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VIÑEDOS CONGELADOS / PREOCUPACIÓN EN LA RIBERA DEL DUERO

Las heladas merman el 70% de los viñedos en Ribera del Duero

Los enólogos desconocen «cómo va a evolucionar la planta» / Las bodegas recurrieron a diferentes métodos para intentar paliar los daños

DIEGO SANTAMARÍA DIEGO SANTAMARÍA
05/05/2017

 

Los servicios meteorológicos ya lo advirtieron, pero nadie imaginó que el pasado 27 de abril las temperaturas bajarían hasta los cinco grados bajo cero y lo que es peor, durante horas. Ocurrió en la Ribera del Duero, una región vitivinícola que si bien está acostumbrada a los cambios de temperatura entre el día y la noche -parte de la calidad de sus vinos reside en esta variante-, afronta la campaña con preocupación ante una cosecha que podría verse mermada en un 70%. «Los daños son importantes», lamentaba el presidente del Consejo Regulador, Enrique Pascual, consciente de que aunque la mayoría de los viticultores tienen seguro, la situación es complicada.

Los termómetros se desplomaron entre las 2 y las 7 de la madrugada por acumulación de aire frío en las capas más bajas de la atmósfera y por irradiación. Y contra eso poco se puede hacer. «Ha sido una helada generalizada y nos ha tocado a todos», señaló María Pinacho, directora técnica de Grandes Bodegas, una empresa que cuenta con 150 hectáreas de viñedo en el término de La Horra. La enóloga hacía en cualquier caso un llamamiento a la calma porque «no sabemos cómo va a evolucionar la planta».

Hubo quien lo intentó todo. Es el caso la bodega ubicada en Sotillo de la Ribera que pertenece al grupo francés Chapoutier y que no dudó en contratar los servicios de un helicóptero para que sobrevolase su viñedo para calentar las capas más bajas. «Aquí parece algo extraño, pero en Francia es muy común», explicó su enólogo en la Ribera, Ernesto Peña. Aunque llevaba varios días mirando precios y buscando alternativas, encontrarlo no fue fácil. «Tuve que remover Roma con Santiago», recordó. Al final lo encontró cerca de Panticosa, en Lérida. «Llegaron el mismo jueves a las 8 de la tarde y a las 5 de la mañana empezamos con los vuelos», comentaba.

Los primeros intentos se centraron en mezclar las capas inferiores para evitar que se acumulase el aire frío alrededor de las hojas de las viñas, pero al final lo más práctico fue subir a las capas más calientes y bajar. «La empresa que gestionaba el helicóptero no había hecho nunca algo parecido en viñedos», aunque «sí había trabajado algo en naranjos», indicó relativamente satisfecho porque lograron salvar el 20% de las viñas. «En una helada normal, no tan severa, el resultado hubiese sido mucho más efectivo, pero creo que pese a todo mereció la pena», analizó.

Algunas bodegas como Páramo de Corcos, de Moradillo de Roa, recurrieron a otra estrategia: el poder del fuego. Pequeños grupos de sarmientos quemados que fueron situados de forma estratégica en función de los vientos dominantes y el desnivel de la tierra. «Nosotros recurrimos a esta técnica esperando que la helada no llegase a temperaturas tan bajas», afirmó su gerente, José María Camarero, a sabiendas de que con cinco grados bajo cero «no sirve de nada». «Al final no hizo falta y la helada en esta zona no fue tan seria. Creo que también nos ayudó el hecho de que amaneciese nublado y con aire».

De hecho, el páramo de Moradillo, que aglutina unas 400 hectáreas, ha sido una de las pocas zonas que se ha librado. «No podemos confiarnos porque hace dos años heló un 21 de mayo», insistía el viticultor Nacho Rincón.

Lo cierto es que con temperaturas tan bajas la lucha es inútil. «Con uno bajo cero o cero grados se pueden hacer cosas como pasar el rodillo para compactar la tierra y evitar que se vaya el calor o el riego por aspersión, una técnica un poco más compleja», detalló Rincón.

-Más información en la edición impresa-

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