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RUTA DE CLAUDIO RODRÍGUEZ (ZAMORA)

Rincones en la vida de un poeta

La trayectoria vital y la obra del escritor inspiran un recorrido por diez lugares de interés de la capital zamorana que fueron fundamentales para el autor de la Generación del 50. La visita se acompaña de una explicación y unos versos de su obra

JOSÉ LUIS CABRERO
20/01/2017

 

Para los amantes de la poesía no harían faltan más explicaciones que estos títulos: Don de la ebriedad, Conjuros o Alianza y condena, para situar la ruta urbana que se desarrolla por la capital zamorana y que recorre algunos de los lugares más significativos en la vida, y también en la obra, del poeta Claudio Rodríguez (Zamora, 1934–Madrid 1999).

La ruta ha sido ideada por el Seminario Permanente de Claudio Rodríguez y señalizada por el Ayuntamiento de Zamora a través de unas placas en las que se recoge tanto la explicación del lugar que fue importante para Claudio Rodríguez como unos versos de su obra.

La ruta se inicia en el lugar en el que se crió Claudio Rodríguez, ya que su casa natal se encontraba en un edificio ya desparecido. El primer hito del recorrido se sitúa en la Casa Peña, un edificio construido en 1931 en el que el poeta vivió hasta los 17 años, cuando se fue a Madrid para ingresar en la universidad. Son unos versos de El vuelo de la celebración los que invitan a alzar la vista para conocer un edificio en el que el poeta pasó su adolescencia.

La segunda parada se encuentra en el instituto donde estudió, el Claudio Rodríguez, que todavía tiene esa misma función en la ciudad. Fue ahí donde el escritor empezó a escribir su primer libro, Don de la ebriedad, con el que ganó el premio Adonais de Poesía cuando apenas tenía 19 años.

«¿Qué hacéis por esta calle, aquí, en la calle de mis correrías?». Estos son unos versos de Conjuros con los que la ruta introduce al paseante en la calle que lleva el nombre del poeta desde 1994. Es un lugar ubicado entre la plaza de Castilla y León y la calle Pelayo, un lugar habitual de juegos para el escritor con sus amigos durante su infancia y que hoy, curiosamente, sigue teniendo también esa misma función para muchos niños de la ciudad.

De forma sorprendente, la ruta de Claudio Rodríguez lleva hasta una sucursal bancaria. En la oficina que una entidad de ahorros (Caja España Duero tiene en la calle San Torcuato se encuentra un cuadro pintado por Antonio Pedrero en el que el artista refleja los personajes que acudían con asiduidad al bar de sus padres a finales de los años 50, entre ellos el propio poeta. La obra fue comprada por la entidad años después.

Según explican los creadores de la ruta, Claudio Rodríguez «fue un fino observador de la realidad y lo hacía deambulando, paseando». Era «un poeta andariego que buscaba la soledad compartida desde una extraña sensibilidad, la del solitario que contempla su ciudad como una manera de encontrar la paz, el sosiego que a veces la vida le negaba». Por eso la parada que la ruta propone en la plaza Mayor de la ciudad es ineludible como lugar de encuentro y como la forma de entender la crítica social que hay en parte de su obra.

La biblioteca pública del Estado, donde se encuentra la sede del Seminario Permanente de Claudio Rodríguez es otra de las propuestas, como lo son también las murallas de Zamora que el poeta versó en Alianza y Condena: «Heme tus murallas, fronteriza ciudad a la que siempre el cielo sin cesar desasosiega».

Los tres últimos espacios que recorre la ruta inspirada por la vida y la obra del poeta se ubican en torno al río Duero, un lugar que Claudio Rodríguez visitaba con frecuencia y que aparece en muchas ocasiones en sus poemas. El Puente de Piedra, que le permitía salir al campo como una forma de desahogo, las aceñas de Olivares, uno de sus lugares preferidos para escuchar el rumor del río, y el paraje de Los Pelambres, en la orilla izquierda del río, desde donde contemplaba la estampa más típica de la ciudad cierran la ruta. Todos ellos son ilustrados con versos de Conjuros, entre ellos, probablemente el más conocido de todos: «Tú, río de mi tierra,tú, río Duradero.

 

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