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Dos estereoscopias inéditas reflejan la realidad social de Belorado en 1917

El coleccionista Francisco Bacigalupe muestra el «encargo» de un vecino de la burguesía local que aparecen en ambas instantáneas / Se tomaron en el barrio de San Nicolás y en la Plaza Mayor

DIEGO SANTAMARÍA DIEGO SANTAMARÍA
15/07/2017

 

Belorado, 1917. Un grupo de niñas juega con total despreocupación a los bolos en la calle de Los Castrillos. Residen en el barrio de San Nicolás, situado, junto a otras zonas populares de la villa como El Corro, en la periferia de la villa. La pequeña que va a efectuar el lanzamiento mira de reojo y esboza una tímida sonrisa al ‘fotógrafo’ que pretende inmortalizar ese instante. Se trata en realidad de un estereoscopista que, por encargo, reflejará posteriormente las dos realidades sociales que convivían en el pueblo a principios del siglo XX. La de las clases humildes con escaso poder adquisitivo y la de los grandes y pudientes terratenientes locales cuyas viviendas se ubicaban en el entorno de la Plaza Mayor, donde «se encontraban todas las administraciones y servicios públicos del antiguo partido judicial beliforano», apunta el historiador Juan José Martín.

El rescate de la imagen que ilustra este reportaje y la de otra que se tomó en la Plaza Mayor con la iglesia de San Pedro al fondo ha sido posible gracias a Francisco Bacigalupe, el tenaz coleccionista de Pradoluengo que hace no mucho localizó dos fotografías inéditas de la Casa Consistorial de la villa textil que muestran las diferencias del inmueble antes y después de su rehabilitación en 1930. De nuevo, contactó con Martín para arrojar algo de luz sobre los orígenes de las dos instantáneas de Belorado y, como era de esperar, obtuvo respuestas muy interesantes.

El historiador pradoluenguino subraya en primer lugar que las estereoscopias se realizaron «por encargo», de tal manera que «su valor es mucho mayor que el de las tradicionales de tipo comercial, que estaban en boga en el siglo XX y que se solían centrar en aspectos arquitectónicos o artísticos de ciudades más o menos importantes». El comprador, en este caso, fue el «personaje central» de ambas piezas.

Queda claro en la de San Nicolás de quien se trata. Es el hombre de traje oscuro, con corbata y visera, que parece contemplar absorto la improvisada partida de bolos en la calle. Su indumentaria desentona con la del resto de vecinos, que lucen «las pobres vestimentas de la clase menos acomodada de la villa tironesa». A tenor de estos detalles, Martín se muestra convencido de que «seguramente» pertenecía «a la burguesía beliforana». Tampoco se le escapa el hecho de que el hombre «hace suyos» los «dos ambientes diferenciados» del Belorado de aquella época, «igualmente interesantes para moverse con soltura» con la intención de plasmar, en forma de estereoscopias, los contrastes arquitectónicos y estéticos de los polos sociales que dividían al pueblo y de la vestimenta de sus habitantes.

Es por ello que «se trata de una imagen de gran relevancia histórica de la situación socioeconómica intersecular en las zonas rurales burgalesas». En este sentido, el historiador pradoluenguino no solo aborda la indumentaria de los unos y del otro. También se centra en el análisis de otros aspectos«de la vida cotidiana» que a priori pueden pasar desapercibidos como los «bebés cuidados por las propias niñas de las familias, la imagen del típico hortelano local con faja y azadilla, cargado de años y sol, el empedrado secular de la calle y una enorme cantidad de matices como las alpargatas avejentadas, las batas de los niños, los perros, etcétera».

Al interés fotográfico de las estereoscopias, Martín añade además su «valor antropológico, tanto por las figuras que protagonizan las escenas como por la significación interna que su disposición representa frente al potencial espectador». Y en esa composición de lugar, cotidiana e improvisada para los presentes sobresale la «autenticidad de todos los personajes», empezando por la pequeña lanzadora de bolos que mira a cámara «aunque se nota que sí es una pose».

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