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la crónica

Casado y Rivera buscan cercar juntos a Sánchez

Los líderes del PP y Cs atacan mano a mano a Sánchez por Cataluña y subrayan que no son 'adversarios'. El presidente se presenta como dique ante Vox e Iglesias se aferra a la Constitución 'social'

GEMMA ROBLES / JUAN RUIZ SIERRA
23/04/2019

 

En la primera parte de un debate a dos vueltas con tan solo 24 horas de diferencia, algo por completo inédito, Pablo Casado y Albert Rivera buscaron el enfrentamiento directo, férreo y casi sincronizado cuando de Cataluña se debatía con el presidente del Gobierno y favorito en las encuestas, Pedro Sánchez. Sumaron argumentos, reproches y calificativos para tratar de erosionar al jefe de los socialistas y hablaron con más o menos claridad el líder de los naranjas dejó las medias tintas para otro día- de una futura coalición entre ambos. Si les dan los números el 28-A, claro. En lo que también coincidieron ambos es en tratar de obviar al convidado de piedra en este primer debate, Vox, el partido de extrema derecha, al que necesitarían en el mejor de los escenarios para alcanzar la Moncloa, según apunta la demoscopia.

Fue Sánchez, forzado a combatir continuamente "las mentiras" que le achacaban sin darle apenas respiro, quien recordó que Santiago Abascal y los suyos son una realidad, y que si hubiera un exceso de confianza en el electorado socialista, como ocurrió en Andalucía, los ultras podrían tocar poder. "Yo tampoco creía que iba a ganar Donald Trump, y ganó", avisó el secretario general del PSOE.

Ya en los dos primeros bloques, dedicados a economía y política social, los roles de los cuatro candidatos quedaron patentes. Sánchez reivindicó la obra de su equipo en estos últimos 10 meses ("con solo 84 diputados", insistió) y buscó a ratos la confrontación dialéctica con Casado. Subrayó como guía de su gobierno la "justicia social", la "limpieza" y la "convivencia entre españoles". El líder del PP optó por un perfil moderado, institucional, distinto al que luce en campaña. En lugar de priorizar el discurso ideológico, se centró en la herencia de José María Aznar y Mariano Rajoy, intentando trasladar una imagen de buena gestión económica y de solución a una crisis que, a su juicio, llegará sí o sí en caso de que el PSOE siga a los mandos.

El más agresivo, con mucho, fue Rivera. El aspirante de Cs atacó a Sánchez por el apoyo de los independentistas a la moción de censura y su "humillante" cita con Quim Torra en Pedralbes. Hasta colocó una foto de la reunión en su atril, con marco incluido. A Casado le golpeó por haber votado a favor de la subida de impuestos siendo diputado y por la corrupción en sus filas. A Pablo Iglesias, por el chalet de Galapagar. Una de sus palabras más repetidas fue "revolución". La del líder de Podemos, en cambio, fue "Constitución". Llevó consigo un ejemplar de la Carta Magna, el que ha repartido Unidas Podemos como programa electoral, y lo leyó en varias ocasiones para mostrar que esta, en el fondo, no se estaba cumpliendo en sus capítulos sociales.

Independencia y salario mínimo

En economía, Casado y Rivera mostraron también sintonía en la bajada fiscal. Sánchez se centró en medidas como la ampliación del subsidio de desempleo para mayores de 52 años y el aumento del salario mínimo a 900 euros. Aquí entró Iglesias."Nos costó Dios y ayuda sacárselo a ustedes. Si no es por Podemos, no lo sube", le dijo al presidente del Gobierno el líder morado. El socialista no quiso darle cancha al otro aspirante de izquierdas, pero sí le agradeció su colaboración parlamentaria. No fue más allá. Mientras Iglesias le pedía garantías de que pactará con él y no con Cs, para formar un Ejecutivo de coalición, Sánchez señaló que aspira a un Gobierno monocolor, con independientes.

El debate se hizo especialmente áspero cuando llegó lo territorial. El "golpe de Estado" del que continuamente hablaban Casado y Rivera y su machacón intento de que Sánchez confesase si piensa aprobar indultos, ocupó buena parte de los minutos. El líder socialista se negó a entrar en el juego de los "indultos preventivos".

Aferrándose a esa hipotética empatía del PSOE con los independentistas a pesar de que Sánchez enarboló su 'no es no' al referéndum-, Rivera proclamó que de ninguna forma gobernará con los socialistas. Lo puso en duda varias veces Iglesias, mientras el jefe del Ejecutivo le afeaba al naranja un cordón sanitario a él y no a la ultraderecha. Casado no entró al trapo que le lanzó Rivera de comprometerse a llegar de la mano al Gobierno. Solo le pidió que no le atacara. "No somos adversarios", dijo.

 

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