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RIBERA

La inmigración salva a Aranda de Duero de la despoblación

Frente al retroceso de los españoles, la inmigración mantiene la tendencia alcista

LORETO VELÁZQUEZ / Aranda
14/03/2019

 

Mientras la población nacional envejece sin apenas relevo generacional, la inmigración salva las cifras en Aranda de Duero con una tendencia alcista que mantiene desde hace meses. Así se observa tanto en el número de españoles censados en el Ayuntamiento de Aranda de Duero, donde en el último semestre se ha experimentado un nuevo descenso (con 43 vecinos menos) como en el número de inmigrantes, que sube en 152 personas al pasar de 3.823, en octubre de 2018, a 3.975 ahora.

Por procedencias, pese a bajar mínimamente, con respecto al año anterior, la población rumana se mantiene en el primer puesto con 790 vecinos censados, 22 más que en 2017. Suben en cambio, los ciudadanos búlgaros (que crecen de 723, en octubre de 2018, a 744 en marzo de 2019) y los marroquíes (de 470 a 489).

También lo hacen los hondureños, de 483 a 532, y los colombianos, de 298 a 341, que siguen cogiendo peso como los colombianos, que pasan de 298 a 341 y los venezolanos, que crecen un 38%. «Están llegando sobre todo de Colombia, Venezuela, Honduras, El Savador y Nicaragua, por la situación sociopolítica que están pasando», analizaba la delegada diocesana de la Comisión arciprestal de Pastoral con inmigrantes, Hilda Vizarro.

El principal reclamo sigue siendo la posibilidad de trabajar en el campo ribereño. “La mayoría viene porque conoce a alguien y sabe que aquí puede encontrar trabajo”, explica mientras da un dato: casi todos los que llegan encuentran trabajo.

Visado

De hecho, en los países en los que no se exige visado, como Honduras o Venezuela, lo normal es que lleguen como turistas y pasado el plazo de 90 días estipulado, pasen a irregulares hasta que obtienen la autorización tras tres años de trabajo por arraigo laboral. «Algunos de El Salvador, Venezuela o Colombia han pedido el asilo pero no sabemos si se lo darán», apunta.

En cuanto al perfil, predomina la gente joven. «Gente mayor viene muy poca», asegura. Al ser además una población relativamente reciente en la capital ribereña y ser la mayoría de primera o segunda generación, por ahora estas personas no acuden a los programas de dependencia. Según explica Vizarro, culturalmente muchas de estas familias atienden a sus personas mayores dentro del ámbito doméstico y no suelen acudir a residencias «porque no es costumbre».

Cuando llegan a Aranda de Duero, casi todos tienen un primer sitio de acogida en casa de familiares o amigos. «Los que vienen solos, que son los menos, vienen a Cáritas», subraya a sabiendas de que al ser una ciudad pequeña, las distintas comunidades no se aferran a un barrio determinado.

El fenómeno de la inmigración que hoy salva los datos, comenzó en la capital ribereña hace diecinueve años. Desde entonces el crecimiento ha sido progresivo pasando de representar un 4,9% de la población arandina en el año 2004 al 12% actual.

Pero, ¿cómo está acogiendo la ciudad de Aranda de Duero a una inmigración que está sosteniendo a la ribera? «La acogida es buena y por ahora no ha habido ningún problema», celebra Hilda Vizarro, a sabiendas de que en Miranda hubo un problema puntual contra los musulmanes, que «se resolvió pronto».

Exposición

Convencidos de que en la sensibilización está parte de la clave de la convivencia, la delegación diocesana de pastoral de migraciones organizó durante los meses de enero y febrero un concurso de dibujo que en su décima edición se centró en uno de los problemas más graves: la trata de personas y la esclavitud a la que muchas veces son sometidas. Bajo el lema, ‘¡No a la esclavitud! ¡No a la trata!’, el concurso despertó el interés de 1.624 menores, de los cuales 94 fueron de la Ribera (concretamente de los colegios Dominicas de Aranda y San Miguel de Roa).

 

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