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PROMOCIÓN DE LA SIERRA ZAMORANA

La culebra da un paso al frente

res bodegas de las comarcas de Aliste y Tábara, en la sierra de La Culebra de Zamora, se unen para buscar una figura de calidad y atraer turistas a la zona tomando como base la producción de vinos

José Luis Cabrero
27/01/2017

 

Lo suyo es hacer vino. En algunos casos desde hace casi una década y en otros recién cumplido el año. Todos están enclavados en la falda de la sierra de la Culebra, en el oeste de la provincia de Zamora, en pleno territorio declarado por la Unesco Reserva de la Biosfera, donde el medio ambiente y la naturaleza dominan sobre cualquier otra consideración.

En ese paisaje, Antonio Ferrero, al frente de la bodega Ramayal, David Mendieta, que gestiona Castro Mendi, y Rubén Gago, promotor de Cepas de la Culebra, hacen vino.
Han pensado que esos vinos que elaboran desde la tradición, de uvas que proceden de pequeñas parcelas diseminadas por el monte y mimetizadas con el entorno, pueden ser el punto de partida para poner en marcha no sólo una figura de calidad sino también un movimiento dinamizador para la zona.

A través de Verkami están desarrollando una campaña de crowfunding para tener el sostenimiento inicial que facilite crear una asociación y «desarrollar acciones conjuntas que permitan dar a conocer los productos de la zona más fácilmente, compartir recursos y dinamizar el mundo del vino», explica Rubén Gago.
Apoyar este proyecto supone, según Antonio Ferrero, no sólo colaborar activamente en el desarrollo económico de la zona, sino también ayudar a generar riqueza, a mantener las viñas que plantaron sus antepasados y que siguen cultivando de forma artesanal, lo que supone «conservar un legado con el que se elaboran vinos únicos».

Las aportaciones que se realizan a esta campaña tienen recompensas en forma de vino y de experiencias turísticas. Bodegas Ramayal ha aportado Soto del Torreón, un crianza del año 2012, del que sólo se hicieron 2.000 botellas. Esa añada, explica Antonio, fue muy buena en la zona, con granos especialmente grandes y menor cantidad de racimos que otros años.

Para elaborarlo, añade, se escogió el vino yema de los mejores racimos seleccionados. Tiene una larga crianza en barrica nueva y usada de roble americano y lleva afinándose en las botellas varios meses.
Castro Mendi facilita para este crowfunding un roble de 2015, una añada extremadamente seca y con un verano muy caluroso. «El vino», explica David Mendieta, «es un tempranillo joven, con una crianza de seis meses en barricas de roble americano y francés y, cuando se entregue, habrá tenido un tiempo de afinamiento en botella de diez meses».

La elaboración fue esmerada: con un estrujado leve de la uva y una maceración prefermentativa de tres días antes de dar paso a la fermentación alcohólica en depósito de hormigón. Tras su terminación, el vino yema se decantó durante un mes y se pasó a barricas.
Finalente, Cepas de la Culebra ofrece un vino joven de la añada 2016, «probablemente la mejor de lo que llevamos de siglo», apunta Gago, «porque las condiciones climatológicas fueron extremas y produjeron unas bayas más pequeñas de lo habitual, en las que hay una mayor concentración de polifenoles y un adecuado nivel de acidez y de azúcares». El vino responde a la receta tradicional, 90% mencía, 5% tempranillo y 5% palomino.

Todas las botellas incluyen una etiqueta especialmente diseñada para la campaña por la artista Larisa Hancu y el nombre del destinatario en ella.
Las experiencias que se proponen son diversas. Las bodegas de los promotores están abiertas para realizar visitas durante diferentes fines de semana a lo largo del año. Además, se ha programado una jornada de puertas abiertas para el día 30 de abril, con cata incluida y regalo de vino.

Se proponen también recompensas en forma de viajes guiados para conocer a fondo la zona con alojamiento en establecimientos de turismo rural, la posibilidad de disfrutar de la gastronomía de la sierra y de recorrerla a través de diferentes rutas. La sierra de la Culebra tiene su mayor atractivo en el medio natural, de manera que las rutas de senderismo con muy numerosas y permiten observar ciervos y corzos de la reserva regional de caza y, con mucha suerte, lobos en libertad, no en vano la sierra tiene la mayor población de lobos de España.

La riqueza micológica es también destacable y en la zona empieza a desarrollarse el turismo asociado a la recogida de setas.
Las aportaciones que se hagan en la campaña de crowfunding abierta, añade Rubén, se emplearán en la finalización de la producción, empaquetado y entrega de los vinos y en cubrir los gastos de las experiencias turísticas. Además, está también planificado que parte de lo que faciliten quienes se adhieran a ella se pueda emplear en acciones encaminadas a dar a conocer los vinos.

Esta campaña, puesta en marcha a través de la red, no es sino la materialización de la unión de tres de las bodegas que existen en el entorno de la Sierra de la Culebra, una asociación a la que podrían unirse otros negocios de vino que hay en el entorno y alguno más que está creándose en pueblos cercanos.

«La tradición del cultivo de la viña está muy arraigado en esta zona, siempre se hizo vino para consumo doméstico, pero todavía son pocas las iniciativas que hay para aprovechar todo el potencial que tienen las uvas», apunta Antonio, el bodeguero más antiguo de la zona.
Los tres promotores iniciales tienen mucho en común: «la filosofía de producir vinos de calidad aprovechando las características particulares que le da a la uva el espacio en el que se cultivan», dice David, pero también el respeto por el medio ambiente «que el hombre lleva siglos modelando sin romper el equilibrio con la naturaleza». Todos ellos disponen de viñedos pequeños y muy antiguos ubicados en la falda de la sierra de la Culebra, entre 750 y 950 metros de altitud.

Pero también tienen ante sí la posibilidad de mostrar su propia manera de trabajar.
Bodegas Ramayal está ubicada en Ferreruela de Tábara, término municipal en el que también se asientan sus viñedos. Se fundó en el año 2008 como el proyecto de tres amigos interesados en recuperar y aprovechar la variedad autóctona de la zona, la mencía. Construyeron una bodega y recuperaron cinco hectáreas de viñedo con edades comprendidas entre los 45 y los 120 años, todos ellos situados por encima de los 800 metros, en suelos pobres y poco profundos, compuestos de arena y pizarra, generalmente en pendiente.

Tiene capacidad para transformar más de 20.000 kilos de uva. La sala de crianza, con barricas de roble americano, se sitúa bajo tierra para mantener el vino sin oscilaciones de temperatura. El manejo de los vinos se realiza con una vinificación y crianza naturales, mínimamente intervencionista.

Es la misma filosofía que David aplica en Castro Mendi, una bodega que se encuentra situada en San Blas de Aliste, muy cerca de la frontera con Portugal.
Cuatro amigos se embarcaron en 2012 en el proyecto de crear vinos de autor de manera artesanal. Desde el principio su idea fue limitar la producción de vinos, en torno a las 10.000 ó 12.000 botellas para poder dedicarle una atención continuada.

Castro Mendi elabora en Aliste los vinos procedentes de cepas de tempranillo cultivadas en la comarca de Toro. Con edades comprendidas entre los 30 y los 50 años, mantienen una producción limitada a los dos kilos por cepa, de la misma manera que lo hacían sus antepasados.
La bodega fue construida en una antigua vivienda tradicional de la zona, una casa centenaria que conserva la distribución original con paredes de piedra. El respeto a la historia se aprecia, sobre todo en la zona de cocina, donde se ubica la sala de barricas, y en la que se conservan no sólo las paredes de piedra, sino también los suelos de losas de pizarra, un antiguo portón de madera y el horno de leña. Una parte de esa sala es subterránea y está excavada en la roca.

Cepas de la Culebra se encuentra en Riofrío de Aliste, donde trabaja el viñedo que sus antepasados plantaron a mediados del siglo pasado, en el paraje la Brea. El proyecto cuenta también con más de 200 plantas, cuyos registros datan de 1925, que están recuperando para hacer «un vino aún más especial», dice Rubén.

Las plantaciones, antiguas y en vaso, obligan a desarrollar una agricultura manual, un proceso tradicional que se sigue también a la hora de la vendimia y la elaboración, con una fermentación natural en pequeños depósitos, sin levaduras añadidas ni control de temperatura.
Los tres bodegueros se han puesto ya en contacto con otras comarcas de Castilla y León, como la sierra de Francia y Cebreros, donde pequeños productores han seguido un camino similar al que ellos emprenden ahora.

«Creemos que la unión puede ser fundamental para salir adelante», señala David, no sólo porque se aprovecharán recursos a la hora de mostrar sus vinos, sino también porque juntos pueden ofrecer una mayor diversidad a la hora de comercializarlos. Ramayal mantiene en el mercado cuatro vinos diferentes, a los que se unen los tres producidos por Castro Mendi y el creado por Cepas de la Culebra. «Tener esa variedad es un punto a nuestro favor a la hora de plantearnos una salida a los mercados exteriores».

Además, añade, el hecho de que los viñedos estén distribuidos en parcelas pequeñas y muy diseminadas abre también la puerta a poder hacer vinos muy exclusivos.
Los vinos que se producen en la falda de la sierra de la Culebra están dispuestos a mostrar al mundo su mejor cara.

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