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LAS VOCACIONES SE DISPARAN EN EL MONASTERIO DE HERRERA

El monasterio de los camaldulenses tiene lista de espera

La congregación necesita 90.000 euros para construir otra celda y una sala para recibir visitas / La media de edad de los 13 monjes residentes en Herrera ronda los 40 años

DIEGO SANTAMARÍA DIEGO SANTAMARÍA
25/03/2017

 

El tiempo parece detenerse en el monasterio de Nuestra Señora de Herrera. La vida transcurre pausada, sin sobresaltos. Silencio y meditación forman un tándem inseparable que se disocia con cuentagotas en conversaciones aisladas, durante la oración comunitaria o con motivo de las visitas ocasionales que rompen la espiritual monotonía de los monjes camaldulenses de Monte Corona.

«Vivimos de la fe y de la providencia de Dios», subraya el padre Pablo, uno de los 13 integrantes de esta comunidad de «ermitaños» que desde al año 2010 ha experimentado un repunte de vocaciones para el que «no hay una explicación de marketing». Y no lo falta razón, pues a diferencia de otras congregaciones religiosas que sí se promocionan para expandir la fe y evitar su desaparición, «nosotros nunca hemos optado por ese camino».

Por el motivo que sea, lo cierto es que los camaldulenses tienen lista de espera. Obviamente, Pablo lo achaca a la voluntad de Dios y lo celebra. El problema es que «la estructura material (del monasterio) condiciona las posibilidades de admisión», hasta el punto de que uno de los monjes reside en una pequeña habitación de la hospedería. Sin embargo, los eremitas del Yermo de Herrera confían en que la situación de su hermano sea provisional. Y para ello lanzaron recientemente una llamada a la solidaridad con el fin de costear la construcción de una nueva celda -su nombre puede llevar a engaño, pues se trata de una pequeña vivienda con jardín o huerto propio-, de tal manera que todos cuenten con un espacio vital de idénticas características.

El proyecto también contempla la edificación de una dependencia adicional para recibir a las visitas y acoger a las madres o hermanas de los hermanos camaldulenses, ya que la congregación prohibe la entrada de mujeres a la zona de clausura del complejo monacal. Construir esta dotación no es un capricho, dado que el habitáculo de la entrada que cumple este cometido se encuentra «en muy mal estado».

La ampliación es tan necesaria como cara. Según los cálculos del arquitecto con el que han contactado, la obra rondaría los 90.000 euros. «Nos desborda esa cantidad», reconocía el prior del yermo, Roberto Marcotulli, a través de una carta en la que solicita ayuda a los fieles para acometer la intervención.

Lo corrobora el padre Pablo, convencido de que «Dios nos va a facilitar esta obra» gracias a las aportaciones económicas de quienes deseen colaborar con la causa. De su buena voluntad dependen. La comunidad como tal «no tiene fondos» y carece de «capacidad para generar ingresos en un plazo razonable». Su motor económico es la agricultura a pequeña escala desde sus huertos y las colmenas que garantizan una pequeña producción de miel. Este modelo de autogestión acorde a sus principios de austeridad les permite cubrir «gastos ordinarios» en «comida y poco más». Eso sí, no se olvida de las «ayudas del entorno» que siempre reciben de buen grado.

Mientras espera «la providencia de Dios en los acontecimientos», el padre Pablo señala que en ningún caso se contempla -al menos de momento- una actuación más ambiciosa para ampliar el recinto si se superarse con creces la cantidad necesaria para ejecutar las obras. «Una comunidad de más de 10 personas no es frecuente», de ahí que ante las nuevas vocaciones siempre cabe la posibilidad de cubrir vacantes en «otros países».

Hoy por hoy, los camaldulenses tienen varios aspirantes en proceso de selección. La hospedería es el mejor campo de pruebas para comprobar si están preparados para el recogimiento y la quietud mística del yermo. Algunos lo tienen claro y otros no tanto. El padre Pablo confiesa que «mucha gente le da vueltas durante años». Lo entiende perfectamente y por ello «se les ayuda con gusto a discernir su vocación».

-Más información en la edición impresa-

 

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