El Vínculo en esas instalaciones, un monovarietal de tempranillo con dos años de envejecimiento en roble francés y tres años de crianza en botella. La producción media es de unas 300.000 botellas al año. Desde el principio compran la uva a varios viticultores y controlan todo el cultivo de las viñas.

En 2002 llegó otro vino, Paraje La Golosa, elaborado con las uvas de tempranillo recogidas en el paraje del que tomó nombre. Está envejecido en roble francés durante dos años y pasa otros tres en botella antes de salir al mercado. En la actualidad se comercializa la cosecha de 2004 a un precio de venta al público de 25 euros.

Además, de El Vínculo crianza, reserva y el Paraje LaGolosa, Eva Fernández, directora técnica del Grupo Pesquera, también elabora allí un blanco monovarietal de airén con envejecimiento de dos años en barrica americana usada. Alejairén es la marca. «La uva proviene del pago de La Golosa y se comenzó a producir en 2007 por innovar», indica Mari Cruz. La producción media es de 10.000 botellas.

Carlos Moro. El Grupo Matarromera, con presencia en las denominaciones de Ribera del Duero, Cigales, Rueda y Toro, también extiende sus raíces fuera de la Comunidad. En este caso, en la DOC La Rioja.

La expansión riojana de Carlos Moro comenzó hace dos años con la compra de cuatro hectáreas de viñedo en el término de San Vicente de la Sonsierra (La Rioja). Estableció acuerdos con viticultores para controlar la producción de otras 20 hectáreas más distribuidas por San Vicente de la Sonsierra y Labastida (Álava). La incursión, además, se completó con la adquisición de una bodega con galerías subterráneas, con 1.200 metros cuadrados de superficie y capacidad para 2.000 barricas, cuyas instalaciones han tenido de reformar. Está ubicada en una ladera del municipio. La decisión, no obstante, no fue rápida ya que durante dos años estudiaron más de 30 bodegas, señalan.

Con las obras se dotó a la bodega, que se distribuye en varias alturas para trabajar con el vino por gravedad, con 25 depósitos de acero inoxidable, dos tinas de madera de 3.000 litros y cerca de 500 barricas de roble francés. Hasta el momento, el proyecto ha requerido una inversión de ocho millones de euros.

El objetivo de Carlos Moro con esta expansión es ampliar la oferta vinícola del Grupo Matarromera con un vino que esperan sea de «máxima calidad en el principal mercado de las denominaciones de origen de España».

Bodegas y Viñedos Carlos Moro recogió la primera cosecha riojana en octubre de 2015: 430.000 kilos de uva. La vendimia se realizó a mano, en cajas y se utilizaron los granos de los hombros de los racimos.

Según fuentes de la empresa, aunque las instalaciones tienen capacidad para elaborar medio millón de botellas, «las primeras producciones no superarán los 200.000 litros». Su primer vino, el de la cosecha de 2015, con doce meses en barrica, se comercializará la próxima primavera.

En la última vendimia, la de 2016, metió en depósitos 500.000 kilos recogidos en «20 hectáreas de viñedo propio repartidas en 23 parcelas y 75 controladas», en San Vicente, Labastida y Ábalos.
En la actualidad posee 29 depósitos, tres tinos de madera y 1.150 barricas de roble francés y americano al 50%.

Por otra parte, las instalaciones también se han abierto al turismo del vino. Según indican, durante la visita, que dura entre dos y tres horas, se recorre el viñedo, la bodega –han instalado un elevador panorámico para observar el proceso de elaboración–, las galerías subterráneas y se catan cinco vinos de cada una de las cinco bodegas donde está presente el grupo Matarromera.

Tokaj y La Rioja. Este año se cumplen 24 de la llegada de una bodega castellano y leonesa a Hungría y no para distribuir sus vinos en el país, sino para elaborar allí el que, según la documentación, era el «vino de reyes, rey de los vinos» para otro monarca, Luis XIV: el vino aszú. Un blanco dulce que se elabora a partir de uvas aszú pasificadas por la acción de la botrytis cinerea. En 1991 Vega Sicilia (actualmente presente en la DOPRibera del Duero, DOPToro y DOCLa Rioja) inició los primeros contactos con el Gobierno magiar para comunicar su intención de adquirir viñedo y bodega en la afamada región. La negociación fructificó y en 1993 se formó la empresa Oremus KFT con la participación de Vega Sicilia y la administración húngara (con un 30%).

Vega Sicilia compró 39 hectáreas de viñedo, la bodega Pogacsa, con galerías subterráneas a tres niveles situada en Tolcsva, al nordeste del país, y vino. Invirtió 600 millones de pesetas. Dos años después adquirió otro 29% de la sociedad.

En la actualidad, Tokaj Oremus Viñedos y Bodegas cultiva más de 100 hectáreas de viñedo, la mayor parte con las castas furmint y aszú, y elabora en modernas instalaciones.
Produce los vinos Oremus Vendimia Tardía, Oremus Mandolas, Oremus Aszú de 3, 5 y 6 puttonyos, y Oremus Eszencia.

Los puttoyos son recipientes que miden la cantidad de uvas pasificadas que se utilizan para elaborar el vino. Tienen 25 kilos de capacidad. La proporción que se utiliza es de un puttonyo por cada 136 litros de vino base. Por ejemplo, para elaborar Oremus 5 puttonyos se mezclan 125 kilos de uvas pasificadas por cada 136 litros.

Más recientemente, Vega Sicilia inició el camino inverso al que Eloy Lecanda, fundador de la bodega, recorrió en el siglo XIX y volvió la mirada a La Rioja, con la familia Rothschild como compañera de viaje.

El resultado es Bodegas Benjamin de Rothschild Vega Sicilia, un proyecto que obtuvo su primera cosecha en 2009: 90.000 botellas de tinto tempranillo que se vistieron con las etiquetas Macán y Macán Clásico y empezaron a comercializarse en 2013. Ambos tienen una parte del vino que ha realizado la fermentación maloláctica en barrica y los dos, también, tienen crianza durante 15 mese en roble francés.

Aquella no fue la primera cosecha. Las pruebas comenzaron con la vendimia de 2005, elaborade ‘de alquiler’, en Leza (Álava).

La de 2016, sin embargo, se ha realizado en instalaciones propias al finalizar la construcción de la bodega proyectada por Enrique Johansson, que ha supuesto una inversión de 22 millones de euros.

El viñedo de la sociedad, en torno a las 110 hectáreas de tempranillo, se distribuye en pequeñas parcelas de los términos de Laguardia, San Vicente de la Sonsierra, Labastida y Elvillar. Sitúan el techo de producción en las 350.000 botellas.

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