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PERFIL

El soldado que pasó del cuartel al campo

Gonzalo Hernando es agricultor y gestiona una explotación agrícola en Campaspero / Dejó la carrera militar y siguió la tradición familiar

M. CALLEJA
09/01/2017

 

La historia personal de Gonzalo Hernando es cuando menos «curiosa». Hijo y sobrino de agricultor, este vallisoletano de 29 años y natural de Campaspero, terminó los estudios de la ESO en Cuéllar (Segovia) y se hizo militar profesional. Una etapa de la que se siente orgulloso y que, asegura, le ha aportado «muchos valores».

Gonzalo recuerda como acabó el instituto y, entonces, decidió apostar por las Fuerzas Armadas. «Siempre me ha llamado la atención», explica, y, además, en el campo no se podía quedar ya que la explotación agrícola que gestionaban su padre y su tío «no daba para tres personas». Esta es también una de las razones por las que no se planteó quedarse en ese momento en su pueblo, aunque el campo siempre le ha gustado, así como vivir en el medio rural.

La profesión de militar le gustaba, aunque no llegó a despertar en Gonzalo el interés necesario para que optara finalmente por la carrera profesional, y por seguir promocionando. Las circunstancias de la vida hicieron el resto. Primero se jubilo su tío, y después fue su padre quién le puso las cosas más fáciles para continuar la tradición familiar.

Aún así, este profesional en todo lo que hace, asegura que quiso cumplir el contrato que tenía con las Fuerzas Armadas y «salir formalmente» antes de hacerse cargo de la explotación con la que cuenta actualmente en Campaspero y Olombrada, en las provincias de Valladolid y Segovia. Ochenta hectáreas de secano y regadío que le permiten «vivir bien», a pesar de las dificultades.

Gonzalo volvió a su pueblo y eligió el campo como su forma de vida. Una decisión que, subraya, «no fue caprichosa». Muy al contrario, este joven agricultor meditó convenientemente esta opción que «siempre había tenido en mente». Y es que desde pequeño ha ayudado en las labores agrícolas. Conoce bien, por tanto, los sinsabores de un sector acostumbrado a la volatilidad del mercado y que exige, en estos momentos, mucha burocracia. Se suele decir, afirma, que «ganas más un día de papeleo que un día en el campo». Algo que corrobora gracias a su experiencia.

Este ex-militar se declara entusiasmado con el campo y con la agricultura. «Me aporta mucha satisfacción personal». En este sentido destaca que «todo lo que haces depende de tí, de tu esfuerzo y sacrificio». Gestionar las labores agrícolas supone «responsabilidad» y una toma de decisiones diaria, algo que no hacía anteriormente y que ahora valora especialmente.

Por otra parte, vivir en el pueblo es una opción personal. Incluso como militar, cuando no tenía guardia el fin de semana, Gonzalo siempre volvía a Campaspero, el lugar donde se plantea su futuro. Incorporado al sector hace casi dos años, en febrero de 2015, reconoce que ha tenido suerte con las campañas en términos de producción, no de precios. Eso sí, a diferencia de sus antepasados que vivían con muchas menos hectáreas, se plantea ampliar la explotación. Algo que no será sencillo y que quiere hacer «sin obsesionarse».

Y es que asegura que «hay mucha competencia por conseguir tierras» en el medio rural, coyuntura que está provocando una subida de precios y que sea cada vez más «complicado» encontrar fincas nuevas. «Las que hay son muy caras debido a esa competencia». El otro gran problema del sector es para este joven agricultor el retraso en las ayudas para los profesionales. Y es que afirma que «pasa mucho tiempo desde que la solicitas hasta que llega a tu cuenta».

De esta forma, se siente un privilegiado ya que, al jubilarse su padre, no ha tenido que empezar de cero. La realidad, dice, es que hace falta invertir mucho dinero para ir cubriendo gastos, y puede haber gente que lo pase mal. El relevo de esta forma «no es fácil». Gonzalo asegura que en los últimos diez años se pueden haber incorporado en Campaspero más de cinco jóvenes, entre ellos, varios de sus amigos. Un plus, ya que así encuentra asesoramiento fácilmente.

Un ayuda que recibe también en la UCCL, organización agraria a la que está afiliado, al igual que su padre. Gonzalo cree en este sentido que es bueno apoyarse en el sindicato para informarse y recibir «oportunos» consejos. Algo que su familia ha hecho en todo este tiempo.

Gonzalo es un joven agricultor que apuesta también por las nuevas tecnologías. Y lo hace «poco a poco», como con el riego a goteo en la remolacha. Cree que la profesión de agricultor está cada vez «más valorada». Algo que atribuye a una mayor información, también a través de las redes sociales, algo muy habitual para las incorporaciones de esta nueva generación. Este profesional del sector, como otros compañeros, forma parte de foros en Internet donde la gente del campo comparte sus experiencias e intenta solucionar los problemas del día a día. Una nueva forma de comunicación que les permite conocer los detalles de los últimos avances e innovaciones en la agricultura, de una forma directa, cómoda y sencilla.

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